Vigencia del pensamiento social de LA OBRA DEL HUMANISTA VALENCIANO JUAN LUIS VIVES

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I. Introducción

 

El médico humanista Dr. Marañón escribió que la capacidad de entusiasmar es signo de salud espiritual. La situación actual en España no pone fácil desarrollar esta capacidad en estos momentos. La pandemia del Covid-19 que ha afectado a un número todavía indefinido de muertos y de positivos por el PCR, el confinamiento de la población durante más de 100 días y la consecuente crisis económica-laboral está dejando un país en una situación muy precaria y un horizonte poco alentador.

Las previsiones económicas de organismos como la OCDE y del Banco de España vaticinan que el PIB puede caer entre una horquilla del 9% y el 15% en el año 2020.

La situación laboral puede ser calamitosa. Con un desempleo que superará el 20% y unos ERTE a los que se han acogido alrededor de unos 4 millones de trabajadores y un futuro incierto de éstos se vislumbra una tesitura insegura e inestable.

Además, en España tenemos una coyuntura socio-laboral desequilibrada, con cerca de 10 millones de pensiones contributivas en abril, con 2.600.000 de funcionarios y empleados públicos, y un número de personal activo que apenas superaba los 19 millones, en el primer trimestre, y menos actualmente.

A este panorama, se añaden las dudas que generan un rebrote de la epidemia en el cuarto trimestre del año en un Estado cuyo gobierno no ha sabido atajar la situación, ni aplicar medidas que propiciaran, de modo adecuado, la desescalada de la crisis provocada, ni activar los sectores productivos que continuarán al ralentí durante algunos meses por falta de demanda.  

El déficit público, la elevada deuda externa del Estado y la falta de recursos financieros pueden ocasionar un contexto social de pauperismo e indigencia.

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Nos debemos plantear ¿cómo salir de la crisis y cuáles son las medidas a adoptar? En el siglo XVI, Marcel Bataillon en su obra Erasmo y el erasmismo recoge que dicho humanista renacentista proponía: “adigantur ad laborem”; es decir, poner a trabajar a los desocupados, o sea, trabajo para todos, y de esta manera el problema social de la pobreza y mendicidad se acabaría. También en Vives, hay una especie de utopía del trabajo, cuyas ofertas deben ser decorosas, aun reconociendo que, en ocasiones, andar mendigando o subvencionados del erario público proporciona más ingresos que la propia ocupación laboral.

 

II. Diversos aspectos de la obra de Juan Luis Vives (1492-1540)

La obra del universal humanista valenciano Juan Luis Vives refleja su pensamiento en diversos campos del conocimiento. Muchas de las reflexiones contenidas en sus tratados tienen vigencia en el día de hoy, a pesar de haber trascurrido cinco siglos de su composición. Los diversos libros abordan cuestiones del campo de la filosófica y de la psicología, del pensamiento social, de aspectos políticos y de derecho internacional, de temas del campo pedagógico y educativo, etc. Nuestro pensador renacentista, con su espíritu abierto y crítico expuso no pocos principios anticipadores y muchos de sus planteamientos y propuestas deberían tenerlas en consideración tanto nuestros gobernantes como los intelectuales actuales. Nos centraremos en este artículo en el aspecto social de la obra vivista.

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III. Campo del pensamiento social

El pensamiento de inquietudes sociales lo manifiesta, fundamentalmente, en dos tratados de su extensa producción literaria: en De subventione pauperum o Del socorro de los pobres (1526), dedicado a los burgomaestres y al Senado de la ciudad de Brujas y en De comunione rerum o De la comunidad de los bienes (1535), destinado a los habitantes de la Baja Alemania.

