Juan Luis VIVES Y SU LENGUA MATERNA

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Valencia siempre estuvo presente en los sentimientos íntimos del humanista. En el tratado In somnium Scipionis (1519), concretamente en misiva que Joannis Ludovici Vivis dirige al reverendísimo Señor don Erardo de la Marca, obispo de Lieja y Arzobispo electo de Valencia, le manifiesta el aprecio y cariño que sentía por su ciudad natal en los siguientes términos: “Los loores de Valencia, que acaso no sean de este lugar ni de este tiempo, requieren espacio mucho mayor que el que pueda o deba darle una simple carta. A mí me impone una reserva pudorosa la consideración de que hablo de mi patria querida con un afecto tan entrañable como el que proceso a mis amores más dulces y no quisiera que ese mi encomio entusiasta fuera sospechoso de jactancia”.

El cultivo de su lengua materna fue uno más de los aspectos que unió al humanista Vives con sus orígenes valencianos por vía paterna y materna.

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Su lengua nativa, el valenciano, fue empleada por todos sus familiares y era el vínculo de expresión habitual como lo demuestran los registros inquisitoriales incoados que reflejan el proceso a que fue sometida su familia y que quedó constancia en las declaraciones de su madre Blanquina March. En este mismo idioma se expresaron otros miembros de la familia Vives y March al ser interrogados por el Santo Oficio de la Inquisición, como se recoge en el proceso inquisitorial publicado en 1964 por M. de la Pinta Lorente y José María de Palacio.

Vives empezó a aprender latín en Valencia, siendo muy joven, probablemente tomando como base el valenciano.

Los biógrafos señalan que tuvo como primer profesor al maestro Tristany, y prosiguió sus estudios con Jerónimo Amiguet y con Daniel Sisó a quien menciona en términos laudatorios en el texto de las primeras declamaciones de Vives publicadas en París (1514).

Por estos años proliferaron en Valencia ediciones de obras escritas en lengua valenciana, idioma que había alcanzado la condición de lengua literaria. Estábamos en el “Segle d’Or de les Lletres Valencianes”. Numerosos autores cultivaban esta primorosa lengua, redactando excelentes obras y haciendo profesión del sentimiento propio de conciencia idiomática singular valenciana, como plasmaron en sus producciones literarias, en actas notariales y en documentos eclesiásticos.

La primera edición valenciana de la Gramática latina de Nebrija (1505) iba acompañada de la traducción al valenciano de las voces castellanas que había incluido el autor en el texto.

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Nuestro humanista universal Juan Luis Vives en su tratado De Institutione faeminae christianae, publicado en 1523 y dedicado a la reina de Inglaterra, Catalina de Aragón, reivindica para la mujer el derecho a ser educada y resalta la labor formativa de la mujer en la familia. En dicho tratado el autor señala: “a mi Valencia, conquistada a los agarenos por Jaime I, rey de Aragón, a esta ciudad mía, expulsados los árabes, ordenó que inmigraran hombres aragoneses y mujeres leridanas para que la repoblasen. Los hijos nacidos de ambos conservaron el habla de sus madres, la misma que hablamos hace más de doscientos cincuenta años”, es decir valenciano. Obra que fue elogiada por Erasmo de Rotterdam y por Tomás Moro, y traducida y publicada en diversos idiomas.

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El humanista erasmista y filólogo Juan de Valdés, (Cuenca, 1509-Nápoles, 1541) de reconocida hidalguía y de ascendencia materna en tres cuartas partes de familia conversa, coetáneo de Juan Luis Vives, escribió en su obra Dialogo de la lengua que además de la lengua castellana que es latina existían “las otras quatro maneras de lenguas que oy se hablan: como son la catalana, la valenciana, la portuguesa y la vizcaína”.

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Gregorio Mayans i Siscar señala en su Vivis Vita que Cosme Damiá Savalls - primer catedrático de griego de “l’Estudi General Universitat de Valencia” - se sirvió en la redacción de su obra Oratio paraenetica de optimo statu reipublicae litterariae constituendo (1531) de una epístola de Juan Luis Vives “al jurats” o magistrados municipales del Patronato de la Universidad de Valencia, escrita en valenciano. La referencia es concreta, aunque por desgracia no se ha podido encontrar dicha carta.

