Franco, la historia frente a la memoria (III parte): La postguerra

1En el capítulo primero se discutió sobre la intención de políticos, tertulianos, pseudohistoriadores y periodistas  de construir un nuevo relato histórico basado en una “memoria” subjetiva, sectaria  y sin fundamento documental, pero sí en base a un irreconciliable rencor y deseos de revancha. Por ello, en lugar de pedir perdón por los desmanes realizados por sus antepasados, pretenden conseguir  una supuesta reconciliación y dignificación democrática desenterrando a Franco del Valle de los caídos y castigar con sanción económica o con cárcel a todo aquel que disienta de “su” verdad.

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En el segundo capítulo, demostramos que las víctimas republicanas no fueron igual, ni en cantidad, ni en culpabilidad, ni en crueldad a las que la propia república asesinó,  desmontando las pretensiones victimistas de esa desmemoria, que recuerda un genocidio Franquista donde hubo una persecución religiosa y  un genocidio comunista. Las cifras de víctimas solo son fiables si vienen avaladas por un trabajo de campo basado en un método y con una relación con nombres y apellidos que las certifiquen. Por ello, concluimos que a nivel nacional el trabajo más completo y fiable es el de Ramón Salas Larrazábal, que recorrió todos los registros civiles de España. Sus cifras, las comparo, con éxito, con otros trabajos parecidos de nivel regional y provincial que acompañan sus trabajos con relaciones nominales, demostrando, que muchos historiadores revisionistas de izquierda solo sirven a intereses ideológicos, sin sustentar sus cifras en base documental alguna.

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En este tercer capítulo, abordaremos la postguerra para desmontar el mito del genocidio Franquista, apoyándonos en datos históricos y legislación de la época. Y es que, cuando la política entra en la historia, es capaz de tergiversarla y modificarla a su antojo, haciendo que la población crea otra historia, “su cuento”,  mientras la verdadera historia duerme en los documentos que casi nadie desea consultar; pero mientras no los quemen, imitando el ejemplo Nazi, siguen ahí.

Para entender lo que ocurrió en nuestra Guerra Civil tenemos que sustraernos de la época actual y situarnos en la convulsa Europa de las revoluciones comunistas y los Nacionalismos imperialistas, todos ellos surgidos con el pretexto de resolver los dramas económicos de una Europa invertebrada (sin clases medias) y que lejos de resolverlos sembraron Europa de guerras, revoluciones, dictaduras y radicalismos. También hay que tener en cuenta que estamos hablando de una Guerra Civil, la peor de todas las guerras, donde nadie es ajeno al conflicto y en donde la violencia  no hace más que alimentar los deseos de eliminación física del contrario.

En General, al final de cualquier guerra, el vencedor impone su voluntad al vencido llegando incluso a la depuración completa del contrario, como en las revoluciones de Rusia, China o Camboya. Lo único positivo de una posguerra es que la guerra terminó, por lo demás la vida sigue siendo muy dura para todos y en especial para los vencidos: Pobreza, hambre, enfermedades, pillaje y crímenes debidos a la falta de control de las autoridades y a los odios y sed de venganza de parte de la población. Las autoridades, obviamente salidas de entre los vencedores, además de a este caos, tienen que hacer frente al desarme del ejército derrotado, a su internamiento en campos de concentración y al encarcelamiento y posterior juicio y represión de quienes corresponda. Aunque en la guerra siempre hay desmanes cometidos por personas pertenecientes a todos los bandos contendientes, el vencedor nunca juzga los delitos de los propios. Este perfil se da en mayor o menor medida en todas las posguerras. No hay posguerras modélicas, son todas caóticas, pero la mejor forma de saber si la nuestra fue especialmente cruel, como nos quieren hacer creer, es compararla con otras de la época, concretamente con las de la II Guerra Mundial.

REPRESIONES EN LA II GM VS REPRESIÓN FRANQUISTA

El pasado 16 de Agosto la indocumentada presentadora del programa de la 6ª “Al rojo vivo”, María Llapart, con el sectarismo propio de la ignorancia reprendió a Francisco Marhuenda por  relatar los crímenes del comunismo con la siguiente pregunta retórica: “¿estás comparando el comunismo con una dictadura (franquista)?. Efectivamente, no vamos a comparar al Franquismo con una ideología que en distintas revoluciones y depuraciones ha dejado más de 100 millones de muertes, lo vamos a comparar con las represiones de los aliados en la II GM.

