GEOESTRATEGIA POST AFGANA

La reciente salida del ejército estadounidense de Afganistán, dejando al país en el caos entre los talibanes, el estado islámico y Al Qaeda, es un buen momento para reflexionar sobre problemas geoestratégicos y sobre la situación de la seguridad mundial.

No es la primera vez que la potencia norteamericana ha tenido que abandonar una guerra tras una larga y costosa ocupación y hacerlo con sensación de derrota.

Tras una participación decisiva y victoriosa en la Segunda Guerra Mundial en que la Alemania nazi fue derrotada pero Europa quedó dividida por el Telón de Acero, los EEUU se vieron envueltos en tres conflictos principales: el de Corea (1950-53), el de Vietnam (1955-75) y la Guerra Fría (1945-91).

Recuerdo de mi infancia lo mucho que se habló de la guerra de Corea. Incluso apareció una colección de cromos en que Mac Arthur era el gran héroe. Fue aquel un conflicto cruel, con tres millones de muertos y al final con el sentimiento de victoria -¿o de derrota?- por ambas partes. El país quedó tan dividido como lo estaba, con un norte comunista, totalitario, empobrecido, apoyado por China y Rusia y un sur democrático, capitalista y pronto convertido en uno de los países más prósperos del mundo.

La guerra de Vietnam tuvo unos orígenes semejantes a los de Corea. Se trataba de impedir que el norte comunista ocupará el sur democrático. Tras 19 años de guerra y más de cinco millones de víctimas, el comunismo venció, unificó el país y se expandió por la región a Laos y Camboya. El fracaso norteamericano fue -política, militar y moralmente- sonoro y la prensa, la literatura y películas como “Apocalypse now” o “4 de Julio” dieron buena muestra de ello.

La única clara victoria de Washington en la segunda mitad del siglo XX tuvo lugar en Europa. Gracias al liderazgo de Ronald Reagan, con el apoyo de Juan Pablo II, de Thatcher, de Willi Brandt entre otros, Occidente logró la caída del comunismo, del Telón de Acero, del Pacto de Varsovia y la disolución de la URSS ampliándose las filas de la OTAN y de la Unión Europea.

Acabada la tensión Este-Oeste, aparece en el horizonte el Conflicto de Civilizaciones que tiene como más expresivas muestras  el 11-S 2001, con el ataque a las Torre Gemelas y el Pentágono, así como otros diversos y continuados actos terroristas en Londres, Madrid, París, Niza, Barcelona y otras capitales europeas que hicieron pensar nos encontrábamos ante una tercera guerra mundial, una contienda de distinto signo, luchada en las ciudades, con víctimas civiles y con un enemigo difuso, difícil de identificar y de combatir.

Todo ello hizo que la invasión de Afganistán, nido de terroristas yihadistas y supuesto refugio de Bin Laden, fuera bien visto en sus inicios por todo Occidente.

Pronto empezó a comprenderse que vencer en países lejanos como Afganistán, con una población dispersa  y heterogénea, con una clase política inexistente, era poco menos que imposible. No lo lograron los ingleses, tampoco los rusos y no lo han conseguido los americanos.

Obama, Trump y Biden han estado queriendo salir de esa ratonera, verdadero sumidero de caudales y vidas humanas. Finalmente Biden lo ha hecho dejando el problema tan enredado como lo encontró, con el pueblo afgano en una situación desesperanzada y el mundo occidental con la sensación de haber perdido al gendarme global.

¿Qué ocurrirá mañana? Por insignificante que sea ese mísero país de Asia Central corremos el riesgo de que se convierta, junto con Pakistan y Bangla Desh en capital del terrorismo y que China y Rusia se instalen en sólidas alianzas con ellos, en detrimento de la seguridad occidental.

Me resisto a creer que el aislacionismo que inició Trump y que parece continuar Biden sea definitivo y que Washington esté dispuesto a ceder el mando a China para que lidere el escenario mundial, incluido el norteamericano. Debemos creer en la fuerza de la libertad, del libre mercado, de la democracia y del capitalismo y que con esas armas se pueda seguir liderando el futuro del planeta.

Jorge Fuentes

Jorge Fuentes Monzonís-Vilallonga es Master en Ciencias Políticas y Económicas y Derecho. Diploma de Altos Estudios Internacionales. Embajador de España en Bulgaria en 1993. Primer Embajador de España en Macedonia en 1995. Embajador de España en Bruselas WEU en 1997, entre otros cargos.