El Papa, Évole y los periodistas

La entrevista de Jordi Évole en “Salvados” al Papa Francisco el domingo pasado no defraudó: 4.107.000 espectadores la seguimos, un 21% de audiencia. Los cuatro años y medio que Évole ha tardado en conseguirla han valido la pena, y es una prueba más de que la constancia también es una cualidad importante en el periodismo, no sólo la agilidad y trabajar en lo inmediato. Y prueba de que la calidad periodística también puede lograr excelentes audiencias. Se me hizo corta la entrevista: lo único que se me hicieron largas fueron las interrupciones publicitarias al final, dicho sea de paso.

El Papa Francisco se mostró como es: sencillo, accesible, alegre, comprensivo, que no le importa la fama, y, una vez más, sin temor a la conversación “cara a cara”, en este caso ante un periodista como Jordi Évole, a quien por su profesionalidad le atraía esta entrevista, y a quien le recordó que en los Evangelios está condensado lo que iba exponiendo.

Nada más acabar la entrevista diversos periodistas opinaron en redes sociales: una felicitación generalizada. Julia Otero, por ejemplo, en un ‘tuit’ escribió: “Si fuera creyente, me sentiría orgullosa de este Papa. Como ciudadana, me merece un enorme respeto. Enhorabuena equipo de “Salvados”.

El momento en que Francisco abordó los cuatro defectos del periodismo fue de enjundia. Mencionó y desarrolló esos cuatro defectos: la desinformación, la calumnia, la difamación y la coprofilia. Évole recogió el “guante”, asimilando que estaba tocando problemas muy reales –y por otro lado no sencillos con frecuencia para un periodista y un medio-, y que a todos los periodistas nos afectan en mayor o menor medida.

La desinformación o la información incompleta viene a ser casi lo mismo. Respecto a la calumnia y la difamación, comprobamos su realidad y lo difícil que es reparar el daño hecho. Sobre la coprofilia -hurgar en los excrementos, subrayar y recrearse en la basura de la sociedad, insistir en lo negativo y cruel casi evitando lo positivo, llenar de sucesos escabrosos la información-, lo comprobamos a diario.

Refugiados, muros, guerras olvidadas, aborto, homosexualidad, abusos en la Iglesia, feminismo -¡con qué humildad rectificó una reciente afirmación suya y explicó su pensamiento!-, y un amplio etcétera se trataron en la entrevista, también con humor. En todas esas cuestiones influye el trabajo periodístico y los defectos que enumeró el Papa. No entró en proponer pautas para un trabajo periodístico con más ética, pues nos toca a cada profesional, y desde luego es un trabajo dependiente de directivos y empresas propietarias: que sea difícil no nos exime de seguir avanzando. Sus reiterada alusión a la Doctrina Social de la Iglesia sí ofrece ya unas pautas para el periodismo.

Desde luego, a quien no viera completa la entrevista de Jordi Évole, sea o no periodista, le animo a verla entera, no sólo releer titulares seleccionados o vídeos abreviados.