Contra alarmismo, rigor

El coronavirus se ha ido extendiendo por el mundo, y también en España estos últimos días con mayor incidencia. Se observan conductas que van desde la despreocupación hasta la histeria. No me parece razonable, por ejemplo, que ahora hagamos acopio de alimentos en casa, por si acaso. Opino que la mejor arma contra la epidemia de coronavirus es el rigor, por parte de todos. Muchos nos atribuyen a los medios de comunicación la responsabilidad máxima de la alarma excesiva que existe, y eso requiere una explicación. Habría que distinguir entre medios de comunicación y redes sociales, en las que no sólo se difunden noticias de los medios sino impresiones o comentarios de cualquier persona, de diverso valor. Pero admito que yo he leído o visto informaciones en medios de comunicación que me han parecido fuera de lugar, inoportunas o inexactas, por lo que en esta alarma social algo o bastante podemos tener de responsabilidad los medios de comunicación.

Recibimos muchas críticas estos días. Muchas proceden de amigos o conocidos que trabajan en hospitales, entre ellos médicos, que se indignan de muchas informaciones, porque dicen que no se elaboran tablas comparativas con otras enfermedades o epidemias, o se evocan epidemias catastróficas, y lo achacan a que vamos en busca de titulares continuamente sensacionalistas, a captar lectores o audiencia, pero con falta de rigor. Un médico me comentaba que ahora hay más afectados por el SIDA que cuando apareció, y no se dice.

Cuando se ha pedido opinión a un entrenador de fútbol, como Jürguen Klopp, entrenador del Liverpool, sobre el coronavirus, ha sido muy sensata su contestación alegando que no es la persona adecuada para tratar esa cuestión: pero hay que reconocer que la pregunta se la hizo un periodista, por lo que volvemos a la responsabilidad de los medios de comunicación.

El rigor ha de estar en los especialistas médicos, en los epidemiólogos, y no en cualquier médico o científico que se crea que puede hablar a fondo sobre la cuestión, o predecir la evolución. Me cuenta alguien que trabaja en tratar y contener los contagios que se sorprende de que haya neurólogos o físicos hablando a los cuatro vientos sobre el coronavirus. ¡Que hablen sólo los especialistas! Y rigor también en autoridades políticas y sanitarias. Sin miedo al posible  coste electoral, sin miedo a la transparencia, poniendo por delante la verdad en esta cuestión, sin partidismos.