Calidad educativa

Vicent Marzá, el conseller de Educación, ha anunciado algunas medidas para mejorar la calidad de la enseñanza, teniendo en cuenta el “freno” que han experimentado a causa de la pandemia, las medidas sanitarias que se juzgan convenientes y la apuesta económica de la Consellería para lograr ese objetivo. Ha deslizado, una vez más, que lo hará “especialmente en la enseñanza pública”. Es muy conocida la animadversión, teórica y práctica, del conseller hacia la enseñanza concertada, tras su declaración de guerra cuando llegó en 2015 a la Consellería, como si se tratara de una enseñanza elitista, para privilegiados e incluso insolidaria: “se acabó la barra libre para la concertada”. Y sigue en sus trece, una y otra vez, al igual que los demás líderes de Compromís, con la aquiescencia o complacencia –no queda claro si el “dejar hacer” es tan injusto como el “hacer”– del PSPV. Por encima de la calidad educativa, se defiende a ultranza la mejora en la enseñanza pública y se relega a la concertada, que le cuesta a la Consellería un 50% menos por puesto escolar, dato importante que se oculta.

En estos meses de cierre de centros escolares por el coronavirus, a todos nos han llegado comentarios o experiencias de cómo ha resuelto cada instituto o colegio la difícil situación, apelando al teletrabajo, el contacto telemático de los profesores con los alumnos, la dedicación y exigencia de unos centros y otros. La Consellería tiene datos de cómo ha afrontado esa situación cada instituto y cada centro concertado, pero una vez más no los dará a conocer, porque no le interesa. La realidad podría perjudicar el sectarismo de Marzá, aunque los padres son muy conocedores de lo que ha sucedido. Me llegan noticias de lo que se ha hecho en centros concertados, y la mayoría son excelentes por la dedicación del profesorado, que muchas veces han tenido que dedicar más tiempo a preparar las clases y garantizar sus deberes docentes que en circunstancias normales. Y me llegan noticias de centros públicos que dejan mucho que desear. Lo fácil es simplificar, atribuir a que las familias –y los alumnos, por tanto– de los centros concertados, tienen más medios técnicos para el teletrabajo. Así piensa quien conoce poco los centros concertados, en los que la mayoría de los padres hacen un esfuerzo económico para que sus hijos vayan a un centro con prestigio y calidad.

Hace poco leí un artículo de José María de Jaime titulado “Ni pública ni privada. Enseñanza buena”, en el que recoge la experiencia de su familia, sin prejuicios ni estereotipos. Marzá debería leer ese artículo, y también muchos padres. Sí, calidad.