Franco, la historia frente a la memoria (y IV): Los mitos del Valle de los Caídos

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Vimos en el primer capítulo la voluntad, nada reconciliadora de la izquierda española, de exhumar a Franco y de imponer, al más puro estilo estalinista, un nuevo relato histórico de la Guerra Civil Española diseñado por  una “Comisión de la Verdad”, sancionando con fuertes multas e incluso prisión a quien discrepe de sus conclusiones.

En el segundo capítulo se denunció la indecencia y fuerte ideologización de una legión de mal llamados historiadores que, sin investigación seria alguna, han entrado en una escalada de cifras de represaliados por el bando Nacional, a la vez que reducen las que realizó el bando Republicano. Para desenmascararles, me serví de una serie de historiadores que han estudiado, a nivel provincial o autonómico, los fallecimientos durante la guerra en los registros civiles de las poblaciones, y que certifican la veracidad de dichas cifras con listados de las víctimas. Al cruzar estos datos provinciales con los que proporcionó Ramón Salas Larrazábal, se puede concluir que los datos que proporciona este se encuentran muy próximos de la verdad.

En el tercer capítulo traté la posguerra y desmonté el supuesto genocidio Franquista basándome en las leyes de la época y sobre todo en los expedientes de la Causa General, donde quedaron reflejados los terribles crímenes que cometieron las supuestas víctimas franquistas a través de los juicios a los que fueron sometidos. Expediente que ignoran intencionadamente quienes defienden la existencia de ese genocidio.

Y por último, en este cuarto capítulo, vamos a destapar las falsedades que continuamente se están vertiendo sobre el Valle de los Caídos, los allí enterrados y sobre los presos que lo construyeron.

La intención del gobierno de exhumar los restos de Franco ha puesto de actualidad el Valle de los Caídos. Locutores y tertulianos repiten las mismas frases en los medios de comunicación, no hay originalidad, son las ideas fuerza de una monstruosa campaña propagandística, donde unos intencionadamente y otros por ignorancia van pregonando sin cesar: “ Es una ofensa a la democracia que exista un mausoleo dedicado a un dictador”, ”Franco construyó el Valle para ser enterrado como un faraón y ser recordado a perpetuidad”, “No se puede permitir que Franco esté enterrado con sus víctimas”, “el valle es un lugar indigno que está construido con mano de obra esclava”, “Es una cuestión de dignidad democrática”, “El Valle es un monumento al fascismo”, “No podemos tener un mausoleo dedicado a quien con un golpe de Estado rompió la normalidad democrática”, “el Valle es un lugar de exaltación del franquismo”, “los que lucharon por la libertad no pueden descansar al lado de quien les asesinó”, “muchos prisioneros murieron construyendo esa obra faraónica en unas condiciones inhumanas de trabajo”(…). Finalmente, si alguien se atreve a negar estos desatinos, se le desautoriza tachándole de “franquista” y apostillando que “en Alemania esa defensa del dictador no se permitiría”, poniendo al mismo nivel de Hitler a Franco; los seguidores de Stalin dando lecciones de moralidad.

No es fácil descubrir la verdad del Valle. El Valle está lleno de mitos asumidos por todos, son intoxicaciones transmitidas por políticos e historiadores que también los asumen sin investigar. Toda una caterva de historiadores revisionistas de los que ya hemos hablado y que profanan su profesión inventando estos mitos, han escrito una ingente cantidad de panfletos apócrifos. No es casualidad que ninguno de ellos haya bebido en las fuentes de la documentación sobre el Valle que se encuentra en un fondo de 70 cajas pertenecientes a Patrimonio, archivados en el Palacio Real de Madrid. Este fondo contiene miles de documentos y escritos relativos a la construcción y a la vida de los trabajadores del Valle. Saben que toda esta documentación no sirve a su relato histórico preconcebido.  El Régimen debe de presentarse tan cruel y despiadado como era el nazismo de Hitler, el comunismo de Stalin o el de la propia República si hubieran vencido en la guerra.

Algunos historiadores como Stanley Payne, Ricardo de la Cierva, Cesar Vidal o Pio Moa son excepciones que han dado luz a tanta desinformación y han denunciado abiertamente toda esta manipulación, pero son muy pocas voces; el cáncer está en las propias universidades, como ya vimos en el capítulo II. Difícil revertir la situación. Las hordas propagandísticas descalifican a aquellos llamándoles historiadores Franquistas cuando, curiosamente, algunos de ellos lucharon contra Franco o incluso fueron comunistas como Pio Moa. ¿Cómo saber la verdad? ¿Se encuentra quizás la verdad a medio camino entre ambas corrientes discrepantes?  La verdad sencillamente se encuentra en los documentos del pasado y los historiadores nombrados documentan muy bien sus aseveraciones.

