Arde la concertada

El Gobierno ha encendido la mecha de un incendio cuyas proporciones no ha valorado suficientemente, anunciando que quiere cambiar la LOMCE para que la enseñanza concertada quede como complementaria, relegar la asignatura de Religión como no evaluable y acabar con los conciertos a los centros de educación diferenciada.

Deberían haber estudiado con calma esta cuestión, que atenta contra la Constitución, la jurisprudencia del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo, y contra una parte muy importante de la sociedad. Algunos líderes socialistas admiten en privado que no están en contra de la enseñanza concertada –de hecho, llevan a sus hijos a centros concertados-, sino sólo de una parte, y con claridad delimitan esa “parte”: los centros de instituciones religiosas y los de educación diferenciada.

En la Comunidad Valenciana tenemos un dato que ha de hacer reflexionar a quien no lo haya hecho todavía, que es el resultado de la Selectividad este año. De los 10 centros con mejor puntuación, 7 son concertados, y 3 de ellos son de educación diferenciada: los dos primeros de toda la Comunidad Valenciana son el colegio Torrenova y el colegio Miralvent, ubicados en Betxí, todo un honor para la provincia. Este dato, que se repite con variaciones cada año dentro de un marco en el que se comprueba la calidad de la concertada, exige una explicación por parte de quienes atentan contra ella. Si se busca la calidad, hay que atenerse a la realidad. Si se busca el ahorro económico, cada plaza escolar en la concertada le cuesta a la Administración la mitad que una plaza en la enseñanza pública. Por tanto, no les preocupa el ahorro ni la calidad, sino controlar la educación y quitar la libertad, que quieren cercenar y ahogar a toda costa, con argumentos demagógicos.

Estos intentos de ataque a la concertada y a la Religión pueden proceder de Podemos, como “peaje” en la investidura de Pedro Sánchez. Dentro del PSOE no hay una postura mayoritaria que considere una prioridad la asfixia a la concertada. Tal vez tienen en la cabeza lo que sucedió en Francia, cuando el socialista Miterrand intentó en 1984 un ataque similar, en un país tan centralista como el francés: la calle se volvió en su contra y enterró el proyecto, y nunca se ha vuelto a plantear en Francia.

Alguien ha estimado que era momento de lanzar el ataque: ya en verano, el PP descabezado, y un cambio de Gobierno –el octopartito– que ha sorprendido a casi todos. Pero no han calculado que la concertada va a responder, es decir, la sociedad.