HOLGAZANES

Es de dominio público la historia de los reyes holgazanes. Hay que retrotraerse a los reyes merovingios para encontrar  apelativo tan poco edificante para una persona, y peor aun  para un gobernante. Sin duda por semejanza, en cuanto a ineptitud se refiere, dicho adjetivo también se hizo extensivo a un grupo de reyes, del entonces incipiente reino asturiano. Aproximadamente el periodo estaría comprendido entre los años 768 y 791. Los destinatarios de tan descriptivo como humillante término son los reyes Aurelio, Silo, Mauregato y Bermudo I.

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Otra leyenda parece vincularse a esos  tiempos y a esos reyes. Nos referimos al tributo de las cien doncellas. Si esos reyes se hubieran limitado a ser holgazanes podríamos haberlos juzgado con  cierta benevolencia ¿quién no ha disfrutado de un momento, o quizás de un periodo, de holgazanería? Es el vergonzante tributo el que  los condena de manera inexorable y los arrumba a lo más oscuro de la historia.

Si existe algún atisbo de veracidad sobre la entrega de cien doncellas al enemigo musulmán, con la finalidad de que sus reinos no fueran atacados, sería un acto de cobardía y bajeza sin parangón en nuestra historia antigua. Cobardía por no asumir la elemental responsabilidad de la defensa del territorio del que eres rey con poderes absolutos. Bajeza por entregar como botín a unos seres humanos indefensos ante tu poder para, supuestamente, servir como esclavas a tu enemigo y satisfacer sus bajos instintos. Si no es así ¿por qué doncellas?

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Esta sucinta referencia a leyendas o tradiciones hispanas me sirve como pretexto para utilizar los términos de holgazán y tributo, en las acepciones que pueden desprenderse de las mismas, en el contexto actual. Con toda probabilidad no va a ser agradable lo que voy a decir pero la autocrítica creo que es saludable y necesaria.

Mi generación, con la ayuda inestimable de nuestros padres, ha prosperado, y por añadidura ha hecho prosperar a España, tanto en términos económicos como de bienestar social. La España de mi infancia y adolescencia nada tiene que ver con la actual. A la vista está la posición de la que goza  en el ranquin mundial  en términos económicos, renta per cápita, derechos humanos y libertades.

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Hasta aquí los parabienes y la batalla de flores. A partir de este momento se acabaron las generalizaciones, pues ya se sabe que es la forma más cómoda  y segura de deslizarse por la pendiente de la injusticia. Me limitaré a asumir, en primera persona, los errores que creo que estoy cometiendo y que cada cual reflexione si le son de aplicación y en qué grado.

Apropiándome, en parte,  del título de un famoso artículo francés, yo me acuso de haberme convertido en un holgazán. No uno cualquiera. Soy un holgazán  desde el punto de vista político. Con excusas tan peregrinas como “nada se puede hacer”, “haga lo que haga no servirá de nada”, “solo es determinante el voto” y otras parecidas, dejo transcurrir el tiempo sin adoptar una postura más comprometida con los principios, de los que hago gala en el sofá de mi casa, ante la situación, alarmante situación, a la que nos abocan nuestros dirigentes, y no estoy hablando solo de los actuales, que también.

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Mis necesidades básicas, afortunadamente, están cubiertas y esa situación tan elemental, y que desafortunadamente no todos disfrutan, parece como si ejerciera sobre mí un efecto  sedante y acomodaticio olvidando que si he llegado hasta aquí ha sido gracias al esfuerzo, y el compromiso,  de quienes me precedieron y pelearon, con medios más precarios que los míos, por alcanzar los derechos a los que ahora me siento acreedor. Aun con estos pensamientos sigo siendo un holgazán político al que habría que aplicar “tormento” por su desidia.

Durante  ese periodo, amplio periodo, de holgazanería también he pagado mi tributo de las “cien doncellas”, bien es verdad que en  algunas la condición de virginidad es más bien dudosa. Seguramente no son tantas pero desde luego alguna he entregado para que mi vida transcurriera sin sobresaltos. Veamos algunas de estas “doncellas”, en este caso leyes de las que no cuestiono su legalidad, vaya por delante la consideración para evitar malas interpretaciones. Lo que me cuesta más digerir son los efectos y consecuencias de las mismas.

