Debate crisis citrícola: "¿tallem o seguim?"

1Con el lema de “¿Tallem o Seguim?” (cortamos o seguimos), el día 11 a las 19h, en el salón multifuncional de Nules, se celebró un debate sobre la terrible crisis citrícola que tiene en jaque al campo valenciano.

Con el propósito de poder dar respuesta a la dramática pregunta que da título al debate, el Ayuntamiento de Nules y la Associació de Llauradors de Nules reunió en una misma mesa de debate a las distintas voces que se escuchan en el sector. Moderado por el concejal de agricultura de Nules y portavoz de la Plataforma per la Dignitat del Llaurador D. Cesar Estañol, el evento contó con la participación de José Vicente Guinot, presidente de la Federación Provincial de Agricultores y Ganaderos de Castellón (FEPAC-ASAJA); Adán Carrilero, por la Associació de Llauradors de Nules; Carles Peris, secretario general de la UNIÓ de Llauradors i Ramaders; D. Pascual Domingo, presidente de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG); Ricardo Bayo, secretario ejecutivo de la Unión de Pequeños Agricultores (UPA); Juanvi Moros, presidente del Grupo Intercoop de las Cooperativas Agrarias de Castellón; Pepe Montagut, miembro de la junta de la Asociación Nacional del Sector Primario (ANSEPRIM); y un servidor como colaborador del Club de Opinión y de Estudios Históricos Jaime I.

Tras una breve intervención de cada uno de los participantes en la mesa ofreciendo las soluciones que nos permitan salir o al menos mejorar la situación, el público pudo participar también ofreciendo su opinión o formulando preguntas a la mesa. El evento finalizó con otra breve intervención de cada uno de los debatientes con sus propias conclusiones, cerrando el debate el moderador, con un corto discurso apelando a la unión de todo el sector, a la importancia de la Plataforma y animando a la audiencia a seguir movilizándonos para ejercer la necesaria presión a las instituciones.

Tal como ha ido la campaña, la más desastrosa de la historia y de mal a peor, es muy complicado responder con optimismo a la pregunta motivo del debate. ¿Cuántas campañas puede resistir un agricultor sin vender su fruto o en el mejor de los casos vendiendo por debajo de los precios de coste de producción? Es muy duro abandonar. Hay mucho esfuerzo detrás de esos huertos plantados de naranjos. Hay un sentimiento romántico hacia el legado familiar que durante generaciones se dedicaron a lo mismo que hoy nos dedicamos nosotros. Hay, en definitiva, un apego a la tierra, a nuestra tierra, a la de nuestros antepasados.

Pero para poder seguir, primero tenemos que tener muy claro cuál es la causa del problema, encontrar la solución y reivindicarla unidos y con fuerza para forzar a la mayor cantidad de partidos políticos a que la lleven en sus programas electorales.

Aunque hubo diversidad en cuanto a las soluciones, felizmente, sí hubo quorum en el diagnóstico del problema; la entrada de cítricos inmigrantes es la principal causa de la crisis. La UE ha firmado y está firmando una serie de acuerdos Globales de Libre Comercio que permiten la entrada, sin aranceles y sin limitación de cupo, de cítricos de países extracomunitarios.

Es muy importante que todas las asociaciones agrarias tengan clara esta causa, ya que no todo el mundo en el sector apunta en esta dirección, Alimentando el despiste, la interprofesional INTERCITRUS, a la que ellos mismos pertenecen (ASAJA, COAG, UPA INTERCOOP), el Comité de Gestión de Cítricos, los grandes exportadores, los partidos políticos, nuestro gobierno y la Comisión de Agricultura de la Unión Europea, niegan la mayor, y lo achacan a otros motivos más espurios: si al cambio climático; que si las lluvias de otoño estropearon la fruta y la hizo de peor calidad; que si al exceso de producción; que si estamos mal organizados; que si falta de promoción o si en la UE ha habido menos consumo. Pero, suponiendo que alguno de estos factores también hubiera influido en la bajada de precios, con no haber permitido entrar cítricos de fuera de la Unión, (cerca dos millones de TN en el 2018 entre Sudáfrica, Egipto, Turquía y Marruecos), hubiera sido más que suficiente. ¿Hay alguien que regula la cantidad de cítricos que pueden llegar desde fuera de la UE? La respuesta es NO. En los Acuerdos Globales de Libre Comercio que la UE ha firmado estos últimos años con países extracomunitarios productores de cítricos, no se establecen limitaciones de cupo; nos traen los cítricos que quieren y como ellos quieren. Sus propios datos lo confirman; año tras año se ha ido produciendo un ligero incremento de importaciones externas que, como garrote vil, van dando una ligera vuelta de tuerca al mecanismo hasta terminar desnucando al reo.

