La campaña de Ciudadanos para el 23-J

No son comparables unas elecciones generales con unas elecciones autonómicas ni municipales, pero pueden servir para comparar o atisbar el “tufillo” real de cada partido político, y en cierto sentido calibrar su coherencia o credibilidad.

En Molina de Segura (Murcia), hace dos días, Ciudadanos ha expulsado el partido a sus 5 concejales por no permitir que gobierne el partido más votado. El PP estaba gobernando hasta ahora, con 9 concejales; ahora, pasa a manos de un tripartito formado por PSOE (6)-Podemos (4)-IU (1), que suma 11 concejales.

El motivo de la expulsión es que sus concejales díscolos no han respetado la disciplina de partido, no han permitido que gobierne el partido más votado. Y no es una ciudad pequeña Molina de Segura, es la cuarta de la provincia de Murcia.

Ciudadanos se muestra contundente en ciertas ocasiones, y en otras tornadizo y cambiante. Tras el 20-D llegó a un acuerdo con el PSOE, pese a tener sólo 90 diputados, el segundo partido con más escaños tras el PP, y habrá que ver si sigue siendo el segundo partido en escaños tras el 26-J.

Es casi enigmático saber cómo va a enfocar cada partido político la campaña del 26-J, que todos esperamos y deseamos que sea austera de verdad y muy corta. La auténtica valoración es qué ha hecho cada partido político desde el 20-D, sus movimientos pactistas, más que la nueva campaña en ciernes.

Entre mis colegas y siendo votantes de diversos partidos políticos, los hay que piensan que, tras el 26-J, sí habrá un gobierno de izquierdas tras los encontronazos de estos pasados meses, pero hay otros convencidos de que gobernará el PP, con el apoyo o abstención de Ciudadanos, e incluso la abstención del PSOE. Como es lógico, cada quiniela de gobernabilidad va precedida de “según los escaños que saque, claro”.

Es previsible que el PP aumente escaños, no muchos, respecto al 20-D. Ciudadanos puede sacar un número similar, 40, o ligeramente por encima o debajo. Entre ambos pueden sacar una mayoría cualificada para gobernar, si no absoluta, y ante esa opción Ciudadanos ha de definir bien cuál va a ser su campaña.

Si Ciudadanos se compromete en la campaña a permitir que gobierne el partido más votado- criterio aplicado ahora en Molina de Segura – , previsiblemente y según todas las encuestas el PP, puede salirle bien la jugada de la promesa: no retornaría una parte de votantes que pasaron del PP a Ciudadanos, y ahora pueden arrepentirse al comprobar el pacto de Albert Rivera con Pedro Sánchez.

¿Y si Rivera promete en campaña permitir que gobierne el partido más votado no perderá votantes que el 20-D procedían del PSOE? Es un riesgo.

Además, fruto de fluctuaciones de Rivera en estos meses rectificando lo que había dicho en campaña, es lógico que el votante no se crea la promesa de Ciudadanos – si es que la hace – o el “tufillo” de la campaña de permitir gobernar al más votado.

No lo tiene fácil Ciudadanos, porque también puede buscar votos desencantados que antes fueron al PSOE, arrebatar votantes de centro-izquierda: entre Podemos-IU y Ciudadanos pueden dejar al PSOE esquilmado y, más que probablemente, sin cabeza, es decir, sin Pedro Sánchez.

Ciudadanos ha de plantearse una campaña coherente y fiable, configurando una opción de centro auténtica como pretende ser, espacio por el que pugnan también el PP y el PSOE, aunque este último – con Sánchez a la cabeza – ha dejado muy claro que está dispuesto a gobernar con una multicolor e imprevisible coalición de izquierdas, engañando primero a Ciudadanos con un pacto inútil.

Lo curioso es que Rivera se entendería mucho mejor con el PP si al frente estuviera Cristina Cifuentes, en vez de Rajoy. A veces parece que estemos en unas elecciones municipales como las de Molina de Segura, donde predomina más el candidato que el partido, pero Ciudadanos en esa ciudad murciana se ha guiado por criterios de partido. Una pena que haya más personalismo y “egos” en unas generales que en muchas municipales: y luego hablan de visión de Estado.

Al menos es de esperar que Ciudadanos no haga una campaña “contra” nadie, que ofrezca motivos para votarle, porque la confrontación en campaña también harta.