Contrastes (1ª parte)

En mi reino nunca se pone el sol” (Carlos V, Emperador y Rey de España)

España ha sido siempre un país de contrastes. Así, hemos pasado de ser un gran imperio “en el que nunca se ponía el sol” a un Estado actual debilitado en sus funciones y enfrentado ante 17 mini-territorios autonómicos, por los que el astro rey pasa deprisa con escaso tiempo de luz y calor a través de grandes nubarrones que nos dejan fríos al pensar en el futuro de nuestro país y de sus gentes.

Igual podríamos decir de nuestra lengua y cultura. Pasamos de hablar el idioma español en todo el mundo a fomentar en la actualidad la cooficialidad de otros idiomas dentro del mismo país -lo que en principio no es malo, siempre que sea cultura y no política reivindicativa y separatismo- dificultando las enseñanzas del español y los valores que nos unen. Conozco amigos y compañeros que sus hijos –por razones de cambio de destino de los padres- han tenido que aprender “obligados”: el gallego, el catalán o el euskera, también el valenciano y mallorquín, con manifiestas desventajas en sus expedientes escolares y en las futuras discriminaciones de todo tipo en cuanto se presenten y participen a Oposiciones y Concursos realizadas en las citadas Comunidades Autónomas, regidas por representantes del Estado, por ejemplo en Cataluña, que desobedecen sistemáticamente al mismo Estado. Es evidente lo que pasaría de inmediato al Gobernador de Texas, al Prefecto de un Departamento francés o al Presidente de un Lander alemán si desobedecieran la Ley de su Estado Federal o Central, como en España.

Contrastes que también se manifiestan a través de nuestra Historia en ámbitos nacionales, religiosos, políticos, sociales, económicos… Así, fuimos defensores de la Cristiandad en Lepanto contra los turcos en 1571, librando a la Europa naciente del peligro a su primera islamización (la segunda ya ha comenzado en la actualidad). Como 79 años antes evangelizábamos América y 365 años después protagonizábamos en la II República y Guerra Civil la mayor persecución religiosa de toda la Historia contra el cristianismo dominante (después de Roma, con Nerón y Diocleciano).

Aunque me desagrada -como un testimonio más cara al futuro- debo dejar constancia breve en estas Reflexiones como persecución religiosa, de las barbaries y asesinatos acaecidos entre las dos Repúblicas y Guerra Civil (1931- 1939) en nuestro Pais. De los numerosos incendios a Iglesias y Conventos (20.000 destruidas y más de 30.000 incendiadas), de la violenta persecución con fusilamientos y martirios de sacerdotes, monjas y religiosos (13 Obispos, 4184 sacerdotes, 2365 religiosos, 283 religiosas, 13000 seglares de Acción Católica y otras organizaciones religiosas, todas con nombres y apellidos). De más de 100.000 personas solo por el hecho de ser católicas practicantes u opositoras al pensamiento de la Republica (Paracuellos del Jarama, Madrid, Barcelona, Valencia, Santander, Zaragoza, Navarra, Lérida, Barbastro, Tortosa…). Miles de documentaciones y testimonios de hechos concretos, consultados y resumidos por historiadores, periodistas y familiares, como Hugh Tomas, Stanley G. Paine, Antonio Montero Moreno, Miguel Alonso Baquer, Ramón Salas, German Reguillo Simón… así lo confirman, aunque en la memoria histórica actual, después de 80 años, parece que algunos las olvidaron o no existieron.

Hugh Tomas, en su libro “La Republica Española y la Guerra Civil” dice: “En ninguna época de la Historia de Europa, y posiblemente del mundo, se ha manifestado un odio tan apasionado contra la religión católica y cuanto con ella se encuentra relacionado”. Y el hispanista e historiador británico Stanley G. Paine escribe: “La persecución de la Iglesia Católica en la guerra civil española fue la mayor jamás vista en Europa occidental, incluso en los momentos más duros de la Revolución Francesa”. ¡Que contrastes entre Paracuellos y Lepanto en menos de cinco siglos!

Políticamente, hemos pasado del absolutismo (s. XV – XIX ) y las Dictaduras del XX a la ya no tan joven democracia, llamada por muchos ciudadanos la “democracia estancada” (1978 – 2017) en la que nos marcan a todos las libertades, los derechos y obligaciones, los ideales de partidos, las leyes y decretos, y sobre todo los efectos y defectos del Poder; es la España oficial, que al parecer dicen que queremos y que con frecuencia están enfrentados con los de la España real que no deseamos, especialmente en cuanto a Culturas y Valores, a Ideales y Políticas Sociales, a Educación y Justicia… que nos garanticen unidad y soberanía, trabajo y bienestar, para conseguir un futuro serio y seguro de nuestros hijos y nietos; con la esperanza de saber a dónde vamos, ¡qué queremos! y por qué luchamos y vivimos. Es decir, muchos pensamos, que la mayoría de españoles deseamos oír los ideales que nos unen, los principios que nos sostienen y los valores que nos fortalecen, y no los ideales, principios y valores de los partidos políticos o del gobierno de turno que con frecuencia nos enfrentan, desunen y debilitan como personas y como país.

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