La  Ley Orgánica del Régimen Electoral General en virtud de la cual los partidos, federaciones, coaliciones y agrupaciones de electores  son los únicos habilitados para nombrar candidatos y elaborar listas. El ciudadano, al margen de su valía, de su honradez, de su espíritu de servicio, que no esté dentro del sistema no es elegible. Sin comentarios sobre  el valor de los votos, dependiendo de la circunscripción,  y el sistema de reparto de escaños.

Ley Orgánica sobre financiación de los partidos políticos y demás congéneres. El título ya lo dice todo. Lo cierto es que a base de subvenciones de diversa índole los presupuestos generales del Estado nutren generosamente a estas formaciones. Admito que en sus inicios, en la transición, algo había que hacer al respecto pero, por favor, ya llevamos más de cuarenta años. Tiempo han tenido de consolidarse y si no consiguen afiliados que se lo hagan mirar.

Por el mismo camino van los sindicatos. Al igual que los partidos políticos necesitaron en sus inicios un empujan para iniciar su andadura. El empujón se le dio en forma de edificios para sus sedes y otras prebendas  no menores. Actualmente, además de las cuotas de sus afiliados, que dicho sea de paso entre los dos sindicatos mayoritarios la afiliación  apenas supera los dos millones, reciben subvenciones por representatividad, por participación institucional y para la formación de trabajadores. Es decir con fondos públicos se está financiando a unas instituciones que no representan a la  inmensa mayoría de los trabajadores, entorno a los veinte millones, si nos atenemos a los datos de afiliados a la Seguridad Social.

La educación ha sido, seguramente, la doncella más mancillada. Cada partido que ha llegado a gobernar ha modificado, sustancialmente, los planes de estudio o como quieran llamarlo. El objetivo no era alumbrar una generación preparada. El fin perseguido era  adecuar la enseñanza para formar según las ideas de cada cual sin pararse a pensar en las consecuencias. Por si esto no fuera suficiente se transfieren las competencias a las Comunidades Autónomas y estas aprovechan la ocasión para consagrar sus “singularidades”. Se adultera la historia de España, se acota a épocas concretas como si la nación-estado más antigua del mundo hubiera nacido ayer, o simplemente se elimina para borrar el noble sentimiento de pertenencia a una nación, a la que muchos querrían pertenecer con orgullo, pero  a los que el destino no les regaló el ser español.

La sanidad, ese servicio que nos empeñamos en que tenga carácter universal, como si España y los españoles hubiéramos de ser los responsables de la salud mundial en clara competencia con la OMS. No digo que no haya que atender a todo el que por desgracia lo necesite, pero una cosa es tratar al que resida en suelo español y otra distinta es suministrar fármacos  para toda la aldea del interesado sin el más mínimo control. Para no ser menos también hemos transferido la sanidad a las Comunidades Autónomas en aras de una más próxima atención. Los inconvenientes no tardaron en ponerse de manifiesto. No todas las Comunidades podían estar a la última ni en personal ni en medios. Las historias clínicas de los pacientes no eran accesibles desde el momento en el que el ciudadano cambiaba de residencia. Las recetas digitales tampoco eran bien vistas por los distintos sistemas. En fin todo un  despropósito.

Recientemente se ha suprimido, esa es la palabra que aparece en el texto del BOE pues la de derogación puede que les resultara excesiva, el delito de sedición. No puede haber mayor contrasentido que el sujeto pasivo del delito, es decir el  Estado, a iniciativa propia renuncie a su más elemental autodefensa.  Me imagino a mi cuerpo desactivando su sistema inmunológico, dejando vía libre a todo agente infeccioso para que con toda impunidad lo aniquile. Eso atenta contra las más elementales leyes de la lógica y del sentido común. Por si hubiera alguna duda sobre lo absurdo de la medida solo tenemos que pensar en los hechos ocurridos recientemente en nuestro territorio. Si no hubiera  estado  tipificado el delito de sedición habríamos tenido que inventarlo, o aplicar el de rebelión, que no hubiera sido descabellado.