Al respecto del Valle de los Caídos, el trabajo más sólidamente documentado es la Tesis Doctoral de Alberto Bárcena. Este historiador ha basado todo su trabajo en las citadas cajas del Palacio Real. Allí se encuentran, entre centenares de miles de documentos, las nóminas de los presos, sus solicitudes diversas, los escritos de relación de la administración del Valle con las empresas o con los Ministerios e incluso los menús y los reconocimientos médicos: toda la vida del valle almacenado en 70 cajas de documentos.

Teniendo en cuenta el trabajo de Bárcena y la legislación de la época podemos afirmar:

  1. El Valle  de los Caídos fue concebido como un monumento de reconciliación:

No hay que resignificar el Valle. Durante su construcción se fue madurando la idea de que fuera un monumento de reconciliación y la mejor prueba de ello es que en él se enterró a combatientes de ambos bandos.

Fuentes cercanas a Franco, como Mónica Plaza, Exconsejera del Movimiento, aseguraban que, en conversaciones privadas con el General, este afirmaba que  la guerra no era el triunfo de un bando sobre otro, sino que era el triunfo de España para los españoles. Por eso su idea sobre el Valle era la de construir un monumento con un sentido religioso de unidad y reconciliación que recogiera a todos los caídos de uno y otro bando, que recordase a los españoles no volver a reproducir la lucha fratricida del pasado.

Otro testigo de excepción es el escultor Juan de Ávalos. Ávalos se entrevistó con Franco en el Pardo y, según sus propias palabras, hablaron de que el monumento debía de reflejar realmente la reconciliación. Al día siguiente  salió el Decreto donde se decía que en el Valle de los Caídos se enterrarían todos los muertos juntos. En su obra no hay ninguna alegoría a victoria alguna, solo imágenes religiosas de reconciliación, paz y perdón. Ávalos había sido militante socialista con el carnet nº 7 de Mérida, había sido depurado por desafección al Régimen y se exilió a Portugal. Franco, conociendo esta circunstancia y a pesar de todos los informes que le aconsejaban no elegir a Ávalos, eligió su maqueta, estaba totalmente de acuerdo con la idea de reconciliación del artista.

La voluntad del legislador está en las leyes, el documento que certifica el sentido de reconciliación del monumento es el Decreto-Ley de 23 de agosto de 1957, sobre la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, en él se expresa que dentro de una política guiada por "el sentido de unidad y hermandad entre los españoles" tenía que ser un monumento a "todos" los caídos, sobre cuyo sacrificio triunfan los brazos pacificadores de la Cruz.

Cierto es, que para dar al monumento un mayor sentido de reconciliación, se podrían construir criptas al mismo nivel de prioridad que Franco y José Antonio dedicadas a protagonistas del bando Republicano, como el Presidente de la Republica D. Manuel Azaña o a una víctima destacada como el poeta Federico García Lorca.

  1. La intención de Franco no era la de ser enterrado en el Valle.

Para crear un ser despreciable no hay nada como presentarlo con una ambición que supere a la muerte, por ello, sin base alguna, sus detractores afirman que Franco construyó el Valle para ser recordado a perpetuidad enterrado en un monumento al estilo de los faraones egipcios.  Franco, como militar que ha intervenido en muchos eventos de nuestra historia, no necesita de un monumento para ser recordado.  Formado en las penurias de la guerra de África, era más bien una persona austera y sencilla y nunca pretendió, ni nadie le oyó decir, que su voluntad fuera la de ser enterrado en un lugar prioritario del Valle. Su voluntad era ser enterrado con su esposa Carmen en el Cementerio del Pardo

La decisión de enterrar a Franco en Cuelgamuros fue tomada por el Rey Juan Carlos I, que envió una carta expresa al Prior de la abadía ordenándolo. Juan Carlos debería de explicar los motivos de esa decisión, que tal vez fueran de agradecimiento a quien lo situó en el trono de España, pero no parece, que tal como está el patio, lo fuera a entender nadie por lo que, de alguna forma, la polémica creada sobre la exhumación de Franco es un ataque intencionado y directo a la línea de flotación de la Monarquía.

