Vergüenza periodística

He sentido vergüenza como periodista en más de una ocasión. No quiero acostumbrarme a deficiencias de nuestro trabajo, amparándome en que es un trabajo difícil. Nos llegan informaciones parciales, interesadas o tergiversadas con fines variopintos, que van desde el afán de notoriedad a la perversidad de hacer daño o buscar beneficios profesionales. Es nuestra “jungla”.

Con todas esas dificultades hemos de desarrollar nuestro trabajo, que muchas veces presta un gran servicio a la sociedad, pero que en otras ocasiones –por superficialidad o ligereza, por el afán de titulares aunque no respondan a la realidad, o por la causa que sea– nos obliga a ser autocríticos y reconocer errores. Todo profesional debe hacerlo. Sin ingenuidades ni utopías, no valen excusas, pues anda en juego nuestra credibilidad, la razón de ser del periodismo, que es informar, y no “desinformar”. Reglas de oro en el periodismo: documentarse con rigor, escuchar a las diversas personas implicadas en una información, y respetar la profesionalidad.

Me vienen a la cabeza estas consideraciones a raíz de las acusaciones de “nepotismo” contra quien ocupó el cargo de directora de Atención Primaria de Castellón, María-José Monedero, porque su marido pasó a ocupar el puesto de coordinador del Centro de Salud Rafalafena mientras ella ocupaba ese cargo. Montón cesó a Batalla, en vez de analizar sus méritos profesionales: otra pifia más de la consellera. En toda esa polémica, hay un hecho que me avergüenza: ningún periodista llamó o habló con la doctora Monedero, que es una excelente profesional y una persona honrada. Los médicos defendieron en todo momento a Monedero, pero dimitió y ha vuelto a su trabajo en el Centro de Salud Rafalafena, harta y asqueada por todo lo que sucedió, y feliz de nuevo en su trabajo como médico de familia, respetada y querida por colegas y pacientes. Luego nos quejamos de que buenos profesionales no quieran acceder a cargos políticos. A Monedero le sustituyó un médico de Compromís ¿se buscaba eso? Mal la consellera –un error más-, mal el periodismo.

Batalla como coordinador, ¿por qué no? No se puede afirmar que fue puesto a dedo por su mujer. Pero así se dijo, se publicó y sentenció: la consellera cesó a Batalla, y Monedero –contrariada y dolida– dimitió. ¿Algún interesado en defenestrar a Batalla, algún interesado en desgastar a la socialista Montón? Ningún periodista habló con Monedero. A veces somos cómplices de las intrigas e inquinas, por no contrastar.