Pero a una misma causa de la enfermedad, los intervinientes aplicaban distintas medicinas. La diversidad de soluciones las podemos dividir entre quienes asumen los acuerdos firmados por considerar que no se pueden cambiar, proponiendo medidas que nos permitan competir con esos terceros países; a quienes señalan a la eliminación de la causa como solución al problema, anulando dichos acuerdos o al menos, sustrayendo a los cítricos de los mismos.

El público, con sus aplausos a quienes defendían esa segunda opción, mostró claramente cuál es su opinión al respecto. El agricultor no quiere limosnas en forma de ayudas; quiere vender su fruto a un precio digno; está harto de los cambios varietales; sabe que los mismos que nos invaden el mercado también las pueden poner; está convencido que ya consigue suficiente calidad a pesar de estar descapitalizado; no tiene claro que tenga que competir con países ajenos a la UE; Europa es nuestro mercado no el suyo, sabe que no puede competir con países que no cumplen la normativa Europea, con mano de obra esclava y moneda devaluada que, aunque cumplieran los requisitos UE, también se nos comerían; piensa que es incomprensible que la UE no realizará controles e inspecciones fitosanitarias y que no se realizaran tratamientos en frio que evitaran la entrada de cítricos contaminados de sustancias dañinas e infectados de plagas agrícolas, pero sabe que no va a ser la solución, ya que los cítricos entrarán sin plagas y sin contaminaciones fitosanitarias, pero seguirán entrando y seguirá el problema; cree que una mejor organización del sector; más promoción, creación de un lobby es solo crear más puestos burócratas y más humo para esconder la verdadera solución; sabe que la búsqueda de nuevos mercados no está en sus manos, pero se pregunta por qué tiene que ser España, que es miembro de la UE, la que busque nuevos mercados; si la UE es nuestro mercado, y si nos ganan en nuestro campo, por qué tendríamos que triunfar en campo ajeno; la creación de una DOP es largo y complicado y de dudosa solución ante la invasión sin cupo de cítricos; el plátano canario es DOP y en cambio ha requerido de protección ante la invasión de plátanos sudamericanos; finalmente, reinventarse, vender por internet, producir ecológico y otras medidas parecidas son muy limitadas en cantidad, en seguida quedarían saturadas, si no lo están ya.

Por eso, José Monteagut, miembro de ANSEPRIM, triunfó con su discurso claro en contra del libre comercio y la globalización, calificándola como el contrabando legalizado que permite enriquecer a unos pocos en detrimento de la ruina del resto. Preguntó retóricamente, por qué Europa permite el comercio de fruta trabajada con mano de obra esclava, si va en contra de sus propios principios. Afirmó con rotundidad que hay que regresar a la Europa de las fronteras, a la Europa que protege la vida de sus ciudadanos, la vida de los que honestamente pagan sus impuestos y por tanto merecen ser protegidos y defendidos por los que teóricamente son sus representantes. Puso acertadamente el acento en las elecciones que se avecinan, el voto puede cambiar gobiernos y políticas, los políticos necesitan del voto del sector primario, somos muchos; es el momento de exigirles claramente un cambio de timón en las políticas europeas y votar solo a los que claramente apuesten por eliminar la parte agrícola de esos nefastos acuerdos de libre comercio. En Europa debe de entrar sólo aquello de lo que carece o que complemente lo que ya tiene, pero nunca aquello de lo que ella misma se autoabastece.

Añadir a lo expresado por ANSEPRIM lo que yo mismo expliqué sobre los Acuerdos de libre comercio: Los acuerdos de libre comercio no tienen nada que ver con el principio liberal del libre mercado que autorregula los precios con la ley natural de la oferta y demanda. Los acuerdos de libre comercio son acuerdos comerciales entre países que esperan conseguir con dicho acuerdo ventajas mutuas. Ningún país soberano firmaría un acuerdo comercial que perjudicara a sus ciudadanos permitiendo que otro país le exporte lo que el ya produce. Necesitamos de políticos valientes que pidan a la UE la eliminación de esos dañinos acuerdos; si nosotros no lo exigimos, los políticos tampoco lo harán.