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En el libro primero de De subventione- obra compuesta por dos libros- aborda las cuestiones del origen de la necesidad y miseria del hombre, necesidades de los hombres, cuál es la razón de hacer el bien, por qué algunas personas se apartan de hacer el bien, de qué modo deben portarse los pobres, qué vicios impiden hacer el bien a los que pueden hacerlo, lo que Dios da a cada uno no se lo da sólo para él, la no existencia de piedad en el cristianismo sin el socorro mutuo, etc., y en libro segundo aborda los asuntos del bien gobierno de la ciudad, la recogida y afiliación de los pobres, el mantenimiento de los ciudadanos, el cuidado de los niños, los censores y la censura, el dinero social y las necesidades, lo que perturba al funcionamiento de las instituciones, los obstáculos para llevar a la práctica ciertas medidas sociales y las ventajas que se desprende de llevar a la práctica estos consejos, etc.1

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Vives estima que el deber de hacer el bien, que ya había sido formulado por filósofos, se debía ampliar hasta el infinito, como se recoge en la doctrina de Cristo que contiene el doble precepto del amor a Dios y amor al prójimo.

En este tratado, nuestro humanista se plantea y analiza la problemática de la beneficencia como función social y está considerado como un monumento pragmático de la sociología de la época y una obra precursora de muchas de las ideas de la sociología moderna e, incluso, algunas de sus propuestas tienen contemporaneidad en el mundo actual.

En un verdadero ensayo sobre la organización municipal o estatal de la beneficencia pública con el objetivo primordial de remediar la pobreza, no valiéndose sólo de la limosna sino acudiendo a otras medidas que las instituciones públicas y privadas deben poner al servicio de la sociedad para atajar la plaga del pauperismo.

Vives en De subventione pauperum (1525) interpreta, según Marcel Bataillon, el espíritu de las ciudades que empezaban a tener conciencia de la necesidad de organizar la beneficencia pública y los deseos de una reforma de orden intelectual, moral y religiosa que encarna perfectamente nuestro pensador, a la vez que su mentalidad puritana y laboriosa concuerda con las aspiraciones de ciertos sectores de la ciudad de Brujas que soñaban en la prosperidad por medio del trabajo. Su sentido social de la vida municipal le llevó a identificarse con los regidores que aspiraban a poner ciertos intereses particulares al servicio del bien común de los ciudadanos.2

Para B. Gomez Monsegú el contenido de este tratado refleja, entre otros objetivos, la propuesta de sacar la beneficencia y el socorro de los pobres de la esfera eclesiástica para transvasarla al ámbito municipal o estatal, pues mantenía que este problema es competencia más de las autoridades civiles que religiosas, dado el fin de las dos sociedades.3

Esta propuesta innovadora en el Renacimiento europeo recibió fuertes críticas por ciertos sectores de la iglesia -fray Lorenzo de Villavicencio y el obispo de Tournai, fray Nicolás de Bureau -, llegando a tildar a Vives de "herético y fautor de la fracción luterana".4

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En dicho tratado se vierten críticas, según Antonio Mestre, tanto a seglares como al clero que están pegados al dinero y actúan movidos por egoísmo. Vives propone colaboración de unos ciudadanos y trabajo para todos, bajo el control cívico que administre con justicia y sin fraude las instituciones benéficas.5

La preocupación social de nuestro humanista se centra en lo que la sociedad debe hacer con los pobres y en la obligación de la limosna individual. Asimismo, propugna una planificación de la caridad pública con la finalidad de atender las necesidades colectivas de manera racional y ordenada. Sin embargo, se muestra tajante con la mendicidad, calificándola de plaga social.

El humanista valenciano expone las normas de una adecuada distribución de bienes en el capítulo del tratado De subventione que titula "lo que da Dios a cada uno, no se lo da para él sólo".6

El propósito de dicho tratado es explicar cómo poner en práctica una experiencia concreta destinada a la supresión de la mendicidad, organización de la beneficencia y reforma de costumbres. Vives escribió que su propuesta de reforma tendría dos clases de enemigos: primero, los pobres que prefieren una ociosidad viciosa a una vida de sobriedad y trabajo y, segundo, los administradores parásitos de las instituciones ociosas.