En la misma tacada rebajamos las penas del delito de malversación. Pueden pensar que exagero pero parece como si la estuviéramos incentivando. La cosa pública, es decir los fondos públicos, están sometidos a continuos controles de auditoria en sus distintas fases de gasto. Aun así tenemos casos, ya juzgados y con sentencia firme, que demuestran que la picaresca española, por decirlo de alguna manera,  no tiene límites.  Si la malversación va a más ¿por qué tienen que ir las penas a menos?

Para no liarnos en citas legales. La ley del solo sí es sí. No voy a extenderme porque los medios de comunicación ya se han encargado de cebar al gocho. Las consecuencias han sido nefastas e irreversibles. Lo más grave, si excluimos la reducción de penas y el consiguiente daño a las víctimas , es que, informes de distintos organismos, habían advertido de sus consecuencias y aun así, el “superior criterio”  de legos en derecho, siguió adelante con su aprobación.

La ley trans, Ley 4/2023, de 28 de febrero, para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI.  Lo siento pero no me puedo resistir a transcribir lo que dice la ley en su artículo 43. Legitimación.

“Artículo 43.  1. Toda persona de nacionalidad española mayor de dieciséis años podrá solicitar por sí misma ante el Registro Civil la rectificación de la mención registral relativa al sexo.

2. Las personas menores de dieciséis años y mayores de catorce podrán presentar la solicitud por sí mismas, asistidas en el procedimiento por sus representantes legales.”

Un joven, o una joven, en plena adolescencia, con los cambios de todo tipo que a esa edad todos hemos experimentado, pueden decidir cambiar de sexo con consecuencias irreversibles. Como ha dicho algún científico: vamos a convertir cuerpos sanos en cuerpos enfermos de manera permanente.  No saben ni que van a estudiar cuando acaben el instituto pero creen tener certezas sobre lo que no son en cuanto al sexo se refiere. En los adultos podemos llegar a ver cambios a conveniencia para conseguir ventajas de todo tipo.

La Naturaleza, el Universo, o cualquier otro poder con capacidad para ello,  a través de millones de años de evolución, tengo para mí que recurriendo al viejo método de acierto-error, ha llegado a la conclusión de que para perpetuar la vida en la Tierra, sobre todo en los seres vivos más evolucionados como son los mamíferos, lo mejor era crear dos sexos, macho y hembra en los no racionales y mujer y hombre en los racionales. Pues bien, ese género humano pagado de sí mismo, que ha llegado hasta aquí gracias a esa estrategia, se inventa nuevos tipos enmendando la plana a miles de años de trabajosa evolución.

Estas son algunas de las doncellas que por desidia he entregado al harem público. Hay más pero solo cito a aquellas con las que más identificado me siento, y  en consecuencia de las que más arrepentido estoy de haber sacrificado para que mi pequeño reino no sufriera quebranto.

No obstante, aunque  la “virtud” una vez perdida no es posible recuperarla, en este supuesto es perfectamente factible su rehabilitación. Solo hace falta mayor implicación del ciudadano en la cosa pública y que para ello se adecuen los mecanismos pertinentes para facilitar su participación, que los hay, dotándoles de sencillez y agilidad.

Nada de lo dicho sirve de excusa a la dejadez de la que he hecho gala. Ninguna justificación para una actitud tan ociosa y permisiva. La indolencia de unos es el pasaporte de los otros para ejercer un gobierno a su medida. Soportaré lo mejor que pueda la condena a la que ciertamente  soy acreedor y que seguramente dictarán las generaciones futuras, solo espero que, en atención a mi arrepentimiento, sean indulgentes en su veredicto.

 

Imagen 1: eltrovadorleones.com
Imagen 2: cawseys.com.au
Imagen 3: etheriamagazine.com

 

  • .Juan Manuel García Sánchez es Licenciado en Derecho.