La CEDA gana las elecciones generales de 1933: ¿Por qué no gobernó?

Elecciones 1933

El 19 de noviembre de 1933, en España durante la Segunda República, se celebraron elecciones generales. Con el desprestigio del gobierno y tras la disolución de la coalición republicano-socialista que había sustentado al gobierno de Manuel Azaña, el presidente de la República Niceto Alcalá-Zamora decidió la disolución de las Cortes elegidas en junio de 1931 y convocar elecciones generales. Una de las características más importante de estas elecciones es que por primera vez votaban las mujeres (Sufragio Universal). La victoria fue en primera ronda para el partido de José María Gil Robles, CEDA, de tendencia derechista. La segunda, el 3 de diciembre, refrendaría el triunfo de las derechas. ¿Pero si ganó la CEDA, por qué no gobernó? 

En poco más de dos años se había producido un vuelco impresionante en el panorama político español. De un triunfo aplastante de las izquierdas y de los partidos republicanos en 1931 a un triunfo igual de aplastante de un partido no republicano y de derechas. El centro derecha obtuvo más de cinco millones de votos, mientras la izquierda recibía tres. La extrema derecha quedaba en 770.000, y los grupos comunistas en casi 200.000. El partido de Azaña bajó de 26 diputados a 6, y el propio Azaña no osó presentarse por su partido y por Madrid, sino que lo hizo por Bilbao en la candidatura de su amigo Prieto, pues de otro modo habría perdido el escaño, con toda probabilidad.

La coalición de la derecha no republicana obtuvo en torno a los 202 diputados (de los cuales 115 eran de la CEDA, 30 de los agrarios, 21 de los tradicionalistas, 14 de los alfonsinos de Renovación Española y 18 independientes de derecha, uno de Falange Española y otro del Partido Nacionalista Español), mientras que el centro-derecha y el centro obtuvieron 172 diputados (102 de Partido Radical, 9 de los liberal-demócratas, y 3 de los progresistas; 11 del PNV; 24 Lliga Regionalista; Partido Republicano Gallego, 6; Partido Republicano Conservador, 17) y la izquierda vio reducida su representación a 91 diputados (59 el PSOE; 17 ERC; USC 3; Acción Republicana, 5; federales 4; Radical-Socialista independiente 3). Se había producido un vuelco espectacular respecto de las Cortes Constituyentes de 1931.

Los motivos principales del vuelco electoral fueron los siguientes:

1. La formación de coaliciones por parte de la derecha: Jose María Gil Robles consiguió aglutinar el voto católico, conservador y el no marxista, con la fundación de la CEDA Confederación Española de Derechas Autónomas que se coaligó con otras formaciones de derechas, en su mayoría no republicanas, a efectos de lograr un mejor resultado electoral

2. El voto femenino, que como se preveía era más conservador por estar más influenciado por la Iglesia Católica.

3. El caos y en la incapacidad del gobierno de izquierdas por controlar los distintos incidentes violentos que se fueron produciendo a lo largo de la legislatura con la eliminación de la presencia de la Iglesia en la enseñanza, seguidos de ataques violentos a los lugares de culto católico o con procesos a antiguos políticos monárquicos, los disturbios violentos Anarquistas se sucedían sin que el gobierno de la República fuera capaz de dominarlos, los sucesos en Castelblanco y Arnedo en Enero de 1932, donde los socialistas provocaron sendos motines armados donde asesinaron a agentes del orden público a los que siguió una durísima represión, o el 19 del mismo mes en donde los Anarquistas iniciaron una sublevación armada en el Alto Llobregat y por último los acontecimientos de Casas Viejas en Enero de 1933 donde como respuesta al asalto del puesto de la Guardia Civil y asesinato de dos guardias civiles a manos de un intento revolucionario anarquista al que siguió una violenta represión y el fusilamiento ilegal de algunos de los anarquistas. Además la campaña electoral de 1933 resultó muy virulenta, y las izquierdas causaron no menos de seis muertos a las derechas, sin réplica de éstas.

4. La moderación de los discursos de la derecha en contraposición a la radicalidad de la izquierda. Pese a las violencias y crímenes sufridos y pese a una campaña muy radicalizada, Gil-Robles, hizo un llamamiento a la concordia en su último discurso de campaña:

“Estamos como un ejército en el paroxismo de la lucha, en pie de guerra, y sin embargo yo quisiera que el choque no llegara. Paz y cordialidad, a quienes nos voten y a quienes no nos voten“.

