IDIOMA VALENCIANO y género gramatical en -iste

El corporativismo universitario femenino y masculino, tras el eslogan mítico de la autonomía intelectual, actúa agresivamente enmanadas defensoras de la tramoya del discurso hegemónico que, en el viejo Reino, ordena la catalanización de la sociedad. Quien incumple esta premisa queda excluido del pesebre clientelar. De ahí que cualquier española con formación cultural media o alta suponga que no existe un idioma llamado valenciano. Así se lo enseñaron desde la escuela a la universidad, por lo que un artículo que defienda la existencia del mismo será, supuestamente, fruto de la ignorancia o politización idiomática. La actual invisibilidad y prohibición de la lenguavalenciana en la Administración y Enseñanza es un hecho y, además, se veía venir. En 1881, una revista literaria denunciaba “la tendencia de algunos escritores catalanes que quieren absorber el idioma valenciano en el suyo” (Revista de Valencia, t.II, diciembre 1881). Hoy, oficialmente, lo han logrado. No obstante, ¿por qué en fechas muy alejadas cronológicamente del siglo XXI se diferenciaba entre las dos románicas? Un humanista como Antoni Canals(Valencia, 1352), traducía al valenciáno la obra de Valeri Máxim aunque, según se lee en el prólogo, ya existía la traducción al catalán: “yo, a mandamiento de vuestra señoría, he sacado del latín en nuestra lengua materna valenciana... aunque otros la hayan sacado en lengua catalana”.

Sin el adoctrinamiento impuesto por la política anclada en el expansionismo catalán, basado en la unidad de la lengua (léase destrucción del valenciano e imposición del catalán), a un lingüista imparcial le sorprendería que, en 1391, el rey Juan II encargara a Antoni Canals la traducción del Valeri Máxim al valenciano (así consta en el manuscrito medieval), lo que demostraría a cualquier lingüista sin prejuicios que, en el siglo XIV y a nivel culto de la Cancillería, eran conscientes de la convivencia de las dos neolatinas. Y más extrañaría al etimólogo actual la presencia en el valenciano de Antoni Canals de morfologías, léxico y sintaxis que han perdurado hasta nuestros días, y ahora están prohibidos: los verbos “amprar” (cat. emprar); “arrancar”, (cat. arrencar) “defendre” (cat. defensar), la terminación sorda “amarc” (cat. amarg), “sanc” (cat. sang), “dart” (cat. dard); o los abstractos “bellea” (andaluz y catalán bellesa), “bonea” (cat. bonesa), “flaquea” (cat. flaquesa), “fortalea” (cat. fortalesa), “franquea” (cat. franquesa), “infantea” (cat. infantesa), etc. Otro apartado sería el del léxico de origen prerromano modulado por mozárabes, “barranc”; o sustantivos como “calces” (cat. mitjes, cast. medias), “cambi” (cat. canvi) “codisa” (cat. palet de riera); y la pluralización en -ns: “homens” (cat. homes); o la construcción sintáctica: “en Roma”, “en Valencia”

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Ricart G. Moya

Ricart Garcia Moya es Llicenciat en Belles Arts, historiador i Catedràtic d'Institut de Bachillerat en Alacant.