Reflexiones sobre pasado y presente de la Infantería española. (2ª parte)

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…” y por verte temida y honrada contentos tus hijos irán a la muerte”… (Del Himno de Infantería)

Decía en otra ocasión que mi vida militar había estado ligada en unidades de combate, en concreto en dos magníficos Regimientos de alta operatividad (la operatividad dependía de los medios y presupuestos asignados a cada Unidad, eran suficientes y en raras ocasiones, escasos) el Vizcaya 21 (Alcoy-Alicante) y el Tetuán 14 (Castellón de la Plana) pertenecientes a la Brigada de Infantería Mecanizada XXXI de la División Maestrazgo Nº 3 (Valencia) durante 10 y 25 años respectivamente. Creo que no procede en estas breves reflexiones extenderme en describir historiales y hechos importantes de estos dos magníficos Regimientos, porque sería más bien propio escribir un libro monográfico sobre ellos en otra ocasión. Sin embargo no puedo dejar pasar la tentación de contar algo más sobre mis Regimientos, Vizcaya y Tetuán que marcaron carácter e ilusiones en mi vocación militar.

El Regimiento Vizcaya 21 fue mi primer destino. El impacto fue grande y hermoso. Pronto me di cuenta que había acertado en elegir la carrera militar y en especial las unidades del arma de Infantería. Con los soldados en guarnición, en especial en ejercicios y maniobras era feliz. Encontraba en ellos afecto, colaboración y dependencia reciproca; a veces, solo con sus miradas, notaba sus necesidades y problemas; atenderlos era tan gozoso como mandarlos. Esta realidad, esta cercanía y complicidad con aquellos hombres ha perdurado en mi vida y se lo debo al Vizcaya.

Durante los años que permanecí allí de Teniente, perfeccioné mi preparación militar, mandando toda clase de Secciones: de Fusiles, de Armas de Apoyo, Transmisiones, Morteros de 120mm… y la Sección de Comandos. Unidad que merece una mención especial. Estas Secciones de Comandos fueron creadas en cada Regimiento de la 3ª Región Militar como prototipo y ensayo de lo que años después serían las Unidades de Operaciones Especiales (COES, GOES, Boinas Verdes.) Cada unidad tenía nombres que las identificaban; mis comandos del Vizcaya se llamaban “Panteras Negras”, otras Tigres, Leopardos, Linces… Todas ellas eran el resultado de una selección de soldados, los mejores, los más preparados y por supuesto voluntarios de cada Regimiento, los mandos también; la alimentación y medios eran especiales y la instrucción intensa y continuada en el campo (vivacs, cuevas, grutas, túneles, al raso…) lejos del acuartelamiento. Semanalmente alternábamos información con ejecución de gran variedad de misiones: combate nocturno, supervivencias en climas extremos, en bosques y túneles, lucha en poblaciones, escalada a campanarios y puentes, cargas y explosivos, manejo y uso de toda clases de armas individuales y colectivas del Regimiento, golpes de mano, emboscadas, cercos, actividades subacuáticas, transmisiones… Para mí y para ellos fue un honor y un orgullo pertenecer a ella y mandarla durante cinco años.

Mis años en el Tetuán han transcurrido asimilando los valores y actividades que allí se practicaban. Todos los que hemos pasado por él, mandos y soldados, nos hemos formado bebiendo en dos grandes fuentes: una de servicio a la sociedad, en concreto a nuestra Patria con su Defensa (art VIII de la Constitución) y otra en la Formación y Preparación de nuestras Unidades, en concreto de nuestros soldados.

El Regimiento era para los mandos una continuación más de la formación moral, técnica y militar iniciados años atrás en Academias, Cursos y otras Unidades. Nuestros superiores eran destinados para el mando con unas brillantes hojas de servicios y otros por elección. Recuerdo con gran cariño y admiración a los generales Serrano, Vicario, Zamalloa y Jesús Salvador, ejemplos todos ellos de virtudes militares, en conocimientos profesionales y sobre todo en valores humanos; nos atraían como imanes e intentábamos imitarlos. Nunca les olvidaremos.

Nuestra vida militar en el Regimiento era intensa. Casi siempre estábamos de ejercicios y maniobras fuera del Cuartel. Las denominábamos “Alfa” (Unidad tipo Compañía en un lugar del Maestrazgo, 7 días cada trimestre) “Beta” (Batallón, Campo de Maniobras de Chinchilla, 10 días cada semestre, con fuego real) “Gamma” (Brigada o División, 15 días, anual en el Campo de Maniobras de San Gregorio en Zaragoza con fuego real y cooperación artillera y aeroterrestre) Para terminar el ciclo, el Regimiento organizaba y ejecutaba anualmente unas maniobras de guerrillas y contraguerrillas en el Maestrazgo (1500 hombres) en el que participábamos los dos Batallones y cerrábamos el calendario táctico anual del Plan General de Instrucción y Combate, y “comernos el turrón en casa”.

En los últimos tiempos, desde nuestra entrada en la OTAN, realizábamos también con otros países maniobras conjuntas de pequeñas unidades tipo Compañía en Italia y Alemania. Así, destaqué –en esta ocasión- a la 1ª Compañía de mi Batallón con el IV Batallón norteamericano a Malheim (Alemania) y nosotros recibíamos otra unidad similar norteamericana aquí en España simultáneamente, mediante transportes aéreos al campo de maniobras de Chinchilla (Base de los Llanos, Albacete) ejecutando ejercicios Beta conjuntos hispano-norteamericanos con fuego real, en las que no hubo diferencias en cuanto a preparación, eficacia y rendimiento profesionales, a pesar que nuestras unidades –con gran sorpresa del Tte Coronel norteamericano- entonces eran todavía de Reemplazo, no profesionales como ellos. Obviamente hay que señalar que el Mando de las unidades conjuntas en Alemania lo ejercía el Jefe norteamericano, y en España lo ejercía el Jefe que suscribe.

Con esta frenética actividad de las unidades de nuestras Fuerzas Armadas de mi época (ahora más) no se comprende que se dijeran aquellas frases de objetores de conciencia de que en la mili se perdía el tiempo…Pili sí, mili no…A parte de ser falso fue injusto, y lo que más molestaba en nuestras filas fue la falta de información veraz a la sociedad que no se daba, como las dudas sobre nuestro trabajo y vocación de servicio que se sembraba. Hoy en día ha cambiado y nuestras Fuerzas Armadas están mejor valoradas y reconocidas. A pesar de los pesares, me siento orgulloso y feliz de las unidades de mi época, que con unos medios y presupuestos, a veces escasos “hacíamos milagros casi como los de los Tercios”. El otro día contaba con satisfacción hasta 357 maniobras y ejercicios en mi Hoja de Servicios durante 46 años. Tengo 81 y gracias a Dios y a mi mochila, esterilla de dormir, a mi saco y tienda de campaña (todavía la conservo) me encuentro bien de salud, con una buena columna vertebral, y unos “pies de hierro” por lo mucho andado, dormido y echado por esta bendita tierra nuestra, como techo el firmamento. Quien diga todavía que “en la mili se pierde el tiempo” que venga y le daremos tarea con la UME (Unidad Militar de Emergencias) Termino con otra estrofa de nuestro Himno que nos llena de fuerza para seguir caminando…

…”De los que amor y vida te consagran, escucha España la canción guerrera, canción que brota de almas que son tuyas, de labios que han besado tu Bandera”…