Mientras que Largo Caballero empleó un tono golpista durante toda la campaña:

“Los obreros han terminado con el mito republicano. Todos entienden que ya no queda otro camino a seguir sino el de la República socialista. Para nosotros, cuantas más dificultades encuentren nuestros enemigos en la solución de los problemas nacionales, mejor. Estamos dispuestos a no retroceder y a llegar a donde sea necesario. Necesitaremos someter a nuestros enemigos para conseguir la completa emancipación de la clase proletaria“.

¿Cómo iban a aceptar unas izquierdas tan radicalizadas la victoria de un partido, no solo de derechas, sino también no republicano? La república tenía que defenderse. Nadie había violado las leyes, ni había hablado siquiera de cambiar el sistema por una monarquía, pero la republica aplicó su particular “articulo 155” y el Presidente de la Republica D. Niceto Alcalá Zamora, cediendo a las presiones que recibía, ordenó formar gobierno al centrista, pero republicano, D. Alejandro Lerroux. ¿Alguien se imagina a nuestro Rey haciendo algo similar ante un supuesto triunfo de Podemos?. El presidente Alcalá-Zamora tiempo después reconociendo dichas presiones escribió:

“Nada menos que tres golpes de Estado se me aconsejaron en 20 días [por las izquierdas republicanas]. El primero a cargo de Botella, el ministro de Justicia, quien propuso la firma de un decreto anulando las elecciones hechas. Inmediatamente después propuso Gordón Ordás, ministro de Industria, que yo disolviese las nuevas Cortes. Pocos días más tarde Azaña, Casares y Marcelino Domingo dirigieron a Martínez Barrio, presidente del Consejo, una carta de tenaz y fuerte apremio en la que el llamamiento tácito a la solidaridad masónica se transparentaba clarísimo“.

La maniobra golpista de Azaña y sus compañeros fue la más peligrosa, pues presionaron reiteradamente para suspender la reunión de las Cortes salidas de las urnas, formar un Gobierno con los partidos de izquierda y organizar una nueva consulta electoral con garantía de triunfo de los derrotados.

La ERC, nacionalista catalana de izquierda, reaccionó con estridentes amenazas. La Humanitat, periódico de Companys, clamaba:

“¡En pie de guerra! Ha ganado toda la tropa negra y lívida de la Inquisición y el fanatismo religioso, para apuñalar la democracia. No ha sido la Lliga ni Acción Popular la triunfadora. Ha sido, aquí y fuera, el obispo. Ha sido la Iglesia, ha sido Ignacio de Loyola“. Y concluía: “Es la hora de ser implacables, inflexibles, rígidos. Sin perder la serenidad, sólo hay que escuchar una voz, que resonará, si hace falta, en el momento preciso“.

La CNT replicó a las elecciones con su más sangrienta insurrección hasta la fecha, causando en varias provincias un mínimo de 89 muertos, 20 de ellos en un tren que cayó desde un puente dinamitado por los anarquistas.

En cuanto al PSOE: arreció dentro de él la campaña para expulsar de los puestos de poder a Besteiro y a sus seguidores, por medios a menudo violentos, y los preparativos para un movimiento revolucionario se aceleraron. Amaro del Rosal, en una disputa con los besteiristas decia: “El año 33 es favorable a la revolución. Existe un espíritu revolucionario; existe un Ejército completamente desquiciado, hay una pequeña burguesía con incapacidad de gobernar, que está en descomposición. Tenemos un gobierno que no conoce la historia de España, que es el de menor capacidad, el de menor fuerza moral, el de menos resistencia. Por eso yo opino que ahora todo está propicio“

El gran triunfador de las urnas había sido Gil-Robles, con la CEDA como partido más votado, y por tanto con plena capacidad legal para exigir el poder. No obstante, renunció a hacerlo, de momento, pensando que le bastaría con presionar desde fuera del Gobierno a su aliado, el Partido Radical de Lerroux, en espera de que se calmasen las pasiones de las izquierdas. Pero sus adversarios tomaron su gesto por una muestra de debilidad y se enardecieron todavía más, de modo que cuando en 1934, Alejandro Lerroux (presidente del gobierno), admitió la entrada en el gobierno de tres ministros de la CEDA, se desataron revueltas en muchas ciudades españolas y particularmente estalló la revolución de Asturias que tras ser sofocada, dejó la muerte de 14 civiles, 28 religiosos y 70 miembros de las fuerzas de orden público.