España en LA BALANZA DE LA HISTORIA

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No hace mucho tiempo un dirigente internacional solicitó, o exigió, no sé exactamente los términos, de las autoridades españolas, se disculparan por los hechos acaecidos en su territorio hace aproximadamente quinientos años. Nos estamos refiriendo a la conquista del Imperio Azteca por parte de Hernán Cortes.

No voy a entrar a pormenorizar las circunstancias de dicha conquista, ni siquiera intentaré justificar la licitud o ilicitud de los hechos. Esa cuestión la dejo para más adelante. Partiendo como hipótesis de trabajo que al citado mandatario le asista una cierta, digamos, razón ético-moral que le legitime para tan extemporánea como peregrina petición, vamos a comparar ese aspecto de la historia de su pais, México, con la de España.

Hernán Cortes, es público y notorio que conquistó y colonizó el imperio azteca, actual México, y esta es la razón por la cual el actual presidente exige que España se disculpe. España tiene que pedir perdón por todo. Hasta por la expulsión del paraíso de Adán y Eva. Pero, por las mismas razones, ¿España tiene derecho a exigir perdón a otras comunidades?

Se me ha ocurrido crear una especie de balanza exterior de pagos virtual en la que pondremos en un platillo, el del debe: los motivos por los que España debería pedir perdón, cosa a todas luces extravagante; y en el otro, el del haber: los casos en los que España podría exigirlo. Como ya he dicho, ni lo uno ni lo otro me parece mínimamente serio pero bueno, veamos que nos sale.

Castilla, Aragón y posteriormente España, deberían pedir perdón, más o menos cronológicamente, por el descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo, por el dominio sobre buena parte de lo que hoy es Italia, por Flandes y por las Islas Filipinas, por citar solo lo más significativo. Pero, de manera simultánea, también dejamos en esos lugares un poso cultural, un sistema administrativo y una organización que, con el paso del tiempo, han dado pie al nacimiento de nuevos estados con los instrumentos necesarios para mejorar las vidas de sus gentes.

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¿Y en el otro platillo?, el del haber. En este colocaremos, grosso modo, a los pueblos que de una u otra forma se han asentado en el territorio de lo que hoy es España. Considero pertinente matizar que los pueblos que han pasado por la península Ibérica, sin excepción, lo hicieron de la mejor manera posible mediante el dialogo y el consenso con los habitantes autóctonos, sin recurrir en ningún caso al uso de la fuerza ni a cualquier otra medida de presión que pusiera en peligro la integridad física y moral de sus naturales habitantes. Los únicos crueles, egoístas, facinerosos y violentos hemos sido nosotros.

Veamos: los fenicios. Ocuparon diversas factorías a lo largo de la costa mediterránea y se llevaron lo que buenamente pudieron, eran básicamente comerciantes, sin dar mucha guerra pero se aprovecharon de nuestros recursos y solo nos dejaron en pago unas cuantas piedras.

Los cartagineses ya apuntaron otras maneras. También fundaron ciudades, pero en su disputa con la otra potencia dominante en el Mediterráneo, Roma, necesitaban de importantes fuerzas militares. Una parte significativa de dichas fuerzas, mas por su calidad que por su cantidad, la constituyeron gentes de las tribus asentadas en la tierra de conejos, esto es España, que entonces no existía. La forma de obtener “voluntarios” para su causa era retener como rehenes a los hijos e hijas de los jefes de la tribu correspondiente. Todo ello de buenas maneras, claro, pues es sabido que los cartagineses eran gente de buen talante y nada violenta. Además no descuidaron al sector minero del que extrajeron importantes cantidades de plata y plomo con mano de obra esclava, obtenida la mano de obra, se entiende, con modernas técnicas de persuasión, como ya se ha mencionado.

Después vinieron los romanos. El Imperio Romano, en sus siete siglos de permanencia en la península, propició hechos tan edificantes como Numancia, Sagunto, por citar los más conocidos. Expoliaron gran parte de los recursos mineros, agrícolas, vinícolas y ganaderos. Las Medulas de León son una muestra, que no la única. El único oro que actualmente podemos extraer en España es el que llevamos en el dedo anular, los que lo llevamos claro. El vino, el aceite, los cereales, el garum, una especie de paté hecho con las tripas de los peces y fermentado, que por repugnante que nos parezca, ellos lo consideraban una exquisitez. Todo esto salió de Hispania, además claro está, de importantes contingentes de tropas que nutrieron las invencibles legiones romanas. La sangre de estos hispanos regó buena parte de las fronteras del imperio.

A estas alturas alguien puede alegar que nos dejaron algunas cosas. Es cierto. La lengua latina, el latín vulgar; fue el sustrato del que nació el español o castellano, tanto me da, pues como dijo el maestro Delibes el castellano es el bellísimo español que se habla en Castilla. De la misma raíz nacieron otras lenguas, todas ellas igualmente respetables y fructíferas, repartidas por la geografía española. El latín vulgar alumbró, entre otras, una lengua que se extendió por medio mundo y que ha aportado a la civilización obras literarias que forman parte del acervo de la Humanidad.

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Qué decir del Derecho Romano. Es la base sobre la que se sustenta la legislación española y por extensión la mayoría de los sistemas legislativos de Sudamérica. Es posible que si el Derecho Romano no hubiera llegado a la península, la sociedad habría generado, o adoptado, otro distinto; pero nuestra sociedad habría sido distinta y, probablemente, más injusta de lo que es actualmente.

Decaído el Imperio Romano en Hispania, entran en juego los visigodos. La razón por la que estos señores terminaron aquí fue, muy brevemente, porque el Imperio Romano solicitó su ayuda para expulsar a los suevos, alanos y demás parientes, que habían forzado las fronteras del imperio.

