Pedro Sánchez es el peligro real para España

Hace unos días, un colega me expresaba su percepción de que “en estos momentos, muchos españoles se encuentran ‘cómodos’ votando al PSOE, a Pedro Sánchez”. Discrepo de tal opinión, y ya veremos qué sucede el 10-N.

El presidente del Gobierno –en funciones– ha demostrado que su afán por llegar a la Moncloa no conoce límites: usa a Podemos y a los independentistas, y luego se presenta como pretendido hombre de Estado por no pactar con ellos para gobernar, cuando en realidad sus cálculos –con el gurú Iván Redondo al lado– le llevaron a no formar Gobierno y llevarnos a unas nuevas elecciones generales, las cuartas en cuatro años, que se dice pronto.

El hartazgo que hay en la sociedad española hacia los políticos, hacia los gobernantes actuales –es decir, Pedro Sánchez, que no es lo mismo que decir PSOE– ofrece algunos atisbos en las encuestas de estos días, en las que aflora un estancamiento del PSOE o incluso un leve retroceso respecto a las elecciones de abril. Sí, las elecciones las carga el diablo, como anunció Pablo Casado al conducirnos a unas nuevas elecciones en noviembre próximo.

Pedro Sánchez no busca el bien de España, sino mantenerse en el poder. Le encanta estar en la Moncloa, y a su mujer más, gastando caprichosamente dinero para estar bien materialmente en Moncloa nada más llegar. Maquiavelo aprendería de él, porque ya no es que el fin justifique los medios, es que el fin es injustificable.

Pedro Sánchez sigue aumentando el gasto, y prometiendo mayores gastos si sigue gobernando. Mientras tanto, nuestra economía sigue mostrando indicadores muy preocupantes, y su receta es subir los impuestos si sigue en el poder.

No pocos socialistas añoran a Felipe González, que con sus lagunas y puntos negros de sus años de gobierno, sí tenía en general visión de Estado. Acometió la dura reconversión industrial, evitó incentivar el odio entre los españoles. Luego vino Zapatero y dejó el país hecho un desastre: una crisis negada que arrasó –y todavía sufrimos sus durísimas consecuencias– y una Ley de Memoria Histórica para reavivar el odio.

Pedro Sánchez sigue la estela de Zapatero, incluso agravándola. Se decía que Zapatero es el peor presidente que ha tenido España, pero Pedro Sánchez lo ha desbancado ya.

La economía, el empleo, la educación, el independentismo, el recorte de libertades están a flor de piel, y España lo pagará caro si Sánchez sigue en el poder, que por otra parte es lo más probable. Dice que no va a recortar en gasto social, y para ello la solución mágica de subir impuestos: es lo mismo que ha hecho el también socialista Ximo Puig en la Comunidad Valenciana, aunque en este caso ocultó que iba a subir los impuestos si seguía gobernando, y los recortes en tierras valencianas son asfixiantes.

Pero habrá que ver si los españoles le achacan a él el bloqueo para gobernar, más que a Pablo Iglesias. Habrá que ver en estas semanas si los datos económicos hacen cambiar a más de uno el sentido de su voto, o la abstención.

Para unos, el peligro máximo para España por su radicalidad es Unidas Podemos. Otros apuntan a Vox. Mientras, las encuestas apuntan a una recuperación del PP y a un castigo a Ciudadanos, por su doble-juego: “no pactar con el PSOE, sí pactar ahora con el PSOE”.

Queda un mes para el 10-N. No tengo claro que la mayoría está “cómoda” con Sánchez. Si alguien ha visto la película “Brexit”, que esté atengo a posibles nichos de votantes que pueden dar la sorpresa el 10-N, como sucedió en la campaña del referéndum para dejar la Unión Europea, en que se descubrió que había unos tres millones de votantes ignorados en Gran Bretaña y que podían dar la sorpresa…como así fue. Todas las encuestas daban el dato de que triunfaría el voto de permanecer en la Unión Europea.

Si se vota muchas veces al menos malo de los partidos políticos a nuestros ojos, al partido que menos repele en cada momento, en cuatro semanas muchos pueden percibir que el peligro real para nuestro se llama Pedro Sánchez.

Todavía puede usar Pedro Sánchez su “Falcon” para ir a escuchar a un grupo de música de su agrado, como hizo en Benicássim, por si no puede hacerlo tras el 10-N.