La utopía casposa del telepredicador

1.-La UTOPÍA en el sentido que pudo darle Platón o Tomás Moro, venía a significar de una manera muy general, la aspiración a un sistema político de convivencia que no se encontraba en ninguna parte y que pretendía la igualdad de los hombres. Desde el criterio más benévolo, por ahí debe de encaminarse la utopía del llamado telepredicador.

Siendo Pablo Iglesias un especialista en temas sociales, era lógico pensar que a su programa electoral le hubiese dotado de cierta categoría intelectual y doctrinal, en consonancia con los tiempos modernos. Estudiados y analizados los cuarenta puntos de su programa electoral, observamos que su oferta contiene una fuerte dosis de ideas anarquistas ya muy antiguas, muy viejas y muy casposas y cuya aplicación en espacios sociales concretos haría posible el viejo refrán de que peor era el remedio que la enfermedad. Todo ello, sin remontarnos a la segunda mitad del siglo IV antes de Jesucristo, donde nos encontramos con el movimiento cultural de los cínicos, los antepasados más remotos de Pablo Iglesias, que reinterpretaban las austeras doctrinas socráticas. Los cínicos como crítica a las refinadas costumbres de sus élites griegas –la casta que diría Pablo Iglesias- vestían indumentarias andrajosas

2.-Valga citar algunos ejemplos:

Durante la guerra civil, en Santa Magdalena de Pulpis, un pueblo que en aquel entonces tenía 1.450 habitantes, los anarquistas, coactivamente implantaron el comunismo libertario, que suponía la total eliminación de la propiedad privada. Y digo por la fuerza, porque Pablo Iglesias tiende a legitimar la violencia o el alboroto callejero, como remedio válido para solucionar evidentes injusticias sociales, siempre denunciadas con el valor añadido y pedagógico de la demagogia. (Por ejemplo, el fácil y reiterado recurso dialéctico entre la destrucción callejera de contenedores y los pobres que buscan alimentos en los mismos).

Aquel experimento del comunismo libertario dio como consecuencia la rebelión de los habitantes (en primer lugar las mujeres) de Santa Magdalena, como ahora sucede en Venezuela, y el asesinato callejero de seis de los componentes del comité libertario, los mismos que habían pretendido llevarles la felicidad del dogmatismo libertario.

Tanto el movimiento libertario como ahora su hábil imitador, el tele predicador Pablo Iglesias (así le llama con muy mala uva el periodista Martín Prieto) olvidan y menosprecian el alto valor de la libertad y del estímulo personal. Un olvido que no hace tantos años dejó fuera de la historia al comunismo real. Parece increíble que el profesor Iglesias se haya olvidado de esta circunstancia al elaborar sus cargantes y nada originales cuarenta puntos (cuya lectura aconsejo encarecidamente).

Pablo Iglesias pretende nacionalizar la banca (como los antiguos falangistas, entre los que me encontraba a mis diecisiete años), y todos los servicios básicos, electricidad, industrias de la alimentación, (por ejemplo “Mercadona”), transportes, etc. Quiere establecer una renta básica para todos y el salario máximo. Los milicianos anarquistas del Ayuntamiento de Castellón propusieron 3.000 pesetas para todos los funcionarios y los cuerpos superiores equipararlos al sueldo de los milicianos, además de nacionalizar la vivienda (“Todos los antiguos propietarios de viviendas dejan de serlo”) y que encontró la oposición decidida del PSOE y del PCE.

Partidario el tal Iglesias del derecho de autodeterminación de los pueblos de España, convertiría el viejo solar ibérico en un infierno, como sucedió con la revolución cantonal en el año 1873. Y como fiel continuador de Zapatero alentaría el enfrentamiento histórico entre los españoles, al estimular la funesta ley de la Memoria Histórica que a Iglesias y a los suyos (Mónica Oltra) todavía les parece timorata.

Para este profesor y hábil dialéctico, la socialdemocracia del PSOE es el aliado vergonzante del capitalismo, y el PP el ariete de la explotación de los trabajadores.

Nuestra España ni se merece el socialismo alocado de Hugo Chavez y de Maduro o el comunismo residual de los hermanos Castro en Cuba, símbolos irrenunciables de PODEMOS.