Represión en Polonia

Tras la II GM los vencedores también realizaron sus sangrientas represiones, cabe destacar aquí el caso de Polonia, cuyos ciudadanos sufrieron el reparto del país entre Alemania y Rusia. En la parte Alemana se desarrolló la “Operación Tannenberg” por el que los alemanes asesinaron a más de 60.000 polacos y en la  parte dominada por la Rusia de Stalin la represión fue aún mayor, con 148.000 soldados polacos y 130.000 civiles fallecidos en los gulags, cárceles o campos de concentración rusos.  Además, en los bosques de Katyn depuraron, sin juicio alguno, de un tiro en la nuca a 25.700 oficiales, políticos e intelectuales polacos con el fin de privar a la nación polaca de una futura élite militar y cultural. 

Pero no terminó ahí el drama polaco. Al final de la IIGM los aliados celebraron “La Conferencia de Teherán” entre el Presidente Roosevelt de Estados Unidos, el Primer Ministro Winston Churchill de Gran Bretaña y el “Líder” Iósif Stalin de la Unión Soviética, acordaron que Polonia sería despedazada de sus territorios orientales de Lvov, Volhynia, Grodno y Podolia en favor de las Repúblicas Socialistas Soviéticas de Ucrania y Bielorrúsia, siendo sus fronteras compensadas con las provincias orientales de Alemania en Danzig, Posnania, Pomerania, Pomerelia, la Alta Silesia y Prusia Oriental, a cuya población se expulsaría de forma inhumana de sus hogares, en lo que podemos llamar “El éxodo ignorado o silenciado”.  Oficialmente, en el verano de 1945 cuatro millones de alemanes fueron expulsados por el ejército de Polonia, sin tiempo a recoger nada de sus hogares, bajo amenaza de asesinarlos. Alrededor de 170.000 personas de origen alemán fallecieron durante el éxodo, de hambre, sed o inanición, sin que ningún país aliado pidiera un poco de orden en ese genocidio.

Represión en Italia

Recién terminada la liberación de Italia y hasta 1947, los partisanos Italianos de ideología socialista y comunista, al más puro estilo marxista (ejecuciones sumarísimas con tortura previa), no solo asesinaban a  cuantos fascistas o nazis cayeran en su poder, sino también a sacerdotes, democristianos y en general a gentes no marxistas. Investigadores italianos han documentado 50.380 asesinatos, de los que quedan por recuperar cerca de 12.000 cuerpos que siguen perdidos en fosas no encontradas; entre esos crímenes se encuentra la salvaje ejecución, sin juicio previo, de Mussolini, su amante Clara Petacci y todo su sequito, con exhibición posterior de los cuerpos torturados colgados boca abajo. Este y muchos más crímenes fueron cometidos por la Brigada Garibaldi, cuyos comisarios políticos habían sido voluntarios en las Brigadas Internacionales españolas durante la nuestra Guerra Civil.

Represión en Francia

El mismo caos de Italia se repitió en Francia; De Gaulle no pudo o no quiso controlar a las milicias marxistas que se adueñaron del terror en lo que se denomina “La Depuración”. El historiador norteamericano residente en París Herbert Lottman cifra la depuración en 10.000 ejecuciones sumarísimas y 6.763 condenas a muerte. Otros autores elevan esta cifra hasta los 30.000 represaliados, difícil dar una cifra cuando se asesina sin control ni juicio tras una guerra. Otras 80.000 personas fueron condenadas a prisión por los Tribunales de Justicia, entre ellas muchas obligadas a la esclavitud y trabajos forzados, además de perder sus derechos civiles.