J. B. Gomis señala al respecto que "innovando tantas cosas y desvaneciendo tantas costumbres y derechos inveterados en el orden social, había de tener y tuvo numerosos y potentes contradictores".7

El ideal de beneficencia que encarnaba nuestro pensador se concretaba en el principio de trabajo para todos y austeridad, premisas que tienen vigencia a principios del siglo XXI. En Vives, hay una especie de utopía del trabajo, cuyas ofertas deben ser decorosas, aun reconociendo que, en ocasiones, andar mendigando proporciona más ingresos que la propia ocupación laboral.

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La solución al problema social de la indigencia será poner a trabajar a los desocupados, es decir, "adigantur ad laborem", que decía Erasmo de Rotterdam.

Luis Vives exige a la conciencia política y a las autoridades públicas la creación de instituciones específicas para remediar las necesidades. Mantendrá que todo hombre debe hallar socorro suficiente y honroso ante cualquier necesidad de carácter económico y en la "Dedicatoria" de Vives a los burgomaestres y senado de Brujas les dice que no es justo que los magistrados toleren en una ciudad rica que hayan ciudadanos que "sientan las embestidas del hambre y el oprobio de la miseria".8

Nuestro humanista percatándose de las reprobaciones que iban a tener algunas innovadoras propuestas, destina uno de los capítulos de De subventione9 a los que preveía que criticarían sus instituciones y cánones. Escribirá: "en obra de tanta humanidad, no faltará quien o la calumnie en algún punto o al menos no la lleve a la práctica"10. Admite que a pesar de cualquier medida adoptada "siempre tendremos pobres"11 y considera que "no solamente son pobres los que  carecen de dinero, sino cualquiera que esté privado de fuerzas, de salud, de ingenio, de juicio".12 Vives arremete contra los arrogantes que sólo aprueban lo que de ellos sale, mofándose de algunos presentes en los consejos públicos al afirmar: “¿Acaso vosotros sólo sois hombres y con vosotros morirá la sabiduría?”.13 Aserto aplicable, en ocasiones, a nuestros responsables políticos actualmente.

En el debate suscitado entre los defensores y detractores de la mendicidad en el siglo XVI, Vives se  muestra a favor de las tesis abolicionistas y de la aplicación estricta de medidas destinadas a su supresión. Según M. Bataillon, los historiadores españoles consideran al autor de De subventione precursor de Miguel de Giginta y Cristóbal Pérez de Herrera, fundadores de asilos originales para mendigos.

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Para nuestro humanista, dos reformas eran esenciales para reducir la mendicidad: la reforma de la moralidad y la de la beneficencia. Con estos planteamientos parece interpretar la idea reformista de la burguesía cosmopolita de la ciudad de Brujas.

Dos décadas después de la muerte de Vives, fray Lorenzo de Villavicencio en la obra De oeconomia sacra circa pauperum curam, (Amberes, 1564) denuncia el plan vivista, como herejía municipalista en materia de beneficencia y el rey Felipe II promulgó un edicto devolviendo a los menesterosos el derecho a mendigar. La propuesta de Vives iba encaminada a organizar, racionalizar y rentabilizar los ingentes medios materiales que poseían ciertas instituciones eclesiásticas, pero nunca pretendió secularizar sus bienes como se le atribuyó insensatamente.

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Juan Luis Vives propuso llevar a cabo un control municipal de los bienes de los hospitales. Criticó la actitud testamentaria y el lujo de las pompas fúnebres de los ricos. Censuró  la conducta de ciertos administradores de la beneficencia, preconizó que ésta no debe poseer mucho dinero y la prohibición de adquirir bienes raíces e inversiones de capitales para evitar la prevaricación de los administradores y la acumulación de riquezas con pretexto de garantizar el futuro de éstos.