  1. Franco no está enterrado junto a sus victimas

Presentar a Franco como verdugo de los allí enterrados es una de las mayores vilezas de cuantos eslóganes propagandísticos transmiten los medios de comunicación. Franco fue el líder del bando nacional desde que el 1 de octubre de 1936; en una ceremonia solemne celebrada en la sede de Capitanía General de Burgos fuera investido “Jefe del Estado”, del mismo modo que D. Manuel Azaña era el Presidente de la Republica. A la pregunta de ¿a cuántos asesinó Franco?, la respuesta es, a los mismos que Azaña, ya que ni uno ni el otro ordenaron muerte alguna sin juicio previo, por lo que no pueden ser responsables de los crímenes sumarísimos que se cometían en plena guerra.

Como hemos visto, en la posguerra, Franco ordenó se depuraran responsabilidades de aquellos que estuvieran manchados de sangre. Los hay que achacan a Franco estas muertes ya que fue él el que ordenó los juicios, pero en cualquier caso, los responsables de las condenas son los jueces, no el Generalísimo, que lo único que buscaba era hacer justicia. Pero ninguno de estos condenados está enterrado en el Valle; ¿cómo iba a enterrar Franco en un lugar de honor a los condenados a muerte por crímenes de guerra?

Según una circular publicada en 1958, para la exhumación y traslado de enterramientos individuales de restos identificados había de mediar el consentimiento expreso de los familiares. Según información del Ministerio de Justicia, de los 33.833 cadáveres que se encuentran enterrados en el Valle 21.423 son de víctimas identificadas a cuyos familiares se les cursó el consentimiento pertinente y 12.410 son de personas desconocidas, mayoritariamente combatientes sin identificar enterrados en fosas comunes en el mismo lugar donde tuvo lugar la batalla, de los cuales obviamente no se pudo cursar permiso para la inhumación en el Valle. Todas las solicitudes y sus correspondientes consentimientos se encuentran entre la documentación citada archivada en el palacio Real.

¿Y entonces, qué hay del famoso caso de los hermanos Lapeña que aseguran los familiares que no se les pidió permiso para exhumarlos? El caso de los hermanos Lapeña es un caso particular que la sexta se está encargando de mostrar cómo caso normal. Los hermanos Lapeña fueron fusilados casi al principio del conflicto en 1936 por un grupo de falangistas y fueron enterrados con otros fusilados en una fosa común sin identificar, por lo que no se pudieron cursar las correspondientes solicitudes de consentimiento. En cambio la familia siempre ha estado convencida de que los restos de Ramiro y Manuel Lapeña se encontraban en dicha fosa. Tampoco se puede decir, como dice su familia y algunos medios, que los Lapeña fueron víctimas de Franco, porque en las ejecuciones sin juicio realizadas por descontrolados, como es el caso, los únicos responsables eran los ejecutores.

  1. El Valle no fue construido por trabajo esclavo

2Los mismos autores que no mencionan la crueldad de las torturas en las checas frente-populistas, se atreven a condenar las condiciones de trabajo, según ellos infrahumanas, a los que se sometía a los presos.

Franco, por Decreto de 1 de Abril de 1940, dispuso la construcción de la Basílica y el Monasterio del Valle de los Caídos en la finca de Cuelga-muros de la Sierra del Guadarrama en Madrid y fue inaugurado 19 años después coincidiendo con el 20 aniversario del fin de la Guerra. La obra, que empezó con trabajadores libres, se complementó con presos a finales de 1942, más de dos años después de su comienzo y terminan en 1950, tras un indulto general de presos en donde se vaciaron las cárceles. Es decir, que de los 19 años que duró la obra, en tan solo 7 hubo trabajadores penados. En total pasaron por el Valle una cifra cercana a los 3.000 presos.

