Totalitarismo educativo

Asistí el pasado lunes a la presentación en Castellón de la campaña #yoelijo reclamando el derecho a una educación en libertad, ante los reiterados ataques que está llevando a cabo el actual Consell contra la enseñanza concertada, que suma la significativa cifra de 730 centros y 150.000 familias en la Comunidad Valenciana. Pese a que la legislación internacional y la española reconocen ese derecho, las trabas y obstáculos reales que se están poniendo merecen una reacción proporcional a la gravedad de los hechos, y de ahí ha surgido la mencionada campaña, que sólo en seis días ya ha recogido más de 10.000 firmas de adhesión. Toda la información de esta campaña -bajo el lema de que sin educación en libertad no hay democracia- así como el acceso a adherirse figuran en www.yoelijoeducacion.com.

Los totalitarismos tienen muchas caras. Es lo que sucede con el totalitarismo educativo, por el que el Estado –y ahora el Consell– pretende arrebatar a los padres su derecho a una educación en libertad. No bastan más de 30 sentencias en la Comunidad Valenciana tumbando los ataques. Ni leyes ni jurisprudencia parecen detener a los enemigos de la libertad, por lo que urge la movilización social. Como titulares de centros, los tres obispos valencianos –D. Casimiro López lo hizo el lunes– y otras entidades se han puesto al frente de este campaña, necesaria y urgente. Falta comprobar la reacción de los padres, que son los primeros que tienen el derecho a elegir educación, pero también deberían ser los primeros en movilizarse: ahora tienen una ocasión de despertar, firmar, hablar y escribir sin complejos, y de complicarse  la vida implicándose  más en AMPAs y Consejos Escolares. La concertada es un derecho, no un privilegio ni algo subsidiario, sino fruto de la legítima iniciativa social.

Se está vulnerando el derecho a la libertad en la educación de modo sistemático y programado, vaciando de contenido declaraciones de diversos textos legales. Falta también la libertad al establecerse la zonificación: un padre debería tener el derecho de llevar a su hijo a un centro público distinto al de su zona. Se pregona “escuela única, laica y pública”, en contra del pluralismo, para imponer una determinada ideología. Se priva a los centros concertados de medidas que favorecen la enseñanza del inglés o la integración de alumnos con dificultades. Y se esconde que un puesto escolar en la pública cuesta a la Administración el doble que en la concertada. Ya se ve que la libertad es y será una conquista permanente, y tiene un precio: exigirla sin temores.