El latín, como lengua culta, fue la lengua habitual en sus múltiples escritos. Mostró en su obra un gusto especial por lo clásico. Conoció también el griego, al menos en sus rudimentos. Debemos incluir a nuestro filósofo y pedagogo dentro de un humanismo literario ecléctico y enciclopédico.

Las dos lenguas nativas de su infancia fueron el valenciano y el castellano con las que se expresó Vives con los innumerables compatriotas que encontró en Francia, Inglaterra y Países Bajos. En castellano debió hablar con la Catalina de Aragón, casada con el rey de Inglaterra Enrique VIII. Y en este idioma escribió a Juan de Borja, duque de Gandía, a quien dirigió una epístola que se conserva de Luis Vives en esta lengua.

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Para Vives uno de los objetivos de la enseñanza es el aprendizaje de los idiomas, tanto de las lenguas clásicas como de las lenguas nativas. Considera los idiomas indispensables para enriquecerse de cultura y ampliar y profundizar en conocimientos.

Su bilingüismo favoreció su capacidad de aprendizaje de otros idiomas. Dominó el francés, hasta causar la admiración del mismo Erasmo de Rotterdam, el inglés que utilizó con buen arte en Oxford y en Londres, el italiano que leía con facilidad, el holandés que emplearía en la vida cotidiana en su segunda patria belga. Probablemente, esta sería junto con el valenciano vernáculo de su familia política, la lengua de su hogar de Brujas, ciudad donde había nacido su esposa, Margarita, y en la que los Valldaura y los Sirven - suegro y suegra de Vives - llevaban establecidos casi dos generaciones.

Juan Luis Vives tomó una actitud positiva respecto a los idiomas modernos, posición que contrasta con la de su maestro Erasmo y con el hecho de que compusiera, prácticamente, toda su obra literaria en latín. Según el erudito Lorenzo Riber, fue el primero de los humanistas del Renacimiento que sostuvo, en la teoría y en la práctica, que el latín tenía que aprenderse a partir del vulgar materno de los estudiantes, teoría expuesta en su tratado De Disciplinis.

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Polifacético y diletantista, Juan Luis Vives y March es uno de los prototipos del Renacimiento. La elección del latín como vehículo de expresión literaria le vino impuesta por los usos contemporáneos. Aunque las lenguas nacionales fueran usadas en la literatura y en la historia, eran casi impensables en el cultivo de la filosofía. Para Vives y todos los humanistas de su tiempo, la filosofía comprendía todo lo demás. El latín fue la lengua común de explicaciones de lecciones y ejercicios en las universidades de París, Lovaina u Oxford, entre otras, y en ello fue consecuente con su tiempo.

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Como políglota que era, Vives leía obras redactadas en diversos idiomas. En su tratado Instrucción de la mujer cristiana se mostró crítico por el contenido de diversas novelas, vituperando y calificando despectivamente numerosas obras, no por el idioma en que estaban redactadas, sino por su temática. Entre las que se pueden citar de España: el libro de caballería Amadís de Gaula, la novela de caballería, escrita en idioma valenciano, Tirant lo Blanch, la tragicomedia de la alcahueta Celestina; de Francia: París y Viana, y Ponto y Sidonia; de Bélgica: Florio y Blancaflor, y Curial y Floreta, y otras escritas en latín y traducidas a las lenguas romances: el Decamerón de Boccaccio. Todas estas obras, según Vives, fueron compuestas por hombres ociosos. Asimismo, cita una extensa relación de obras que recomienda que deben leerse por su temática religiosa y contenido formativo para las doncellas y las mujeres. Entre ellas, aconseja leer títulos como los Evangelios, Hechos de los Apóstoles, libros históricos y morales del Antiguo Testamento, Vidas de Santos, y autores clásicos greco-latinos: Platón, Cicerón, Séneca.

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Vives fue un ejemplo de vida y un erudito humanista que profundizó en diversos campos de la sabiduría, exponiendo concienzudas y meditadas reflexiones.

   

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José V. Gómez

José Vicente Gómez Bayarri es Licenciado en Filosofía y Letras, Doctor en Historia, Catedrático de Geografía e Historia, Académico de número de la RACV y Medalla de Plata de la Ciudad de Valencia.