Los dueños del Mundo (y IV): Soros y la inmigración

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La inmigración es la solución final de Soros para Europa; es el clímax de su “Sociedad Abierta”, autentica arma de destrucción de culturas y sociedades.

Pero antes de entrar en materia repasemos como hemos llegado hasta aquí. En el capítulo I vimos como aprovechando algunos métodos de desinformación se puede alcanzar el dominio de la opinión pública y por lo tanto de un país; no es necesario controlar el pensamiento de todos los componentes de una sociedad, basta con controlar el pensamiento de quienes la dirigen.  Controlando dos o tres directores de los medios de comunicación más influyentes y algún líder político al que apoyaran estos, es suficiente. Vimos también en el capítulo I un más que curioso  “Club Bilderberg” que realiza reuniones secretas donde asisten el poder económico, el político y el mediático, sin que curiosamente estos últimos no informen nada de lo que allí se trata.  En el capítulo II conocimos a George Soros y sus influencias en Kosovo, Ucrania o la Primavera Árabe y finalmente en el III, vimos como Soros ha llegado a influir sobre la ideología de los españoles, cambiando los valores tradicionales de la familia por otros que han desembocado en el gravísimo problema de la natalidad y que lejos de solucionarlo con incentivos a la familia, Soros nos ofrece la cuadratura del círculo: resolver a la vez el drama humanitario de África y nuestro relevo generacional, con la inmigración. También vimos en el capítulo anterior cómo con antelación a reunirse con Ángela Merkel para tratar el problema de la inmigración, Pedro Sánchez se reunía en secreto con George Soros, noticia que sabemos por OkDiario, sin que ningún otro medio se hiciera eco de la reunión.

Para los escépticos, quiero añadir que  Sánchez ha colaborado con la National Democratic Institute (NDI), otra ONG con un supuesto apoyo a la democracia y a los derechos humanos financiada por la Open Sociaty Foundation de George Soros. Otro dato relevante en cuanto al objetivo de Soros de convertir a España en el paraíso de la inmigración es que ha abierto en Barcelona su sede de la Open Sociaty Foundation para el Sur de Europa y ha nombrado como Director a Jordi Vaquer, otro enemigo de España que recientemente ha dirigido el aparato de agitación y propaganda de la Generalitat de Cataluña

La inmigración surge de forma espontánea como consecuencia de las brechas económicas entre países y sociedades vecinas. La desigualdad económica más acusada que existe en el mundo se encuentra justo en el Mediterráneo. Esta diferencia se ha visto acrecentada recientemente tras la caída de ciertos dictadores como Gadafi; financiada como vimos en el capítulo II por Soros y la llegada al poder de movimientos de corte fundamentalista Islámico, que incrementan la pobreza a la vez que imponen la Sharia o Ley Islámica de la que muchos quieren huir.

No obstante, ante el riesgo del crecimiento de partidos de extrema derecha que reviertan la situación, Soros impulsa la inmigración de modo sutil y tras la máscara de la ayuda humanitaria de ciertas ONG,s financiadas por él mismo, como “Médicos Sin Fronteras” o “SOS Mediterranée”, asociaciones que trabajan conjuntamente en buques también sufragados por el magnate que, en coordinación con las mafias, traen inmigrantes a Europa.

Con “Médicos sin Fronteras” volvemos al mundo de las casualidades; está ONG, hoy financiada por Soros, fue fundada por Bernard Kouchner, personaje que ya apareció en el capítulo II cuando, siendo Administrador-Representante de la ONU en Kosovo, proporcionó a Soros la explotación de las minas de Trepca tras arrebatárselas a los serbios con la excusa de una supuesta contaminación. Bernard Kouchner es un médico de origen judío que, militando en el partido comunista Francés, fue un destacado activista de Mayo del 68 y que, tras abandonar su militancia comunista, llegó a ser Ministro de Sanidad en el gobierno Socialista de Miterrand y Ministro de Asuntos Exteriores con Sarkozy en Francia. Posteriormente desempeñó distintos cargos de responsabilidad en la ONU, incluido el citado cargo en Kosovo. Al igual que Soros, también es de origen judío, masón, y forma parte del “Club Bilderberg” y del “Nuevo Orden Mundial”.

Entre los buques de Soros se encuentra el famoso “Aquarius”, que nuestro Presidente Pedro Sánchez, en un gesto humanitario sin precedentes (nótese la ironía), salvó de “la tragedia marítima” al traérselo a España, unas 10 veces más lejos que si hubiera regresado al puerto de salida para, a continuación, darles a sus pasajeros la condición de refugiado a pesar de que ninguno de ellos procedía de una nación en guerra. ¿No les parece extraño que los medios de comunicación hayan hablado tanto de este barco con 629 inmigrantes a bordo cuando diariamente nos llega una cantidad similar en patera? Y es que lo primero es vendible como una acción humanitaria de nuestro gobierno; mientras que puede que, para lo segundo, no estemos todavía preparados y pudiera tener efectos de rechazo ante la verdadera dimensión del problema.

Ningún político, ni medio de comunicación, ni organización alguna, se atreve a criticar la decisión de Sánchez, que va más allá de lo políticamente correcto; el bombardeo informativo nos ha convencido de que se han salvado vidas humanas, la moralidad de quien lo critique queda en evidencia a pesar de que ese barco no es una patera a la deriva y podía haber regresado al puerto de salida ante la negativa italiana. Por supuesto que no podemos permitir que nadie muera en el mar; por supuesto que hay que rescatar a cualquier embarcación que con personas a bordo se encuentre a la deriva; pero luego hay que clasificarlos en los Centros de Internamiento Temporal de Inmigrantes y devolver a todos aquellos que no reúnan los requisitos de refugiado. Es la única solución para eliminar el efecto llamada que tantas vidas humanas cuesta en el mar. Por otro lado tenemos que ser conscientes que cada Euro empleado en infraestructuras, investigación o desarrollo en sus países de origen, procedimiento habitual de la Iglesia Católica, es como mínimo diez veces más efectivo y llega a más gente que el que nos gastamos en mantenerlos en nuestro país.