Se detenía y ejecutaba por haber formado parte de los sistemas de seguridad del Estado de Vichy, haber colaborado o tener amistad con miembros del Gobierno de Vichy, haber luchado contra la Unión Soviética en el Ejército Alemán, haber hecho propaganda del fascismo, no haber ayudado a miembros de la Resistencia Francesa, haber sido un intelectual comprometido con la solución de Vichy, pertenecer a ciertos partidos que colaboraron con los alemanes o simplemente ser familiar de todos ellos. Más de 1000 muchachas que se habían enamorado de un joven soldado alemán o habían tenido alguna relación con ellos fueron rapadas, desnudadas, humilladas en público arrastradas salvajemente por las calzadas y muchas de ellas ejecutadas después de este martirio. Chekas donde se torturaba, paseíllos, enterramientos en vivo, todo al más puro estilo de la represión republicana de la Guerra Civil Española. En el campo de Concentración de Estivaux, además de violar a las presas, en ocasiones, una diversión empleada para matar a las cautivas era hincharlas con aire comprimido hasta que estallasen sus intestinos.

Un caso paradigmático es el del mariscal Pétain; quien había sido el "héroe de Verdún" en la I GM y que salvó a Francia de la completa ocupación de los Nazis pactando con ellos y estableciendo el gobierno de Vichy como Jefe del Estado de la Francia libre, ahora era juzgado y condenado a muerte por De Gaulle, el libertador “heroico” que huyó a Inglaterra durante la ocupación alemana en lugar de combatirles. Conocedor del prestigio de Petain y a pesar de haber ejecutado al Jefe del Gobierno Pierre Laval y a varios ministros del gobierno de Vichy, no se atrevió a ejecutarlo, deportándolo a la isla de Yeu donde murió en 1953.

La depuración en Francia fue la típica crueldad carnicera que llega cuando la confusión y la falta de autoridad están presentes. Muchas vendettas personales, que acarrean la muerte de inocentes. Toda ejecución sin juicio previo es un crimen y mucho más en postguerra.

LA REPRESIÓN FRANQUISTA

Del mismo modo que se pretende silenciar los abusos de los aliados tras la IIGM, en el caso de la Represión Franquista, toda una legión de autores han escrito sobre la misma demonizandola: decenas e incluso centenas de miles de fusilamientos caprichosos, terribles torturas, esclavos, trabajos infrahumanos, sacas, cunetas; represión, en definitiva, de crueldad sólo comparable con el terror nazi, dirigida hacia gentes que defendieron la democracia frente al fascismo. Un gran Holocausto/Genocidio, que hace que contar la verdad se convierta en una criminal apología que debe ser sancionada con años de cárcel.

Pero la historia es falso que la escriban los vencedores, ni los vencidos y mucho menos los fabulistas creadores de leyendas negras, porque si bien es verdad que consiguen engañar a las masas, la historia sigue ahí, aletargada en los documentos, en las leyes, en las huellas de los hechos del pasado, que para nada confirman ese terrible holocausto, muy al contrario, muestran una represión que pretendió alcanzar a los criminales de guerra y otras responsabilidades relacionadas con dichos crímenes, a las que el Franquismo, en un estúpido error, denominó “Ley de Responsabilidades Políticas”, cuando en realidad era una ley para depurar las responsabilidades de los criminales de guerra.

  Durante la guerra ambos bandos practicaron las injustas ejecuciones sumarísimas. En el caso de los Nacionales, se realizaron principalmente en Andalucía y Extremadura, donde se respondía al horror de los crímenes rojos con ejecuciones rápidas de quienes consideraban responsables, sin juicio alguno. A pesar de que el control total en una guerra es imposible, estas ejecuciones sumarísimas fueron disminuyendo tras el nombramiento de Franco como Generalísimo y a medida que su gobierno iba legislando.

Centrándonos en la Postguerra tras el 1 de Abril de 1939, día de la victoria, los desmanes y abusos de milicias incontroladas asesinando sin juicio que hemos visto en el caso de Italia y Francia, no se produjeron en España. La voluntad de Franco era encarcelar a los sospechosos de delito y su juicio posterior, no solo para hacer justicia, sino también para que ésta alcanzara a la mayor cantidad de responsables de las muertes que el odio rojo había ido dejando por todo el país. En una entrevista concedida al periodista  Manuel Aznar en diciembre de 1938, cuando se vislumbraba la victoria de los sublevados, Franco declaró lo que pensaba hacer con los “rojos” tras la caída de la República. “Los dividiría en criminales empedernidos y gentes que habían sido engañadas por sus líderes. Los que no tuvieran las manos manchadas de sangre serían internados en cárceles y campos de trabajo, donde serían redimidos. Los demás irían a parar al paredón”.