Nuestro humanista estaba convencido de que la riqueza de los hospitales y el trabajo desarrollado bajo el amparo de éstos por los indigentes generaría tanta riqueza que administrada con pulcritud cubriría "todas las necesidades de los ciudadanos, ordinarias, imprevistas y extraordinarias"14. Junto al trabajo y austeridad proponía que la ociosidad y la pereza debían ser perseguidas pero también vigiladas las costumbres de los jóvenes y nuevos ricos. Recomienda a la corporación rectora de la ciudad que "cercene cuanto pueda de los gastos públicos, los convites, regalos, agasajos, propinas, fiestas anuales, pompas, todo lo cual no conduce más que al pasatiempo, a la soberbia o ambición"15, medidas que son aplicables a la sociedad opulenta contemporánea y, en ocasiones, a instancias políticas tanto estatales, como a las autonómicas y municipales.

Asimismo, al analizar el pauperismo establece distinción entre pobres profesionales y pobres vergonzantes, centrando su preocupación social en la suerte de estos últimos y en los motivos que les llevaron a la indigencia.

Para el humanista valenciano la beneficencia pública es también una función de salubridad social. Preconiza que intervenga la autoridad para contribuir a resolver los problemas. Es partidario de que los gobernantes de la "res-publica" pongan remedio para que las enfermedades ni prosperen, ni dañen, ni trasciendan. Incumbe al poder público practicar y regular la beneficencia, combatiendo los abusos que se practican de arriba abajo. El Estado, autoridad pública, debe procurar por todo el complejo social. La pobreza, la enfermedad y la miseria no es cosa que puede ser descuidada por los administradores de la cosa pública, responsabilizándolos, en ocasiones, de no dictar oportunamente las disposiciones adecuadas para el bien gobierno del pueblo. Exclamará ¡Cuánto menos necesaria sería la penalidad, si la previsión hubiera sido otra!16

Vives propone remedios prácticos para acabar con la plaga de pobreza. Sostiene que el municipio y Estado deben intervenir activamente: "sepan los regidores que estas ciudades son de su incumbencia"17 y "nada hay tan libre en su república que no está sujeto al conocimiento de los que gobiernan, ni nadie puede eximir sus bienes del cuidado y jurisprudencia de la autoridad ciudadana" (...), y mantenía que "a los que eligiera la corporación consistorial para el examen y ejecución de todos estos extremos, dénseles amplios poderes".18

Este moralista propuso confiar la observación de la vigilancia de las costumbres de los pobres a dos censores, elegidos cada año en el Consejo de la Ciudad. Su custodia y tutela se extendía a todas las edades, lugares y actividades reprobables, que iban desde el arte de la brujería a la prostitución y desde las calles públicas a las tabernas. La ociosidad y la pereza los consideraba unos vicios que debían ser perseguidos.

También atribuye a la autoridad pública la obligación de velar para que no halla ociosos y procurar trabajo a los ciudadanos según su condición y aptitudes. Medidas que serían conveniente que llevaran a la práctica nuestros gobernantes hoy en día.

Asimismo, diferencia entre los perseguidos por la guerra y los inmigrantes. Respecto a los primeros, se muestra partidario de que sea la propia nación o ciudad la que acoja a los desplazados de sus lares; en cuanto a los segundos, propone que deben volver al punto de origen, pues manifiesta que a cada ciudad incumbe el deber de atender a los suyos.

Se preocupó, igualmente, de la educación  infantil, reclamando para los niños el socorro material que necesitasen, buena instrucción, sobriedad, buenas letras, piedad y juicio recto.

