Podemos acorralado

No tengo una bola de cristal, y todo puede pasar, pero me parece que habrá acuerdo entre el PSOE y Podemos estos días, evitando ir de nuevo a elecciones generales.

Desde Podemos ahora argumentan que sí aceptarían la oferta que el PSOE hizo en julio de que la formación de Pablo Iglesias tuviera una vicepresidencia y tres ministerios. Simplemente, se dan cuenta de que unas nuevas elecciones perjudicaría al partido de Pablo Iglesias, buscan ahora un acuerdo lo menos perjudicial para ellos, sin que haya ni apariencia de un pacto “gratis” ni reconocimiento de derrota en Podemos.

Unas nuevas elecciones son imprevisibles, por más que los diversos sondeos y encuestas vaticinen un aumento de votos y escaños para el PSOE, y un consiguiente descenso de Podemos. Apuntan a un crecimiento del PSOE y del PP, bajando Ciudadanos, Podemos y Vox. Para los que enterraron el bipartidismo antes de tiempo, una buena ocasión para reflexionar.

Dice el PSOE que quiere llegar a un acuerdo de gobierno de “progreso”, que quiere ir a nuevas elecciones en noviembre, y acusa a Podemos de estar impidiéndolo. No es muy creíble, y basta ver la trayectoria de Pedro Sánchez para ir cambiando de opinión y de argumentaciones, sólo con el objetivo de lograr su continuidad en la Moncloa, donde tan a gusto se encuentra.

Los cálculos de Pedro Sánchez y de su “gurú” Iván Redondo los saben pocos, muy pocos. Sin embargo, la sinfonía que ha orquestado es de manual: se presenta como hombre de Estado, acusa a Podemos de ser el responsable del bloqueo y nadie sabe a ciencia cierta a qué está dispuesto a ceder.

Se da por hecho que vamos camino de unas nuevas elecciones generales, con un olvido importante: Pedro Sánchez quiere continuar en la Moncloa, y bien sabe que puede haber sorpresas el 10-N. Si puede formar gobierno con Podemos, lo va a hacer ahora, consciente de que el partido de Pablo Iglesias puede ceder mucho –más que nunca– ante la posibilidad cierta de que haya repetición electoral. Sánchez ha cocinando con paciencia y maquiavelismo un escenario que le beneficia ahora, y también ante unas posibles urnas el 10-N.

Mónica Oltra, vicepresidenta de la Generalitat Valenciana, dice que le paran por las calles de Valencia para decirle que, si hay nuevas elecciones, no irán a votar. Son personas que han votado a Compromís en su mayoría, y Oltra percibe con nitidez el hartazgo que hay en la calle por el bloqueo político, y lo imprevisible que puede resultar el 10-N.

En la Comunidad Valenciana gobiernan socialistas, Compromís y Podemos. Renovado el acuerdo del tripartito de izquierdas, diversas voces valencianas hablan de que ese gobierno de fuerzas de izquierda es trasladable al Gobierno central. Desde otras comunidades autónomas en que los socialistas gobiernan con Podemos, se traslada el mensaje contrario: no es trasladable a un Gobierno central.

Pedro Sánchez tiene claro que no es lo mismo el gobierno autonómico que el central, y tiene pavor a un exceso de poder de Pablo Iglesias, que en su pelea por las poltronas sigue aspirando a tener peso en un Gobierno sin estar él, colocando en puestos claves a personas de total confianza para él, que es como decir marionetas de Iglesias. 

Ahora puede “tocar” poder Podemos, en una proporción que no parece se repita en unas nuevas elecciones generales. Toca ceder ante el PSOE, guardando apariencias. Y desde Compromís, ERC, PNV y otros partidos de izquierdas se lo están pidiendo a Podemos. Piensan que más vale pájaro en mano que ciento volando, optar por lo práctico en medio de un teatro en que cada partido representa su papel.

En la calle se apunta una solución muy práctica: que no cobren los diputados hasta que haya Gobierno. Se llegaría a acuerdos muy rápidos.