Comida en el Tetuán

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El viernes, 23 de Marzo, fue un día muy emotivo para mí. Componentes del desaparecido Regimiento Tetuán nº 14 nos reuníamos a comer y lo hacíamos dentro del Acuartelamiento, en lo que fue una nave de tropa de una de sus compañías hoy “Centro Asturiano”. Dos grandes sentimientos ante una misma situación. Por un lado la alegría de volver a ver a mis antiguos jefes, compañeros y subordinados de los que tanto aprendí en mis comienzos como militar profesional. Por otro la nostalgia de ver, 23 años después de su cierre, el Acuartelamiento donde viví mis más intensos años de milicia, durante los empleos de Alférez en prácticas, Teniente y Capitán. Infinidad de recuerdos y vivencias llegaban a mi mente mientras observaba los diferentes edificios que hoy albergan a la Policía Local, Bomberos, SAMU, Protección Civil, el Aula Militar Bermúdez de Castro y el museo que recoge la historia militar de Castellón. Este evento solía celebrarse el día 4 de Febrero, festividad de San Andrés Corsino, patrón del Regimiento, por ser esta la fecha de la Batalla de Tetuán, origen de la creación del Regimiento, pero al margen de la tradición lo importante era volver a juntar a tantos ex componentes del mismo.

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Entre sus muros me formé como oficial, aquí forje muchas de las virtudes militares aprendidas en la Academia, y allí, junto a mí, estaban con sentimientos similares, quienes pintando más canas que yo, fueron mi ejemplo a seguir. Allí estaba, tras haber viajado al evento desde Toledo, mi primer capitán, el capitán Atarés, años después Comandante Jefe de la 3ª Sección de mi Batallón, el Batallón Tetuán, con la misma sonrisa y despertando la misma ilusión con sus palabras que cuando llegué a la Compañía de su mando, la 2ª Compañía del I Batallón (VAE VOBIS EO), como alférez en prácticas en 1984. Pude saludar también al entonces Comandante Hernández Jefe de 4ª de mí Batallón o el de 4ªRegimental Cte de la Iglesia, o jefes del batallón hermano como el entonces Tcol Urios o Cte. Laguna . También se encontraban dos de los Coroneles que pasaron por el mando del Regimiento en los 7 años que presté mis servicios en él, los hermanos Eduardo y Enrique Guillen. Como no podía ser de otro modo, la Primera del I BON “Siempre la Primera”, mi compañía durante 2 años de Teniente y 5 de Capitán, había logrado reunir a tres de sus antiguos Jefes el capitán Traver y el capitán Ventura además del que suscribe. También pude hablar con antiguos compañeros de empleo Severiano, Carsi, Blasco o Baena y con más de un esforzado suboficial, que tanto hicieron por el excepcional espíritu de este regimiento como Bayot, Jeremías, Pardo, Aledo, Rovira, Guillen, Abad…. Quería saludar, estrechar sus manos con las mías y hablar con todos, pero no era posible, no había tiempo suficiente para estar con todos. (pido disculpas a los que no he nombrado, pero solo se trataba de poner ejemplos)

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Tras unas palabras del organizador del evento Coronel Marzol Presidente de la Delegación de La Hermandad de Veteranos  y otras del Coronel Eduardo Guillen como más antiguo de la reunión, entonamos el himno de infantería, que sonó en nuestras gargantas más aguerrido que nunca, orgullosos de haber pertenecido a la mejor infantería del mundo, “La Infantería Española” y a uno de los regimientos donde mejor se practicaron las virtudes infantes de “El a pie y sin dinero” de Camilo José Cela y las del verso de Calderón en donde “La más principal hazaña es obedecer”.

Y es que El Regimiento de Infantería Tetuán 14 era uno de los Regimientos con más prestigio de España en cuanto a preparación y dureza. A ello contribuyeron sin duda factores como la agreste orografía de la Provincia de Castellón, con los fuertes desniveles del Maestrazgo y la intransitable Sierra de Espadán, o como el alto espíritu de Unidad que impone el esfuerzo colectivo de sus componentes, o la madre, como si se tratara de un buen vino, que habían ido depositando los extraordinarios profesionales que nos precedieron, que con su ejemplo y fuerza de voluntad dieron una excelente solera al regimiento que debíamos mantener y superar. En esta unidad solo se hablaba, se practicaba y se  vivía la milicia en mayúsculas  y se trabajaba con un contagioso y sano espíritu competitivo entre compañías que incitaban a la superación.

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Durante décadas, miles de jóvenes soldados se desplazaban desde los distintos  puntos de España a sus instalaciones, para cumplir con su derecho y deber de servir en el ejército, celebrándose en su patio de armas impresionantes Juras de Bandera, donde estos se comprometían en la defensa de España.  No obstante, muchos de los presentes fuimos testigos impotentes de la decadencia del acuartelamiento y su doloroso cierre y traslado a la Base de Bétera el 30 de Junio de 1995 como consecuencia de la aplicación del Plan Norte (Nueva Organización del Ejército de Tierra). Yo que había visto la actividad frenética de unas Compañías que formaban al completo de efectivos a las 8 de la mañana para cumplimentar el programa de instrucción en el Campamento de Montaña Negra, hacia donde nos dirigíamos desfilando y regresábamos a paso ligero y cantando atronadores cánticos militares, yo que viví impresionantes temas tácticos en los campos nacionales de Maniobra de San Gregorio y Chinchilla y que sufrí con mi unidad marchas de endurecimiento interminables, y que experimenté circunstancias extremas de instrucción de combate como el cruce de un batallón completo del cauce del rio Júcar en pleno Enero y con temperaturas bajo cero o permanecer una noche completa lloviendo en una posición defensiva con agua hasta las rodillas, fui observando cómo esta extraordinaria Unidad iba perdiendo efectivos de tropa paulatinamente hasta cuotas de personal insoportables siquiera para dar seguridad al acuartelamiento. La causa principal fue la entrada en vigor de la Ley de Objeción de Conciencia y del Servicio Social Sustitutorio desarrollando el artículo 30 de la Constitución española, que reconoce el derecho de objeción de conciencia como causa de exención del servicio militar obligatorio. El problema es que dicha ley premiaba más la excepción que el cumplimiento del derecho y deber de defender a España que marca dicho artículo, ya que el Estado no era capaz ante tanta demanda de crear suficientes plazas de dicho servicio civil sustitutorio, por lo que se tardaba o incluso no se llegaba a llamar a realizarlo, además en los lugares donde se realizaba, no existía o no se exigía el suficiente control de cumplimiento, por lo que de algún modo los que optaban por el servicio militar podríamos calificarlos como voluntarios, siendo el sistema más graciable con el que se excusaba del cumplimiento de un deber, que con el que lo cumplía. Más tarde en 2002, fue necesario el implementar el ejército profesional ya que, si sin conflicto se daban esas cifras de objeción, ¿cuántos podrían cumplir en caso de conflicto bélico?.

Un mes después de trasladarme con lo que quedaba de personal y material a la base de Bétera, en Agosto de 1995, solicité destino y abandoné el regimiento.  Finalmente por resolución 242/2002, de 19 de noviembre, el Regimiento de Infantería Tetuán nº 14, causaba baja definitiva.

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