Ciudadanos prefiere al PSOE

Albert Rivera debe valorar su afán de llegar a gobernar en comunidades autónomas, en municipios y en el Estado, sin dejarse llevar por ambigüedades ni simplificaciones.

A fecha de hoy, muchos califican a Ciudadanos  como partido imprevisible, sobre todo a la hora de posibles pactos de gobierno, y el resultado del pacto en Andalucía es un movimiento de ajedrez, intentando adaptarse a cada lugar: en el caso andaluz, el objetivo era echar al PSOE de Susana Díaz.

La proximidad de las elecciones autonómicas y municipales, y la incertidumbre de las generales, ofrece un panorama para Ciudadanos que puede resultar atractivo, pues puede crecer considerablemente y decidir unos cuantos gobiernos. 

Muchos que pertenecen a Ciudadanos reconocen que se sienten más cómodos con el PSOE que con el PP. También es resultado de estudiar de dónde proceden los votos o pueden proceder, y ahí ganan los descontentos con el PP, pero de ahí a suponer que esos votantes desean pactos con el PSOE hay un trecho más que dudoso.

En el PP ha habido corrupción, que se ha concretado en la Comunidad Valenciana y en la de Madrid. Si es algo ya pasado o que ha habido ceguera en el PP, es algo que ofrece dudas o certezas, aunque los líderes del PP están esforzándose por cerrar totalmente ese capítulo.

Sin embargo, al hablar de la historia reciente del PSOE existe un clamoroso olvido  también en el tratamiento informativo por parte de ciertos medios  de una corrupción que es escandalosa. No ahondemos en Andalucía. Pensemos en los 64 condenados por las tarjetas black: parece que sólo ha sido condenado Rodrigo Rato, pero quien desee recordar y ser riguroso puede repasar la lista, que es ilustrativa. 

Pocos en España conocen el caso Plaza en Aragón, no tan alejado en el tiempo. Es el mayor caso de corrupción en tierras aragonesas, un escándalo de desvío de 150 millones de euros de fondos públicos en el entonces gobierno aragonés. Fue denunciado por Chabier Mayayo, concejal socialista, y bien sabía que era su carta de defunción en el PSOE.

En la Comunidad Valenciana están produciéndose movimientos claros de aproximación entre Ciudadanos y PSOE. Si los números dan, Ximo Puig pactaría con gusto con la formación naranja. Pero Ciudadanos ha de tener presente que Puig ha apoyado o ha dejado hacer estos años a Compromís, con apoyos frecuentes al pancatalanismo y un sectarismo en la educación y la sanidad que es  por desgracia prototipo de antilibertad.

Los barones socialistas se están moviendo con Ciudadanos, hablando de un PSOE sin Sánchez. ¿Es fiable para Ciudadanos un partido que ha permitido a Sánchez llegar al poder y luego aliarse con independentistas? No sólo es Sánchez el problema, sino un PSOE a la deriva.

En el PP saben que Ciudadanos puede ser compañero de gobierno, o no, pero la querencia es hacia el PSOE. En los casos mencionados de Aragón y Comunidad Valenciana, me parece que muchos  votantes de Ciudadanos no entenderían un pacto con el PSOE.

La ambigüedad de Rivera y su partido, de gobernar con el PP o con el PSOE según los lugares, puede llevarle a perder votos el próximo 26 de mayo, aunque también los hay que son partidarios de ese juego imprevisible. Puede subir Ciudadanos  como la espuma a base de indefinición, pero también puede difuminarse en tiempo récord: los malabarismos como sistema son muy arriesgados, y gobernar no es lo mismo que estar en la oposición. Va llegando la hora de la verdad para Ciudadanos.