Promesas electoralistas

Ali Brancal, la vicealcaldesa de Castellón, tendría que haber dimitido ya, porque está incumpliendo su código ético firmado ante notario en 2015, al estar ahora investigada –imputada– judicialmente. Se lo piden los socialistas y Esquerra Unida, además del PP. Le importa más aferrarse al cargo que cumplir una promesa y le importa más la poltrona que el bien de su partido, Compromís, a pocos meses de las elecciones municipales. Los políticos tienen una habilidad evidente para disfrazar e interpretar promesas, que ellos conocen y los ciudadanos atisban. Detectamos esos incumplimientos cuando tocan el bolsillo. Ali Brancal quiso abanderar una regeneración ética de un modo concreto, y ha de ser consecuente, sin caer en reproches al PP, sin despejar balones.

¿Bajar impuestos es de izquierdas o de derechas? Zapatero llegó a afirmar que era de izquierdas, mientras hacía lo contrario. Ahora Pedro Sánchez nos está friendo a anuncios de subidas de impuestos, como modo de financiar su pretendido aumento del salario mínimo en más de un 20% o el aumento de los carburantes. Todas las mejoras sociales que pretende, auspiciadas o impuestas por Podemos, sólo tienen la solución de subir impuestos, según Sánchez. No da para más su capacidad como gobernante. Además, no hay que olvidar que el incremento impositivo aleja inversiones a otros países o comunidades autónomas. El estatalismo es caro y paraliza.

El PP tiene una idea clara, que en general ha puesto en práctica al gobernar: bajar los impuestos y supeditar mejoras sociales a otros remedios que no sean subirlos. Dar protagonismo a la sociedad civil, con esa vieja idea que la mayoría defendemos de que “donde mejor está el dinero es en el propio bolsillo”, no en el Estado, que es mal administrador y despilfarrador.

Es llamativo el caso de la financiación autonómica. Cuando estaban en la oposición PSPV y Compromís, con Rajoy en La Moncloa, reclamaban con firmeza un cambio para mejorar la financiación autonómica aprobada por Zapatero, con concentraciones y manifestaciones. Desde que PSPV y Compromís gobiernan, como mucho hablan de mejorar esa financiación, pero no hacen suficiente fuerza: además, ahora con Pedro Sánchez en La Moncloa y a la vista de elecciones, parecen mudos o al menos afónicos. Tiene razón Isabel Bonig cuando les saca los colores a Puig-Oltra, pero mi gran duda es si los ciudadanos perciben estas mutaciones o engaños.