También intenté derribar un tabú sobre los acuerdos internacionales que hace que la gente los acepte sin oposición. La eliminación de los acuerdos internacionales es posible; que nadie nos venda la moto de que es imposible ir contra ellos. Los acuerdos entre países son decisiones políticas que se pueden cambiar con otras decisiones políticas, máxime si cambian los gobiernos. Recientemente hemos visto como EEUU rompía con Méjico acuerdos sobre la importación de aguacates o con Colombia la de cítricos en 2017 o la importación de limones argentinos y ahora mismo Trump está amenazando con salirse de los acuerdos INF sobre control de misiles nucleares de alcance medio y nadie se lo puede impedir.

Añadamos los motivos ecológicos. A los políticos europeos se les llena la boca de ecologismo; según ellos, los ciudadanos de la UE gozamos de normativas medioambientales que figuran entre las más estrictas del mundo para proteger nuestra salud y el medio ambiente.

Estamos hiperlegislados: leyes para la lucha contra el cambio climático; para la gestión de residuos; contra la contaminación atmosférica; para la protección y gestión de las aguas; para la protección de la naturaleza, de la fauna y la biodiversidad; para la protección del suelo; para el control de fitosanitarios perjudiciales para el medio ambiente; y hasta para la contaminación acústica.

Pero esos mismos falsarios que nos bombardean con toda esa legislación que asfixia más que la propia contaminación, fomentan a través del libre comercio que buques muy contaminantes de las aguas y del medio ambiente trasladen los cítricos desde Sudáfrica, a más de 15 mil kilómetros de Europa, cuando nuestros cítricos se encuentran aquí mismo. Los barcos mercantes recurren a usar fuelóleo lo menos posible, saliendo o entrando a puerto normalmente, y a usar durante kilómetros y kilómetros búnker fuel, un fuelóleo pesado, que es bastante más barato, pero mucho más contaminante, de modo que los 15 barcos mercantes más grandes del mundo contaminan más que 760 millones de coches.

Nuestro gobierno nos castiga con un impuesto al gasoil, según ellos por ser más contaminante, mientras nos obliga con esos malos acuerdos a abandonar nuestros campos. ¿Ha valorado este gobierno hipócrita cuanto CO2 renuevan nuestros árboles? Si les preocupa tanto el medio ambiente ¿Por qué nos obligan a abandonar nuestros campos y a arrancar nuestros naranjos? ¿Dónde están los arteros ecologistas? ¿Es que no se enteran de que toda una comunidad autónoma se puede convertir en un secarral desértico? Postureo y más postureo, hipocresía y más hipocresía. Cuando la falta de árboles sea una realidad, el gobierno nos impondrá un impuesto para obligarnos a malvender nuestros campos a grandes empresas exportadoras y, una vez en sus manos, los precios, por arte de magia, mejorarán.

Hablemos por último de la Soberanía Alimentaria. Estratégicamente, un país no debe de perder nunca el poder de autoalimentarse. La alimentación es algo más que un bien económico; es también un objetivo estratégico para la supervivencia en caso de excepción como guerras o grandes catástrofes; de ahí que el sector primario sea tan importante para una nación y que deba de ser mimado por sus gobernantes. Pero Europa, con esas políticas de libre comercio, está dejando su soberanía alimentaria en manos de países lejanos, pobres y/o políticamente inestables.

A la vista de todo esto, la Plataforma per la Dignitat del Llaurador debería tomar nota de qué propuestas gustaron más al público. No se trata de abandonar las que actualmente lleva, sino de apostar, como reivindicación principal, por la eliminación de la parte agrícola de todos los acuerdos de libre comercio. Debe cambiar sus pancartas descafeinadas por otras que verdaderamente reivindiquen la solución al problema. Ahora que estamos en elecciones, debe entrevistarse con todos los partidos políticos y dejarles claro cual es nuestra principal reivindicación y que se atengan a las consecuencias si no la contemplan.

Como dijo Estañol, hay que movilizarse; tenemos que estar más unidos que nunca, pero yo añado que, si no reivindicamos como medida principal la eliminación de la parte agraria de los Acuerdos Globales de Libre Comercio, no va a servir de nada y tendremos que cortar.