Incoherencias, chapuzas y choques por la pandemia

Quien tenía dudas del civismo de los españoles para vivir las medidas sanitarias que se van aprobando, después de más de un año le han desaparecido. Que en algunos lugares o un reducido número de los 47 millones de españoles no las vivan no empaña la afirmación anterior.

Sin embargo, civismo no significa sumisión cerril de los ciudadanos, mutismo de las organizaciones sociales competentes o aceptación acrítica por parte de la sociedad. Los gobernantes deben escuchar a la sociedad –a la que dicen “servir”– e ir de la mano, sin suplantarla ni ignorarla, una y otra vez.

Nos molesta que las autoridades sanitarias, en ocasiones, decidan o cambien de criterio engañándonos, o no dando las razones, o no dialogando con los sectores afectados, como es el caso de los centros escolares, las residencias de mayores o la hostelería, por poner algunos ejemplos en que ha faltado diálogo, escucha previa.

Es como si las autoridades desconfiaran de los responsables de esos sectores, cuando en realidad son los más interesados en que se controlen los contagios, se reduzcan las famosas “olas” y reine la prudencia.

Otro aspecto que molesta a la sociedad es que se tomen medidas sin explicar los motivos, tratándonos de modo infantil, ocultando datos, y en definitiva no tratándonos como ciudadanos adultos.

Es el caso de estas vacaciones de Semana Santa: cierre perimetral en las comunidades autónomas, y los extranjeros pueden venir de vacaciones. Un alemán puede ir a Palma de Mallorca pero un valenciano no; un inglés puede ir a Alicante pero un madrileño no; un francés puede ir a Salou pero un aragonés no. Es una incoherencia.

Siempre se ha dicho que lo que no se puede explicar es porque no se sabe, o no se sabe bien. Resulta esperpéntico escuchar o leer declaraciones de altos cargos políticos sobre estas restricciones nacionales en vacaciones y a apertura a extranjeros: “comprendo que resulte difícil de entender” o “acepto que no se entienda esta medida”.

En el capítulo de las chapuzas podríamos incluir unas cuantas: Fernando Simón diciendo que no son necesarias las mascarillas, y luego que hay que llevarlas obligatoriamente, para acabar en la recién aprobada Ley de Nueva Normalidad; o bien el ritmo de vacunación y los sectores vacunados en España, que “va más lento que el caballo del malo en las películas”, como suele decirse castizamente.

En la Comunidad Valenciana, por poner un ejemplo, ayer desveló José-María Toro, presidente de AERTE –Asociación Empresarial de Residencias y Servicios de Atención a la Dependencia en la Comunidad Valenciana- , que en las viviendas tuteladas de salud mental se sigue sin vacunar a las personas usuarias a pesar de ser nivel 1 de prioridad, y sólo se ha citado a los profesionales. Intolerable.

¿Quién tiene más interés en se aborden adecuadamente las cuestiones, el Gobierno valenciano o la patronal de las residencias y viviendas tuteladas, las conselleras Ana Barceló y Mónica Oltra, o José-María Toro? Al menos, el mismo interés, para no entrar en comparaciones. Claro que han tenido “choques”, pero es legítimo –y hasta un deber– que el presidente de las residencias de mayores tome iniciativas, pida explicaciones o reuniones.

El presidente de la patronal de residencias valencianas también reclama que se flexibilicen las restricciones en las residencias de mayores, teniendo en cuenta los excelentes datos ¡y que desde hace más de un año viven prácticamente encerrados los ancianos! Se dan los niveles más bajos desde el comienzo de la pandemia en la Comunidad Valenciana, destacando lo que Toro denomina el “triple cero” en las residencias durante estos días: cero residentes contagiados, cero trabajadores, cero fallecimientos.

La Comunidad Valenciana ya es la región europea con menor incidencia acumulada del coronavirus, con apenas 26 contagiados por cada 100.000 habitantes. Pues bien: Ximo Puig baraja prolongar el cierre perimetral y el toque de queda hasta el 9 de mayo, nada de flexibilizar el 12 de abril. El objetivo es lograr “covid cero” para el verano. Pero no dialoga con la sociedad Ximo Puig, no pregunta a hoteles y bares, ni residencias de la tercera edad.

Se evoca con frecuencia el estilo de gobierno “todo por el pueblo sin el pueblo”. Puesto que el coronavirus nos afecta a todos, hay que escuchar a la sociedad continuamente, y pedir perdón cuando se cometen errores, que no han faltado en la pandemia.