La legislación en la que se basaba esta medida es el  Decreto nº 281  de 28 de mayo de 1937 (en plena guerra) que establecía el DERECHO al trabajo de los prisioneros de guerra y presos no comunes para la redención de penas. Este, fijaba que los prisioneros de guerra y presos no comunes sólo podrían trabajar como peones, con el jornal correspondiente a esa categoría y estipulaba la cantidad que debía abonarse a la mujer si el preso estuviera casado y a cada hijo menor de 15 años de edad, si los tuviera, y aclaraba: "Cuando el prisionero o el preso trabaje en ocupación distinta de la de peón, será aumentado el jornal en la cantidad que se señale". La posibilidad de redimir parte de la condena a través del trabajo no se regulará hasta el mes de octubre de 1938 con la Orden del Ministerio de Justicia de 7 de octubre de 1938. B.O.E.  11/10, por la que se crea el Patronato para la Redención de las Penas por el Trabajo,  entrando en vigor prácticamente con el final de la guerra. Hay más: por el artículo 9° de la Ley de 13 de julio de 1940 se concedía a todo trabajador recluso el DERECHO a percibir el salario íntegro del domingo o día de descanso semanal obligatorio, igualmente a enfermos o accidentados, por lo que también debían aplicárseles los beneficios de redención de penas.

La autoría de la ley de redención de penas se le atribuye al Reverendo José Agustín Pérez del Pulgar que la desarrolla con el General Máximo Cuervo. El reverendo dejó entre los presos cariño, agradecimiento y admiración, mientras que ahora, los creadores de mitos, lo califican de sanguinario y vengativo.

Para gestionar el sistema, se crea el organismo autónomo –dentro del Ministerio de Justicia– denominado Patronato Central para la Redención de las Penas por el Trabajo Nuestra Señora de La Merced, bajo la dirección del Padre Pulgar que, además de la tarea de gestionar administrativamente todo lo relacionado con los contratos de los presos con las empresas y contabilizar su redención por  trabajo, tendrá encomendado procurar “el mejoramiento espiritual y político de las familias de los presos y de estos mismos”.

La reducción de condena era de cinco días por cada día trabajado, con rendimiento real no inferior al de un obrero libre. El acogerse a la redención de penas era voluntario y se accedía mediante solicitud. La selección inicial de trabajadores se hacía en función de la duración de la condena, teniendo preferencia los de penas “leves” –inferiores a 12 años y un día–, lo que se justificaba en la intención de devolver a su hogar y a su trabajo libre a aquellos reclusos que estaban en condición de redimir prontamente su pena. A medida que se vaciaban las cárceles el concepto de “redimibilidad” se amplía hasta alcanzar a todos los presos mal llamados políticos, incluso a los de pena de muerte, que se les conmutaba por la de 30 años, por lo que en 6 años de trabajo la cumplían.

Los presos además del Valle  reconstruyeron Belchite, Teruel, canales del Guadalquivir, pantanos, carreteras (…).

Pero,  ¿eran duras las condiciones de trabajo? No más que las de un trabajador libre, ya que al fin y al cabo trabajaban codo con codo con ellos, con la misma duración de la jornada laboral, las mismas horas de descanso, el mismo menú y el mismo salario. Por ello, es totalmente falsa la afirmación que se vierte en los medios de comunicación de que en la construcción del Valle participaron miles de represaliados políticos, llevados a la fuerza y sometidos como peones a duras condiciones de trabajo que, para mayor gravedad de esta falsedad, se enseña también en el terreno académico.

La empresa pagaba el jornal integro de un obrero, 10 pesetas día, más el plus de cargas familiares. El salario lo administraban las Juntas Locales Pro-presos. Una parte del salario se le entregaba a él, otra se le ingresaba en una cartilla y otra se le daba a la familia. En cada localidad se formaba una junta para atender a los familiares de los presos; eran voluntarios y no cobraban.

La prueba de que todo eso era así es que en el famoso fondo  de 70 cajas de documentación sobre el valle, que solo el historiador Alberto Bárcena ha estudiado en profundidad, se encuentran las solicitudes de los presos, las nóminas, las relaciones con el patronato y con las Juntas locales pro-presos. Incluso existen escritos amenazando a ciertos presos con expulsarles del valle y devolverles a prisión si no mejoraba su conducta; no creo yo que esta amenaza surtiera mucho efecto si las condiciones de trabajo en el valle hubieran sido tan infrahumanas.

  1. El Valle no era un gran Campo de Concentración similar a Auschwitz

El Ministro de Cultura Sr. Guirao, haciendo gala de la incultura que le ha llevado al cargo, afirmó que al Valle de los Caídos había que darle el mismo significado que se le dio al campo de concentración de Auschwitz.

Ante la imposibilidad de que nuestro Presidente haya nombrado ministro a un sectario mentiroso y manipulador de la historia, no me cabe la menor duda de que el ministro ignora cómo se organizó el Valle para acoger a los presos que voluntariamente habían solicitado reducir sus penas por el trabajo.