Luis Vives, en el último capítulo de su tratado De subventione rerum constata las ventajas que se derivarían de la aplicación de estos consejos o medidas: un gran honor a la ciudad, reducción de robos, maldades, latrocinios, delitos y crímenes, mayor quietud y concordia pública, sentido humano y mayor dignidad de vida, amén de una conciencia pública con mayor libertad.19

Para Marcel Bataillon las propuesta de Vives ponen de manifiesto que fue un reformador de la beneficencia.20

El otro tratado de carácter social es De comunione rerum ad Germanos inferiores (1535) o De la comunidad de los bienes. Es una obra polémica donde refuta, desde el  punto de vista de presupuestos cristianos, el colectivismo de los anabaptistas con contundente argumentación. Es decir, los excesos de la famosa comunidad de bienes, como afirma Ricardo Marín.21

Para Vives la paz es fruto de la justicia. Intentó pacificar la sociedad con recomendaciones a los príncipes y autoridades. Para conseguirlo se ha de cohibir la audacia de los malos, que lo desconciertan todo. Se interroga: "¿qué se tendrá que hacer con esos que abaten y hozan en las entrañas de las gentes y no dejan a nadie vivir en paz y atacan a los hombres probos y templados, valiéndose de la astucia o de la fuerza, del hierro y del fuego?".22

En dicho tratado Luis Vives describe los atropellos cometidos contra la autoridad y la propiedad. Amigo de erradicar la pobreza y que el Estado ponga límites a las injusticias  sociales. Su concepción humanista cristiana estaba lejos de admitir las utopías negadoras del derecho de propiedad y de aprobar métodos violentos para implantarlos. Escribiría: "vosotros, que de esta manera os conducís, obligáis a los príncipes y a los magistrados a que se encruelezcan en vosotros".23

Consideraba que el no actuar con severidad y templanza podía traer consigo el levantamiento anabaptista de Münster en la Baja Sajonia, aseverando al respecto que "vosotros, de día y de noche, trazáis planes cruelísimos de cómo robaréis, de como destruireis. ¿Quién - (no) - podrá maravillarse de que los magistrados pongan todo su desvelo en limpiar su ciudad de una peste tan enconada e inmediata?".24

La caridad hace todas las cosas comunes por el uso, cuando es menester, no por la posesión, y reprueba la comunidad de bienes por la fuerza al afirmar: "todos vuestros bienes, fortunas, posesiones, esposas, hijos, libertad, todo lo sagrado y profano, pasarían al dominio y al capricho no de los mejores, sino de los más violentos. Y el gobierno y la tiranía más cruel y más atroz y el latrocinio público e impune serían decretados como leyes por la fuerza bruta"25. La comunidad de bienes no ha sido impuesta por ninguna ley, pues resultaría impracticable tal y como está constituida nuestra naturaleza, pues hay diferencias de temperamento, profesionales y capacidades que imposibilitan a la larga todo régimen rigurosamente igualitario.

La impregnación del humanismo cristiano se refleja en sus doctrinas ético-sociales, concretamente, al tratar las cuestiones de la dignificación individual, el beneficio y el orden de la sociedad.

Vives justifica el humanismo social, según apunta B. G. Monsegú, por la misma ley que impele al hombre a vivir en sociedad26. Lo pone de manifiesto al hablar de la corrupción del Derecho Civil en su libro De corruptis artibus in universum, incluido en el tratado De disciplinis (1531). La autoridad tiene el cometido fundamental de poner equidad en el desenvolvimiento de la vida social canalizando la actitud de los ciudadanos. No hay cosa más inocua y antisocial que las leyes que no están regidas por la equidad y la bondad.27

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Para el polígrafo Menéndez Pelayo el pensamiento vivista respecto a la intervención estatal es de lo más avanzado de su credo social. Su preocupación por el campo social es resaltado por M. Puigdoller al señalar que Vives llegó en sus avances a un límite infranqueable. Cuatro siglos más tarde, los papas León XIII y Pío XI en sus encíclicas y toda la doctrina social católica llegaron hasta donde había llegado Vives, pero no lo superaron. Nuestro humanista renacentista se planteó y analizó los problemas de la indigencia y población marginada, del mundo del trabajo y de cuestiones sociales como la sanidad, la moralidad y la instrucción en general.