Los visigodos se convirtieron en una casta, termino este muy actual, de tal forma que ellos vivían de explotar de manera inmisericorde al pobre campesinado al que mantenían en una situación de esclavitud. Fueron el origen de lo que posteriormente seria la nobleza hispana.

¿Qué nos dejaron? Pues a parte de una infumable lista de reyes, que los de mi generación disfrutamos aprendiéndola de corrido, poca cosa más. Las Etimologías de Isidoro, obispo de Sevilla, y El Código de Eurico, el Breviario de Alarico y el Liber Judiciorum en el aspecto legal. Es cierto que estos textos tuvieron un gran arraigo en estas tierras, incluso durante la dominación musulmana, hasta el punto que fue traducido al romance, con el nombre de Fuero Juzgo, y se convirtió en el derecho aplicable en muchos territorios de la península.

Y llegaron los musulmanes. Las intrigas palaciegas de los últimos reyes visigodos facilitaron la entrada en juego de los musulmanes. Son de largo, el pueblo que más tiempo permaneció por estos lares. Prácticamente 800 años. En escasamente tres años se hicieron con las zonas más fructíferas de la península. Las más de las veces negociando capitulaciones con los poderosos que poseían grandes cantidades de tierra y ostentaban poder absoluto sobre ellas. Les permitieron seguir con sus estatus a cambio de convertirse al islam y prestarles obediencia. Otras, por el contrario, entraron a sangre y cuchillo ante la resistencia de los pobladores a someterse. En cualquier caso disfrutaron de los bienes, abundantes bienes, de esta tierra durante largo tiempo. No se limitaron a permanecer en sus dominios pues, con una periodicidad obsesiva, organizaban razzias sobre los territorios cristianos del norte para obtener esclavos, ganado y grano. A título de ejemplo recordemos las campañas de Almanzor que llegó a Santiago de Compostela, Pamplona y Barcelona por citar solo las más significativas.

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En el otro platillo de nuestra virtual balanza hemos de poner lo que nos dejaron, que no fue poco. La Alhambra, La Mezquita y otras muchas obras civiles que aún permanecen en pie y son motivo de orgullo para todos nosotros. Pero no solo fueron las obras arquitectónicas, también implantaron un fructífero sistema agrícola que hizo de nuestras ásperas tierras auténticos vergeles. En el aspecto cultural fueron el vehículo mediante el cual nos llegaron los filósofos griegos como Sócrates, Platón y Aristóteles. Otro aporte significativo fue  el sistema numérico que hoy nos es tan útil.

Después de los musulmanes, en época más reciente, varias guerras civiles, con intervención de fuerzas extrajeras, han tenido su escenario en nuestro suelo. Todas ellas han supuesto, de una u otra forma, un continuo expolio de la riqueza nacional además, claro está, el coste en vidas humanas que es lo más importante.

Al margen de esos conflictos no me resisto a señalar la invasión francesa. La ocupación de buena parte de las ciudades españolas bajo el pretexto de su paso hacia Portugal, su supuesto objetivo, me atrevo a decir, es la acción más miserable en el haber de Napoleón. También debemos señalar que los reyes de España en ese momento destacaron por su incompetencia y felonía.

Estos dejaron poco. Más bien se llevaron cuanto pudieron y lo que no se pudieron llevar lo mancillaron o simplemente lo destrozaron. Su debilidad por utilizar sitios históricos como caballerizas es enfermizo asi como decapitar estatuas ante la imposibilidad de echarlas al carro de la avaricia. Si a todo esto le añadimos la generosidad de Fernando VII regalando cuadros de primer nivel a los generales franceses nos podemos hacer una idea del destrozo que se hizo durante esta invasión.

Este sucinto repaso por nuestra historia no persigue otro objetivo que poner de manifiesto que Iberia, Hispania o España, ha sufrido invasiones. Ha sido conquistada, no una, varias veces. Ninguna de las conquistas ha sido pacífica pues por definición una conquista no puede serlo. Todos los conquistadores se han aprovechado de esta tierra. Todos sin excepción han utilizado el poder de la fuerza para imponer sus condiciones al conquistado. No seamos ilusos, la convivencia de las culturas que a bombo y platillo se intenta vender, no existió realmente. A los diferentes se les dejaba vivir pero a cambio de pagar unos impuestos abusivos que llenaban las arcas de los vencedores. No había igualdad de trato.

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Pues bien, ahora planteo: ¿Quién le pide perdón a España por tanta sangre derramada; por el saqueo de sus recursos naturales; por el expolio de obras de arte? Ahora que tanto hablamos de memoria histórica, hasta el punto que debe haber alguna institución creada al efecto, propongo dedique parte de sus recursos a localizar a los herederos de aquellos fenicios, cartagineses, romanos, visigodos, musulmanes y franceses; estos últimos me da que son fáciles de encontrar, y no solo nos pidan perdón sino que también nos devuelvan en efectivo, por supuesto, el equivalente a lo que se llevaron, que buena falta nos hace.

La historia es eso, historia, y no se puede cambiar y menos juzgar con los principios por los que nos regimos actualmente. La historia no debe olvidarse pues en buena medida somos fruto de ella. Pero una cosa es no olvidarla y otra muy distinta es considerar imprescriptibles sus consecuencias pues, en este supuesto; la Humanidad estaría en un estado de reivindicación permanente sin otra salida que el odio perpetuo hacia sus semejantes, y de esto ya tenemos bastante sin tener que esforzarnos demasiado. Entiendo que un pais no puede fundamentar su futuro en reivindicaciones históricas oportunistas, populistas y extemporáneas pero, si entramos en ese debate, España tiene mucho que decir pues ya se ha visto que también hemos sufrido lo nuestro y nadie nos ha pedido perdón.