En las proximidades del Valle se crearon unos poblados de trabajadores con viviendas gratuitas, donde muchos presos solicitaron llevar allí a sus familias, siendo una vida normal como la de cualquier pueblo: había colegio, médico, practicante, se celebraron bodas, nacían niños (…). Hay documentos de solicitudes de cambios de viviendas por razones de una casa más grande o proximidad a un familiar y se concedía. Trabajadores libres, presos e incluso guardias vivían juntos en los poblados y sus hijos iban a la misma escuela. Como curiosidad, decir que entre la documentación existen solicitudes y su correspondiente aprobación de familiares de presos que querían pasar el verano en el Valle. Antiguos presos, al finalizar su condena solicitan quedarse y se quedan. Había dos  escuelas con maestros que también eran presos y una de párvulos llevada por otro preso a la que iban los hijos de los funcionarios de prisiones, de los guardias, los hijos de los presos, los hijos de los libres, los hijos del médico, del practicante; todos sacaron el bachiller, cosa difícil en la España de posguerra. La escuela era obligatoria, los que no cumplieran con esto serían expulsados del Valle. La expulsión es la mayor amenaza para un preso. En muchos pueblos de la España de posguerra ya hubieran querido tener estas facilidades. En fin igualito que en Auschwitz.

Igual que en el punto anterior, toda la documentación que justifica lo dicho se encuentra en el citado fondo de documentos del Palacio Real y narrado detalladamente en la Tesis de Alberto Bárcena.

  1. En el Valle no murieron miles de presos

Otra gran indecencia de los mitos del Valle es la alegría con que se habla de enormes cantidades de presos fallecidos por los trabajos forzados en él, al estilo de los campos de trabajo comunistas dirigidos por el GULAG. Hablan de miles de muertos sin dar cifras: “fueron muchísimos y también los mataban para formar parte de la cimentación”.

Con lo explicado hasta ahora, vemos claramente que esta afirmación no es más que una “película de vaqueros”. Entre la documentación citada se encuentran los menús del campo, que era el mismo que para los trabajadores libres y muy superior a la de los españolitos de los racionamientos de la posguerra.

La primera muerte laboral en el Valle se produjo en el año 48, es decir que en 8 años no hubo siniestralidad mortal que, en una obra de esas características es estar por debajo de la siniestralidad normal. Entre la documentación consta la  solicitud y aprobación a la viuda del primer fallecido del valle, de una vivienda en Madrid como la que se concedía al resto de trabajadores del valle. En el archivo están las actas de asignación de dichas viviendas, se tramitaban las solicitudes para todos los trabajadores presos o no presos a lo que se respondía:  “óbrese del mismo modo que con los anteriores”.

Según el médico y el practicante, también presos, la cifra de muertos fue de 14  en 20 años, incluyendo los trabajadores libres, siniestralidad totalmente normal para el volumen de las obras. Uno fallece en un accidente de tráfico, otro por no ponerse el arnés que era obligatorio…

  1. ¿Presos políticos? Algunos de los que redimieron pena en el valle eran presos con delitos de sangre gravísimos.

Mencionado en el capítulo anterior, Franco organizó unas Juntas de revisión de sentencias por las que unas 16.000 condenas a muerte son conmutadas por un máximo de 30 años de prisión. Muchos de ellos cumplieron condena en el Valle.

Muy famoso es el caso de Justo Roldan Sainero, apodado el matacuras, porque él mismo se asignaba la autoría de haber asesinado a cinco sacerdotes. A este personaje se le conmutaron dos penas de muerte por los sucesos de Pinto en el que se le reconocía como culpable del asesinato de los cuatro hermanos Creus. Seis años de trabajo en el Valle fueron suficientes para ser un hombre libre.

También consta que trabajaron algunos de los presos que, como milicianos, habían participado en el asesinato de los más de 300 presos del tren de la muerte que desde Jaén los trasladaba a las cárceles de Madrid. Los milicianos lo detuvieron a la altura del Pozo del tío Raimundo y los asesinaron.

También era conocido el caso del fontanero del valle como miliciano armado y chekista que había torturado y asesinado a personas en las Chekas de Madrid.

