Libertad. Creer, pensar, sentir

“La libertad dijo un día a la ley: “Tú me estorbas.” La ley respondió a la libertad: “Yo te guardo”. (Pitágoras)

Muchos pensamos que la Libertad como la Igualdad son los derechos más poderosos y trascendentes por los que los seres humanos de todo tiempo, creencia y condición han luchado denodadamente para conseguirlos. Desde sus ancestros, el hombre no ha dejado de tener en su pensamiento la obsesión de ser él y su familia, su tierra y su tribu libres e iguales, al menos como los demás. De ahí que Naciones Unidas los escribiera juntos por su importancia en el artículo 1º de su famosa Declaración Universal de Derechos Humanos.

Me enfrento a la gran dificultad de escribir en poco espacio una reflexión personal sobre la tremenda variedad de cuestiones, facetas y colores que representan el concepto de libertad. A este derecho fundamental lo veo como a un poliedro irregular de numerosas caras, todas distintas en tamaño e importancia, en enfoques y ángulos, llamadas libertades, y “amos” que las quieren manejar y controlar; algunas de ellas “trascendentes”, como la libertad  de creer, de pensar, de sentir, de conciencia…; otras “sociales”, como la libertad individual, condicional, jurídica…; otras “educativas”, como  la libertad de enseñanza, de educación, de opinión… otras en fin, “especiales” que abarcan parcelas sectoriales, como libertad de prensa, de manifestación, de sindicación…

De todas las anteriores y muchas más, se escriben numerosos libros, nacen nuevas leyes y se modifican otras, que intentan relativizar sus efectos alterando artículos del código penal o mediante nuevas figuras delictivas, con nuevos recursos y apelaciones que los mejoran o amplían… y en definitiva, en cierto modo las debilitan o fortalecen, deformando el poliedro de la libertad, haciéndolo cada vez más irregular. La libertad es un valor universal del ser humano en el que la conciencia de cada cual reconoce o debe conocer que: “la libertad tiene recorrido, solo hasta que dañamos la libertad de los demás”; que “nuestras acciones en libertad tienen que ser positivas y encaminadas al bien común”, y que “ser libre no es poder hacer lo que a uno le venga en gana, sino hacer lo que se pueda hacer, respetando siempre la ley”. La alteración de esos conceptos daña a la sociedad, a la justicia y a la misma esencia de la libertad, para caer en libertinajes, en faltas o delitos y convertir en delincuentes a los sujetos activos que la quebrantan.

Se observará que la libertad para creer, pensar y sentir no es casual que figuren en cabeza de las libertades trascendentes. Personalmente las considero muy importantes; son las más independientes y plenas de nuestras libertades, para hacer el bien o el mal, y que además ningún “amo” las puede limitar, adulterar o eliminar, introduciéndose en nuestras mentes. Decía Cicerón que “La libertad no consiste en tener un buen amo, sino en no tenerlo”. El Hombre es dueño absoluto de ellas y de sí mismo -para los creyentes, por supuesto, subordinadas solo a su Creador- Son las únicas libertades que el ser humano activa y genera para pensar, dialogar y soñar consigo mismo, con sus  ideas, acciones y proyectos positivos o negativos que nadie, desde el exterior, puede interferir o descifrar, y por tanto borrar de su conciencia. De ahí la frase: “Soy, Señor, vuestro vasallo, vos sois mi rey en la tierra; a vos ordenar os cumple de mi vida y de mi hacienda. Vuestro soy, vuestra es mi casa; de mí disponed y de ella; pero no toquéis mi honra y respetad mi pensamiento y conciencia”. Así hablaba el Conde de Benavente a su emperador Carlos I de España. El Conde de Benavente recordaba a su Emperador, que en las fronteras de la fe, la conciencia y el pensamiento, debe detenerse todo poder.

Quisiera añadir que estas libertades trascendentes defienden los derechos y obligaciones respecto a la Fe, Pensamiento y Conciencia de todos los seres humanos y de todas las creencias. Si observamos brevemente las culturas de las religiones, observamos más coincidencias que diferencias. La llamada Ley Natural es una ley que el Creador imprime en la conciencia de todos los  nacidos que les recuerda durante toda su vida lo que está bien y lo que no, marcándoles las fronteras que nunca deben atravesar en sus comportamientos. Además, existen Mandamientos, Preceptos, Columnas, Deberes en las distintas religiones, coincidentes, como: amar a Dios, servir al prójimo, ayudar a los padres, no matar, no violar, no robar, no mentir…que nos aproximan y debemos respetar. Muchos pensamos que las “guerras de Religiones o a Religiones” pasadas, presentes y futuras son una más de las miserias y barbaries, en exclusiva, del ser humano, que Dios condena con toda claridad.

Decía que las libertades trascendentes para creer, pensar y sentir son plenas. Existen otras, las libertades sociales que no lo son tanto. Partiendo del binomio “gandhiano” (Derecho-Deber) (Libertad- Ley) no hay libertad sin ley que la proteja, como no hay ley democrática que se pueda promulgar sin libertad. Las leyes son necesarias, aunque en ocasiones limiten algo las libertades para defenderse de los muchos enemigos que tienen. Se dan numerosos casos, incluso en países democráticos, como el nuestro, que se producen errores, por ejemplo jurídicos, en aplicación de penas, por la lentitud de la justicia y en los recursos y apelaciones interminables (a veces injustificados para los no legos) como el recurso y la libertad provisional de los individuos de la salvaje “manada”, o “fáciles” fugas al extranjero…que lo ralentizan y enredan más, creando alarmas sociales producidas por delitos claros muy graves, por ejemplo el de rebelión en Octubre del 2017 en Cataluña por su Presidente, que sigue impasible y fugado de la justicia en Bélgica, país de la UE, creando el mayor esperpento jurídico internacional de todos los tiempos en la Comunidad Europea a la que pertenecemos. ¡Hasta cuando tanto garantismo, buenismo y paciencia!

De las otras libertades, por falta de espacio, no descarto reflexionar sobre alguna de ellas en un futuro próximo,  como  la libertad  de enseñanza, tan políticamente manipulada durante años sin contar con los padres de los alumnos, únicos propietarios de esta libertad con dejadez supina de la Constitución (artículo 27,3) por nuestros gobernantes, en su obcecación doctrinaria sobre las sucesivas Leyes de Educación de nuestros niños y jóvenes. Como de las Leyes de libertad de manifestación o huelga, con las actuaciones violentas de los llamados “piquetes informativos” que también deforman la cara del poliedro de la libertad sindical del mundo del trabajo.

Como resumen y trascendencia de los temas tratados, debemos agradecer al Creador todo lo maravilloso que nos da de su creación, como el infinito y espectacular universo, nuestro sistema solar, nuestra Tierra, nuestras esplendidas primaveras, los seres vivos, el hombre como rey y “cuidador” de todos los ecosistemas, de la materia y de las leyes que guardan y vigilan todo, también las libertades, como decía el sabio griego Pitágoras, en cabecera, hace más de 2500 años.