Las Cortes aprobaron al respecto la “Ley de Responsabilidades Políticas”, nombre que, como hemos dicho, lleva a confusión, ya que lo que allí se depuraron no fueron delitos políticos aunque algunos sí fueran realizados por ellos. Se pueden criticar muchos aspectos de la ley, pero al menos la represión iba a seguir un orden y a ser posible se iban a evitar los castigos a inocentes. Siempre habrá discusión sobre casos particulares, pero en nada achacables a Franco que se limitó a ordenar que se legislara al respecto y a que se aplicara la ley, los errores o abusos, si los hubo, son responsabilidad de quienes la aplicaron.

Al finalizar la contienda el ejército republicano fue desarmado e internado en campos de concentración. Muy complicado contradecir a tanto autor malintencionado que equiparan las barbaridades de los Campos de Concentración Nazis y Comunistas a los Franquistas. El único propósito de estos últimos era controlar la situación y depurar responsabilidades de quienes las tuvieran, tras el juicio correspondiente. Así es, que estos campos se fueron vaciando rápidamente según se iba recibiendo el aval correspondiente de cada internado emitido por alguna autoridad local. En ellos, salvo alguna excepción, no se ejecutó a nadie que no hubiera sido sentenciado a muerte por un tribunal militar, ni había torturas, ni trabajos forzados, todo estaba regulado por Ley y las leyes se cumplen; y mucho más si quien las firma es un “dictador”.

Se activó ante la Guardia Civil la posibilidad de que los familiares de las víctimas del terror rojo pudieran denunciar los crímenes y por supuesto a los asesinos. Los denunciados, una vez capturados eran encarcelados para su posterior juicio.

Todos los Consejos de Guerra y juicios a particulares de la postguerra, fuera cual fuera la pena impuesta, fueron recopilados en un archivo denominado “Causa General” que actualmente se conserva en el Archivo Histórico Nacional de España, en Madrid. Gracias a este expediente que la izquierda española quiere deslegitimar y destruir, y que los creadores de Leyendas Negras jamás consultaron, los historiadores pueden estudiar las cifras de los condenados, los motivos de dichas condenas y las ejecuciones realizadas. Ignorar “La Causa General” es la mayor prueba de la manipulación histórica de quienes escriben fábulas sobre este periodo.

La represión, según los autores que han tomado como fuente “La Causa General”, única fiable, oscilan entre los 20.000 y los 23.000 fusilados. Cualquier cifra que exceda de este margen es directamente una invención, porque no hay modo alguno de estudiar las sentencias sino es donde se encuentran archivadas. Sus condenas están íntimamente relacionadas con las más de 73.000 personas asesinadas por el bando republicano, por lo que denominar víctimas a quienes son sentenciados por haber sido verdugos es muy generoso. No puede hablarse de crímenes de postguerra sino se demuestra que los juicios fueron injustos y para ello hay que revisar los juicios uno a uno. Lo cual no deja de ser una locura, no solo por el volumen, sino porque tanto los jueces como los encausados y resto de testigos que intervinieron en una causa, ya no están en el mundo de los vivos.

La prueba determinante de que Franco no pretendía venganza sino justicia, es que con el propósito de evitar errores judiciales fruto de los odios de la guerra, Franco organizó unas Juntas de jurídicos para revisión de las sentencias, por las que unas 16.000 condenas a muerte fueron conmutadas por años de prisión. Franco no intervenía de ningún modo en las decisiones judiciales, hasta el punto de no interferir en la condena a muerte y posterior ejecución de un primo hermano suyo que había combatido en el bando republicano. Los tribunales establecidos le obligaban a hacerlo así.

Querer eliminar las sentencias de la “Causa General”, como hoy se está planteando, es una injusticia y una ofensa hacia los familiares de las víctimas, porque a la vez que quedan borrados los crímenes, quedan borradas las víctimas, pudiendo los verdugos convertirse en víctimas del Franquismo, una de las finalidades principales de quienes están orquestando esta revisión histórica.

En el cuarto y último capítulo hablaremos de los presos, de la redención de penas por el trabajo y desmontaremos los injustos mitos sobre la construcción del Valle de los Caídos.