No hay parangón con otras guerras u otros países. Dentro del ambiente de odios y rencores de toda posguerra, Franco, quizá en pro de una recuperación rápida de España, fue todo lo generoso con los vencidos que se podía ser después de una terrible guerra civil. Los presos con beneficios salieron de las cárceles con antelación a su condena y pudieron rehacer sus vidas. Al finalizar la guerra, según el Ministerio de Justicia, había 270.719 prisioneros; en 1943 quedaban 114.958; en 1945 ya solo eran 51.300 de los que, aproximadamente 20.000 eran presos comunes y en 1950 hasta los condenados a muerte eran ya hombres libres. Las cifras anteriores señalan el fenómeno de la excarcelación masiva de presos. Durante 1940, se decretaron cuatro indultos, al año siguiente otro relativo a las penas de 12 años y un día, en 1942 a las de 14 en 1943 otros dos más amplios, en 1945 uno tan generoso que oficialmente se daba por terminado el problema penitenciario, en 1950 ya no quedaba nadie represaliado en las cárceles. Hoy la población reclusa española según el INE es de 59.970, siete veces más que en 1975, en donde al final de la terrible dictadura había 8.440 reclusos.

Al margen de que personalmente deteste los crímenes Nazis como el que más, llegado a este punto no puedo dejar de hacer una comparación con la “escasa generosidad” de los aliados. El Franquismo vació las cárceles de condenados por delitos durante la guerra en menos de 10 años, en cambio los aliados condenaron a Rudolf Hess a cadena perpetua en los juicios de Núremberg; no podían condenarle a muerte porque Hess había sido hecho prisionero al principio de la guerra en mayo de 1941, mucho antes de los genocidios judíos. La condena de Hess se cumplió íntegramente, falleciendo en la cárcel de Spandau a los 93 años de edad.

Aquellos contaminados de las Leyendas Negras del franquismo pensarán que soy un nostálgico franquista (siempre hay que etiquetar para desautorizar) o que estoy escribiendo una Leyenda Rosa del Valle. Personalmente procuro no encasillarme en ningún “ista” y pensar con libertad. No obstante la prueba del algodón a todo lo escrito, lo vuelvo a repetir, se encuentra en un fondo de 70 cajas pertenecientes a Patrimonio, archivados en el Palacio Real de Madrid. Este es un archivo público que el que quiera puede consultar, por lo que sería impresentable no hablar de las sombras si las hubiera, como es impresentable el hablar del Valle sin haber consultado dicha documentación.

“SI TE HACES DUEÑO DE LA HISTORIA TE HACES DUEÑO DEL PRESENTE” (ORWELL)

El Pleno del Congreso convalidó el 13 de Septiembre con la abstención del PP y Ciudadanos, el decreto-ley aprobado por el Gobierno el pasado 24 de agosto y que da cobertura jurídica a la exhumación de los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos.

Otra ignorante del Gobierno, la Vicepresidenta Carmen Calvo afirmó: "No hay respeto, honra, justicia, paz y concordia mientras los restos de Franco estén en el mismo lugar que las víctimas". La número dos insistió en que hay que acabar con una "anomalía extraordinaria", el mantener a un dictador en un "mausoleo de Estado" donde puede ser "exaltado". Después de lo demostrado hasta aquí, esta frase puede pasar al libro Guinness de los records por contener más falsedades que palabras.

Detrás de esta acción, lo que hay es venganza, odio y resentimiento de unos y tibieza de aquellos que piensan que no les afecta o sienten que no deben defender una dictadura. Pero no se trata de defender ninguna dictadura, se trata de defender la historia, porque no se van a detener aquí, buscan, como dijo Orwell, adueñarse de la historia para ser dueños del presente. El doctor Sánchez ya ha afirmado en una rueda de prensa celebrada en Bolivia, conjuntamente con el presidente de los Jerseys, Evo Morales, que su idea es convertir el Valle de los Caídos en un cementerio Civil para las víctimas de la contienda y del Franquismo. ¡Hay que ver que yuyu les trae la cruz a estos hijos del diablo! Recordemos que se trata de una basílica cristiana, llena de estatuas cristianas y con la Cruz más grande de la cristiandad. ¿Qué va a hacer el doctor, derribar la cruz y los monumentos católicos al más puro estilo de ISIS?

En mi opinión, se arremete con saña contra el franquismo a sabiendas que de él derivó la monarquía, a la que aspiran derribar, para convertir España en una República, posiblemente Socialista o Bolivariana.

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