El pragmatismo utópico de Pedro Sánchez

La expresión “pragmatismo utópico” que el candidato socialista a la investidura utilizó en su discurso del martes logró un poco de mi atención. Pero tras darle algunas vueltas me parece que es sinónimo del “bluf” que Rajoy atribuyó a Pedro Sánchez.

El pragmatismo utópico de Sánchez viene a ser una bella expresión, que parece evocar la ideología socialista y marxista, manejando la utopía para intentar captar la adhesión o el afecto de los votantes de izquierdas.

Pero pocos saben que, históricamente, fue el fascista Mussolini quien usó y abusó del término “utopía”, subrayando que es un ideal inalcanzable pero con la cualidad de ser un aguijón para la acción. ¿Qué acción? En el caso de Mussolini, la historia nos lo demostró.

Sánchez ha usado el término de la utopía, y a la vez llama la atención que haya utilizado con profusión en el debate el término “acción”. En muchas ocasiones, lo ha hecho para criticar la inacción de Rajoy, su negativa a someterse a un debate de investidura como le invitó el Rey.

“Bloqueo”, “acción” y “avanzar” fueron las tres propuestas finales de Sánchez en su discurso de investidura, que duró 96 minutos. A Rajoy le dejaba el patrimonio del bloqueo, y él se presentaba como el elegido para la acción y para avanzar en nuestro país.

Unir el pragmatismo a la utopía puede resumir la propia figura de Pedro Sánchez: intentar ser presidente del Gobierno, a cualquier precio –y Pablo Iglesias tiene razón al afirmar que en el PSOE, con Felipe González a la cabeza, no se lo han permitido al impedir pactar con Podemos-, revistiéndolo de responsabilidad política ante la fragmentación del arco parlamentario.

Pedro Sánchez, el superviviendo, está demostrando una capacidad insospechada de salir airoso en su partido, pese a haber alcanzado los peores resultados de su historia y que el 21-D era un cadáver político.

La vaciedad de Sánchez, envuelta en bellas palabras, fue puesta de relieve en el debate por Rajoy con su ironía gallega, y también por Pablo Iglesias con su conocida agresividad.

Pablo Iglesias volvió a mostrarse excesivamente agresivo. Si lo hace por mero teatro y piensa que le interesa seguir con ese estilo que no repara en la “cal viva” de Felipe González para comerse al PSOE, tengo mis dudas. Más bien pienso que Iglesias es prepotente, tiene un “ego” creciente, en las formas y en el fondo, que debe limar. Tiene recursos dialécticos, domina la escena, pero sobra el vinagre.

Albert Rivera ha estado bastante sensato, incluso brillante tras superar la emoción y nervios de su primera intervención en el Congreso de los Diputados. No ha dejado resquicios a entenderse con Rajoy, por no haber atajado la corrupción del PP.

Sin embargo, más allá de las palabras, todo parece encaminado a una repetición de elecciones generales, porque en esta partida de ajedrez todos parecen enrocados. Aunque todo puede cambiar en dos días, como han cambiado decisiones de diversos partidos políticos en contra de promesas electorales. Sigue la partida de ajedrez.