Pedro Sánchez y los independentistas

Pedro Sánchez aporta muchos titulares, nos lo pone fácil. También tiene aciertos, como cuando ha afirmado que el independentismo vive del conflicto. 

Sin embargo, lo que nos suscita semejante afirmación del presidente del Gobierno es una evidente crítica, ya que la pregunta es inevitable: ¿cómo calificar a quien se apoya en los que viven del conflicto, como él? Podría servir el calificativo de super-conflictivo, o bien el de cínico.

Sánchez ha logrado que no nos creamos ni lo que dice ni lo que hace. Es un ego permanente, cambiante según las circunstancias, y nadie duda de que, si necesita de nuevo el apoyo de los independentistas para ser presidente del Gobierno tras el 28-A, lo hará, como lo hizo tras la moción de censura.

Lo de Pedro Sánchez es un monumento al descrédito de los políticos. En la calle abunda el comentario de que puede hacer una cosa y la contraria, según le interese. No es fiable, ni siquiera para Podemos, que curiosamente también le aupó hace unos meses.

El libro "Manual de resistencia", que le han escrito, esta generando ya un considerable número de críticas y bromas, como la de Pablo Casado, diciendo que ya puede ir empacando el colchón de Moncloa, tras su cursilada en el libro sobre que el colchón fue su primera decisión como presidente del Gobierno.

Sánchez hará lo que le convenga tras el 28-A, con su particular planteamiento de la política y el gobierno. De tan imprevisible como es, cualquier decisión es previsible, valga la contradicción.

Los demás partidos van tomando posiciones. Ciudadanos estuvo ágil el lunes al descartar un gobierno con Pedro Sánchez ni con el PSOE  por aquello de las conocidas maniobras dentro del PSOE de echar a Sánchez -, porque palpa que puede perder votos si se detecta que Ciudadanos puede pactar con Sánchez, precisamente por la no-fiabilidad que es conocida de nuestro actual presidente del Gobierno. Pero la pregunta sobre Ciudadanos también surge: ¿y si suman PSOE y Ciudadanos tras el 28-A, no pactarán? Nadie lo descarta en la calle, que es donde se fraguan los votos.

Curiosamente, Sánchez quiere aprovechar la falta de apoyo de los independentistas para aprobar los presupuestos para presentarse como defensor del derecho, de la unidad de España y en contra de las pretensiones independentistas, después de ser presidente gracias a ellos. Es un  malabarismo permanente de incoherencia. ¿Quién le va a creer?