Juan Cotino

Conocí a Juan Cotino en 1994, en Valencia. Su aspecto sencillo y sonriente hacía que el trato con él fuera agradable. Era entonces concejal del ayuntamiento de Valencia. Era fácil encontrar a Juan en diversos actos públicos, no solamente políticos, pues desde su juventud se prodigó en diversas iniciativas, que promovía o a las que se sumaba con facilidad y entusiasmo. Al poco tiempo de conocerle, coincidimos en la calle. Él iba acompañado por dos concejales más, que me presentó: uno de ellos era un joven, que yo no conocía todavía, llamado Francisco Camps.

Del conocimiento, pasamos a la amistad, y eso que entre políticos y periodistas no suele ser frecuente, porque un político “calcula” muy bien lo que dice a un periodista y piensa lo que espera de él; y un periodista, en principio, busca en un político obtener alguna información de peso, cualificada. Una relación políticos-periodistas siempre compleja que se mueve en el ámbito profesional: el periodista recela de un político, porque piensa que es un “vendedor” y calla realidades ocultas, que son precisamente las que le interesan a un periodista.

El fallecimiento de Juan me ha golpeado como amigo y como periodista. Nunca rehuía una cuestión: descolgaba el teléfono o te decía que te llamaría cuando pudiera, lo cual hacía normalmente el mismo día. Era consciente de las prisas que nos mueven a los periodistas, donde prima el “hoy”, incluso el “ahora”, a veces en exceso.

Juan era un católico practicante, que –también desde joven –se complicó la vida para implicarse en iniciativas de la diócesis o con iniciativas que él promovía con amigos y conocidos. Así lo hizo en los preparativos del viaje de Juan Pablo II a Valencia en 1982, y en el viaje de Benedicto XVI a Valencia en 2006, con motivo del Encuentro Mundial de las Familias (EMF). Él se implicaba y movía a otros a hacerlo, y es lo que hizo conmigo. Cuando D. Agustín García Gasco me propuso ser Director de Comunicación del EMF, lo hizo en palacio, y con él estaba Juan Cotino en esa reunión. Había entusiasmo en los preparativos del viaje de Benedicto XVI, se palpaba, y me sumé a esa tarea. No me arrepiento, y Juan aportó como voluntario cuanto pudo, siendo entonces conseller de Agricultura. Juan tuvo que declarar en marzo en el juicio por el ese viaje del Papa: en Madrid se contagió y ha fallecido declarando como imputado en un juicio del que estoy seguro que hubiera salido absuelto. Ahora, descansa en paz.