Guerra contra la concertada

Vicent Marzà, conseller de Educación, declaró la guerra a la enseñanza concertada nada más tomar posesión de su cargo. Lo hizo con la desafortunada declaración de que “se ha acabado la barra libre para la concertada”. O llegó al cargo con ese fin prioritario y sectario, o seleccionaron a Marzà en Compromís para llevar a cabo esa tarea, que en el fondo es lo mismo. Con la cantidad de retos y mejoras que existen en la enseñanza, es asombroso que centre sus energías en ir contra un importante y democrático sector educativo, que existe porque así lo quieren los ciudadanos, pues de lo contrario no tendría el peso que tiene en la sociedad.

La prioridad de un conseller de Educación es mejorar la educación, no imponer una enseñanza única, un pensamiento único. Partido único, prensa única, enseñanza única nos hacen recordar, por desgracia, autoritarismos que deberían pertenecer al pasado, pero se ve que el maestro Marzà tiene una idea muy distinta a la que expongo sobre la libertad, la democracia y la enseñanza. Y si Marzà dice lo que dice, y actúa como actúa, es porque Compromís y el tripartito comparten y/o consienten lo que está diciendo e intentando llevar a cabo.

El conseller ha de tener en cuenta que una cosa son sus preferencias o ideas personales, y otra muy distinta la legislación vigente y la libertad de los demás. Marzà está contra la enseñanza concertada, la privada y, por supuesto, contra la diferenciada, la que se dirige a centros que son para chicos o chicas. Todo casi en el mismo cesto, pues le molesta la libertad de quienes eligen centros de educación diferenciada, privados no concertados o privados concertados.

Con fecha 27 de julio, la Federación Católica de Padres de Alumnos solicitó al conseller una entrevista. Hasta la fecha, ni ha contestado el conseller. Ponga el lector el calificativo que prefiera, pero perfectamente se puede calificar como dejación de deberes de un cargo público, que al menos ha de contestar a una solicitud de una entidad representativa de la educación, sin entrar a considerar el sectarismo de este olvido.

Marzà ha de tener presente que ha declarado la guerra a una parte importante de la sociedad, que quiere ejercer sus derechos, que defiende y defenderá su libertad, y que sabe que la ley está de su parte. Marzà debe cambiar su estilo amenazante hacia la privada en todas sus formas y darse cuenta de que es conseller de todos, aunque no le guste personalmente.