Autocrítica socialista

La necesidad de que los socialistas, tanto a nivel autonómico como a nivel estatal, lleven a cabo una autocrítica profunda es evidente. Los malos resultados electorales de los últimos meses y años, la aparición en el panorama político español de “Podemos” y los cambios sociales que ha experimentado España han convencido, como no podía ser de otra manera, a los líderes y los electores socialistas de que tienen que llevan una profunda autocrítica.

Probablemente, si esa autocrítica la hubiera llevado a cabo antes, con más visión a corto, medio y largo plazo, ahora no sería tan urgente. Pero es que ahora es de una urgencia inaplazable, por el bien del propio PSOE y hasta por el bien de España, porque, como decía un líder valenciano, “el PSOE ha pasado de ser un partido histórico a ser histérico”.

Toda institución está obligada, si quiere responder a la evolución social y política, a llevar a cabo autocrítica, de modo permanente. Es el reconocimiento de que nada es inamovible en el terreno cambiante de la política, y el que no cambia –“agua que no corre se pudre”, decía un oriental– se puede llevar un batacazo de dimensiones impredecibles.

Hay quienes defienden que la autocrítica debe ser interna, en este caso en el seno del PSOE, para no marear a militantes y posibles votantes. Sin embargo, en estos momentos, el PSOE debe abrirse a la autocrítica de militantes, si no quiere verse en caída libre y dejar de ser el partido de referencia de la izquierda en España.

Uno de los líderes socialistas valencianos, el número dos, Francesc Romeu –vicesecretario general y portavoz– está dando muestras de afrontar de verdad la autocrítica. Está demostrando que es posible la autocrítica sin caer en el derrotismo, aunque los objetivos que traza son muy ambiciosos. No habla de “refundación”, porque tal vez es un término manoseado. Sí que exige definir el modelo socialista del siglo XXI, para que no sea algo residual, sino protagonista de la modernidad y de la vanguardia. Pide una autocrítica sin complejos y escuchando a la gente.

Romeu ve urgente esta tarea, reconociendo que la izquierda intelectual no es un sólido apoyo en estos momentos. Pide algo que es muy difícil: evitar fotos, titulares puntuales, dejar de hablar “de nosotros mismos” y evitar improvisaciones personalistas, sin medios miedos y tintas vacías. A ver si es capaz un PSOE en ebullición y en crisis.