El pensamiento social de Vives contrastará con bastantes principios de su época y formuló propuestas concretas para intentar reformar y adaptarlo a las exigencias del momento. Para Marcel Bataillon, su obra De subventione pauperum es un libro más innovador en el fondo que revolucionario en el tono. Su contenido es el mejor alegato de su época en favor de las voluntades reformadoras de las ciudades en la cuestión social.28 Algunas de sus proposiciones tienen vigencia en la actualidad.

 

 

[1] RIBER, L., Juan Luis Vives. Obras Completas. Incluye un ensayo biobibliográfico de Vives. Madrid, 1948. Reedición, Generalitat Valenciana. Consell Valencià de Cultura. Valencia, 1992. Edición Aguilar. Tomo I, pp. 1355-1428.
2 BATAILLON, Marcel., "Vives reformador de la beneficencia". Erasmo y el erasmismo. Nota previa de Francisco Rico y traducción castellana de Carlos Pujol. Barcelona, 1978, pp.181-182.
3 GÓMEZ MONSEGÚ, B., Filosofía del Humanismo de Juan Luis Vives. Madrid, 1961, p.298.
4 VOCHT, H. de., "Literae virorum eruditorum ad Franciscum Craneveldium" (1522-1528). Lovaina, 1928, p. 633.
5 MESTRE, A., "Vives, un valenciano universal". Lluis Vives. Reflejo de la Europa de su tiempo (1492-1540). Valencia, 1991, p.28.
6 RIBER, L., Juan Luis Vives. Obras Completas. Tomo I, pp. 1378-1380.
7 GOMIS, J. B., Criterio Social de Luis Vives. Madrid, 1946, p. 289.
8 RIBER, L., Juan Luis Vives. Obras Completas. Tomo I, p. 1356, y GOMIS, J. B., Criterio Social de Luis Vives. Madrid, 1946, p. 288.
9 RIBER, L., Juan Luis Vives. Obras Completas. Tomo I. Cap. VIII del libro II, "De los que desaprobarán estas nuevas constituciones" en De subventione pauperum. Madrid, 1947, Valencia, 1992, pp. 1404-1408.
10 RIBER, L., op.cit. Tomo I, p. 1404.
11 RIBER, L., Ibidem, Tomo I, p. 1405.
12 RIBER, L., Ibidem, I, p. 1405.
13 RIBER, L., Ibidem, I, p. 1406.
14 RIBER, L., Ibidem, I, p. 1400.
15 RIBER, L., Ibidem, I, p. 1401.
16 RIBER, L., Ibidem, I, p. 1391.
17 RIBER, L., Ibidem, I, p. 1392.
18 RIBER, L., Ibidem, I, pp. 1392-1393.
19 RIBER, L., Ibidem, I, pp. 1409-1411.
20 BATAILLON, Marcel. "J. L. Vives, reformador de la beneficencia". Erasmo y el erasmismo. Barcelona, 1978, pp. 179-202.
21 MARÍN, R., Luis Vives. El valenciano más universal. Valencia, 1977, p. 18.
22 RIBER, L., Juan Luis Vives. Obras Completas, op. cit., tomo. I, p. 1414.
23 RIBER, L., Juan Luis Vives. Obras Completas, op. cit., tomo. I, p. 1414.
24 RIBER, L., Ibidem, I, pp. 1414-1415.
25 RIBER, L., Ibidem, I, p. 1427.
26 GÓMEZ MONSEGÚ, B., Filosofía del Humanismo de Juan Luis Vives. Madrid, 1961, p. 265.
27 GÓMEZ MONSEGÚ, B., op. cit. p. 266. O en RIBER, L., Obras Completas. Tomo II p. 511.
28 BATAILLON, Marcel. "J. V, Vives, reformador de la beneficencia". Erasmo y el erasmismo, p. 201.

José V. Gómez

José Vicente Gómez Bayarri es Licenciado en Filosofía y Letras, Doctor en Historia, Catedrático de Geografía e Historia, Académico de número de la RACV y Medalla de Plata de la Ciudad de Valencia.