ESPAÑA, el JUGUETE FAVORITO de Juncker

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Se dice que Juncker está orgulloso de España. Es su país favorito. Suele contar a sus íntimos que a pesar de todos los incumplimientos, a pesar del empobrecimiento que nos han provocado, a pesar de que no nos dan ninguna perspectiva de futuro, sabe que no va a pasar nada, que España sigue siendo ese país del sur, ignorante y estúpido, al que se le puede hacer de todo sin que proteste, porque es tan dócil como un perro.

La realidad es que sigue instalada en la población una tremenda ignorancia sobre lo que la UE ha supuesto para nosotros, y seguimos sonriendo y babeando, como idiotas, cada vez que alguien menciona el “proyecto europeo”, de forma que todo el mundo, en cuanto puede, se hace una foto con la bandera europea, como si fuera “lo mas”.

Podemos tomar en cuenta, para ello, lo que nos dice el Eurobarómetro de 2019. La conclusión es que, de una forma totalmente infantil, los españoles son grandes entusiastas de la UE. En estos momentos, aún piensan, de forma mayoritaria (83% de la población) que:

  1. Las instituciones europeas son más fiables que las españolas. (Esto es típico español, siempre se tiende a ver mejor a los extranjeros que a sus conciudadanos)
  2. Se tiene una confianza ciega en Europa. Por lo que apoyan la UE. Aunque no sepan muy bien en que consiste esta confianza.
  3. Apoyan el euro. Sin haber reflexionado en si en realidad les conviene o no. Simplemente lo apoyan porque les gusta tener la misma moneda que los alemanes…

Sin embargo, como no podía ser de otra forma, hay algo que en el fondo falla; pues este infantil entusiasmo europeo, contrasta, choca fatalmente, con la percepción que los ciudadanos tienen de la realidad, de manera que si bien se muestra una exaltación pro europea, existe, al mismo tiempo, también un pesimismo evidente ante la situación existente. No parecen, por tanto, actitudes o respuestas demasiado coherentes.

Así, cuando a los españoles se nos pregunta ¿qué pasa con el empleo?. La perspectiva es muy negativa al respecto. No se le ve solución. Sin embargo, seguimos confiando en ¿Europa?, o al menos no la culpabilizamos de la precarización económica que sufrimos. ¿Alguna relación entre el paro y la UE?, “no, por Dios”, a nadie se le ocurriría relacionar una cosa con otra.

De forma que se tiene una visión muy pesimista de la situación económica. No se le ve salida a la situación, pero todavía nadie culpa a la UE de este hecho. No le atribuyen ninguna cuota de responsabilidad. Nadie tiene muy claro por qué sólo se genera empleo en Madrid que se está superpoblando de manera exponencial, y de por qué el resto de España se está vaciando a la misma velocidad, de por qué los hijos ahora siempre tienen que emigrar para encontrar trabajo, o porque nuestros productos agrícolas no se pueden vender.

Otros temas que también preocupan son las pensiones y la inmigración, aunque claro, tampoco se las relaciona con la UE.

La evidencia es que nadie se ha preguntado en serio si la UE nos beneficia o nos perjudica. No parece que nadie se haya tomado el trabajo de reflexionar sobre ello. ¿La UE ha cumplido sus obligaciones para con España?. Todo el mundo se deja llevar, sin más, como miembros de la masa adormecida, por los estupendos telediarios del mediodía y el bonito azul de la bandera con sus estrellitas.

Sin embargo, hacemos notar algo demasiado evidente, es el momento de dejar algo muy claro, por si a alguien no se le había ocurrido. Pensemos únicamente en un hecho: si cuando vamos a una simple reunión de comunidad de vecinos, hay disputas por diez euros, por veinte, por cien… hay controversias y críticas, discusiones entre los vecino, desconfianzas y hasta peleas... Si los políticos nacionales que están aquí, con nosotros, dentro del país, nos roban en nuestras narices y cuesta descubrirlos; si las propias políticas locales son ya una fuente constante de defraudación… ¿de verdad estamos seguros que a 1.600 kilómetros de distancia, en Bruselas, tratando asuntos de miles y miles de millones de euros… nuestro futuro, de verdad creemos que nuestros intereses van a estar defendidos? ¿y por quien?, ¿por unos extraños desconocidos, por unas supuestas instituciones europeas? ¿por unos políticos con los bolsillos llenos que juegan al golf y van de viaje a las islas griegas?.

Mucho nos tememos que ineludiblemente ha llegado el momento de que empecemos a llamar las cosas por su nombre y tomemos consciencia de la realidad: la UE es cualquier cosa menos Disneylandia.