Virus periodístico

Un año de coronavirus en el mundo, en tierras valencianas casi un año, pese a que se ocultó. Y ya he mencionado el virus del que quiero escribir en estas líneas, también porque me lo piden y exigen amigos y conocidos: dar la cara periodísticamente en estos momentos duros, de gran sufrimiento, en que necesitamos la verdad de lo que sucede, el rigor y la valentía al informar, frente a tantos bulos y silencios. Además, como el pasado día 24 fue la fiesta de San Francisco de Sales, que es el patrón de los periodistas –que el lector no se sienta ignorante, pues un colega me reconoció hace unos días que no sabía que tuviéramos patrón, “porque lo tiene crudo con nosotros”, dijo-, alguna reflexión del Papa Francisco puede ser útil para un periodismo ético.

El pasado domingo el Papa Francisco pidió a los comunicadores “ir y ver, incluso donde nadie quiera ir, y a dar testimonio de la verdad”. Y pidió una información de calidad, que no sea “preconfeccionada, ‘de palacio’, autorreferencial”. También mencionó a los buenos periodistas, agradeciendo su “valentía y compromiso”, para desenmascarar noticias falsas. He de reconocer que al leer estas palabras del Papa Francisco pensé que son exigencias éticas permanentes, ahora todavía más necesarias en nuestro trabajo, pues es fácil claudicar por la ingente cantidad de notas de prensa diarias de cada Consellería y ayuntamientos, el “bombardeo” incesante de las redes sociales, las tergiversaciones y bulos que parecen multiplicarse conforme pasan los días.

“Ir y ver”, dice el Papa, y seguro que estamos pensando que eso es lo que nos gustaría, pero hay autoridades e instituciones que hacen todo lo posible para que los periodistas no vayan ni vean. Ni siquiera facilitan la información que se les pide, o simplemente niegan o intentar torear al periodista que sabe algo y quiere ahondar y contrastar la información: es el imperio de la pretendida información institucional-oficial-monocolor. Por si hay algún medio o periodista que se quiera salir de ese carril, se riega convenientemente –o se castiga– mediante la publicidad institucional, para que se silencien hechos, se agiganten otros, y el virus de la desinformación siga en auge.

El virus periodístico está causando estragos en la profesión, y me duele decirlo. El periodismo de copiar-pegar se está extendiendo, también por la dura crisis económica y laboral que afecta a las plantillas de los medios. Hablemos de las residencias de ancianos, del fiasco del hospital de campaña de Valencia, de la nefasta gestión de las plantillas sanitarias, de las vacunas. Trabajemos con rigor, pese a las dificultades.