Es necesario puntualizar la diferencia entre un refugiado y un simple inmigrante. El refugiado llega huyendo de la guerra en su país y tiene reconocida la acogida, la asistencia y la protección en muchos acuerdos internacionales, entre ellos la Convención de Ginebra de 1951, prohibiéndose la devolución del refugiado; mientras que el inmigrante simplemente aspira a una mejora económica, por lo que puede ser devuelto a su país de origen. No obstante, la condición de refugiado la concede el propio estado, pudiéndosela dar a cualquiera que la solicite, con lo que se cae en un irresponsable efecto llamada.

Si al final se quedan en España, no hay más remedio que proporcionarles vivienda, educación, sanidad y una ayuda económica para que no se formen guetos raciales que, a la larga, se radicalizarán y serán peligrosos; pero esto nos lleva a agravios comparativos con nuestros propios ciudadanos que, habiendo contribuido a las arcas públicas mientras trabajaban, han visto como se quedaban sin nada al finalizar su tiempo de paro o peor aún, los autónomos que han tenido que pagar muchos impuestos mientras mantenían su negocio, pero si este se viene abajo no tendrán ni paro ni ninguna otra ayuda.

Otra consecuencia de esas ayudas es que mientras les mantengamos ¿qué necesidad tienen de buscar un trabajo? y si les damos un trabajo, ¿porque antes ellos que los españoles sin trabajo? Mantener inmigrantes no es gratis, y Sánchez ya lo está anunciando de modo sibilino: “Para mantener un Estado del Bienestar de primera, hay que subir los impuestos”. Añadamos a todo ello el concepto de nuestro gobierno de “La universalidad de la sanidad”, es decir, totalmente gratuita para todos los ilegales; más de 800.000 que ahora mismo hay en España. Muchos extranjeros traen sus familiares a España para tratamientos costosísimos que no pueden costear en sus países o envían medicamentos a sus familiares. Quizá muchos no sean conscientes de que todos esos costos salen de nuestros impuestos y muchos españoles, a la larga, van a ver recortadas sus ayudas sociales porque se las llevan los inmigrantes como colectivo más desfavorecido.

Pero esta actitud “tan loable” de nuestro gobierno ante el cierre de fronteras en casi todos los países europeos que van viendo las consecuencias de esa política migratoria, hace que desde el Norte de África miles de inmigrantes fijen su objetivo en las costas españolas; ese país que tanto les quiere. Al Jazzera, la cadena más escuchada en el mundo musulmán, ya está difundiendo que España es el auténtico paraíso de la inmigración. Ahora, la única ruta de entrada en Europa es la española. Solo en Libia hay más de un millón de inmigrantes y otros 50 millones en África (continente con 2500 millones de habitantes más pobres que cualquier europeo); están intentando reunir el dinero necesario para entregar a las mafias que les ayuden a llegar. Ante el problema que se avecina, no se ven intenciones de recular; muy al contrario, nuestro gobierno pretende eliminar las “criminales” concertinas, que hieren a quienes pretenden saltar la valla. Concertinas que ellos mismos no dudarían en poner en sus chalets para protegerse de cualquier injerencia pero que las quitan en las fronteras en donde los protegidos somos el resto de españoles.

A muchos, abducidos por la nueva tontuna benefactora, este término de “proteger” les sonará xenófobo porque ignoran quienes pueden llegar, si facilitamos la entrada. Un país, por seguridad, debe de controlar quien traspasa sus fronteras y rechazar cualquier elemento peligroso. En el Norte de África, como ya comenté anteriormente, gracias a las financiaciones de George Soros, han triunfado movimientos fundamentalistas, que son aquellos que no solo aplican el Corán como ley (Sharia), sino que creen en la Yihad o guerra santa contra el infiel. Para los que no se han leído nunca el Corán, les recomiendo que le echen un vistazo a la Sura 9 y tendrán una ligera idea de lo que Mahoma quiere que se haga con los infieles. Reconozco que la mayoría de los musulmanes son gente pacífica que solo quiere trabajar y sacar adelante sus familias; pero, ¿alguien sabe cuántos fundamentalistas puede haber entre los que recibimos o cuantos pueden radicalizarse al sentir un rechazo social?  

Este dislate de puertas abiertas en España contrasta con la decisión en muchos países de Europa de cerrarlas. Merkel, presionada por sus aliados de Baviera, donde las encuestas apuntan a una derrota de sus aliados a manos de la  extrema derecha en las próximas elecciones, no está por la labor de acoger a más inmigrantes y en su reunión con Sánchez le ha informado que Alemania no acogerá más inmigrantes, pero que apoyará económicamente a los que acoja España. Obviamente eso no es la solución; cualquier inmigrante que entre en nuestro país ha entrado en Europa, por lo que es necesario que se marque una política común que frene a Sánchez de su insensato apoyo a las pretensiones migratorias de Soros. Si esto no ocurre, la cantidad de inmigrantes acogidos por España obligará a Francia a cerrar sus fronteras, saltando la Unión Europea por los aires, verdadero objetivo geopolítico de Soros y de las multinacionales americanas, que eliminan como competidor económico  a una Europa que aspiraba a ser fuerte estando unida y que en un futuro podía incluso incorporar a la gran Rusia, pero ya se encargaran estos poderes de que eso no suceda jamás.