Lo que el mundo le debe a España

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Luis Suárez (Gijón, 1924) es académico de la Historia de Madrid, correspondiente de la Academia de las Buenas letras de Barcelona a propuesta de Jaime Vicens Vives y Ferran Soldevilla, y académico de mérito de la de Lisboa. Es especialista de la baja Edad Media, aunque ha dirigido también su atención a otras épocas y a distintos temas relacionados con la interpretación de la Historia, entre ellos los Trastámara, los reyes Católicos y los judíos en España. En Ariel ha publicado, entre otros títulos, Fernando el Católico, Isabel I, reina, Los judíos, Franco y Don Juan.

En la presentación del libro “Lo que el mundo le debe a España” comienza escribiendo “Europa es el resultado de las interrelaciones entre cinco ámbitos culturales que se expresan por medio de los grandes idiomas -español, francés, inglés, alemán e italiano- y que son independientes de las estructuras políticas, cambiantes en el tiempo. Debe haber, por ello, una muestra de aprecio y gratitud para todas ellas ya que en definitiva con sus aportaciones logran el beneficio del conjunto. La ciencia humana alemana, o su música, el teatro británico, la ópera italiana o el academicismo francés tienen, para nosotros los españoles, valor absoluto.”

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Pero, ¿para cual de las aportaciones españolas puede reivindicarse la fama y reconocimiento a los ojos de nuestros vecinos europeos? En este ensayo, deliberadamente breve, Luis Suárez destaca, una a una y en conjunto, las aportaciones hispanas, desde los inicios mismos del cristianismo, hasta la preconización de una forma alternativa a la Ilustración, aquella que no renunciaba en modo alguno a la herencia del pasado, el libre albedrío y la trascendencia y que se ve reflejada en los avances científicos en España y América en el XVIII. A través de sus más destacadas figuras y del legado de las instituciones nacidas en el mundo hispano, Luis Suárez nos ofrece un singular fresco de la grandeza de España, situándola en el lugar que le corresponde: el de portadora de unos valores profundos y un quehacer único que contribuyen, a su vez, a la grandeza de Europa y del mundo occidental.

Tras su lectura descubriremos la importancia de estudiar y transmitir los valores que han propagado cada una de las naciones europeas a la construcción de su cultura. No cabe duda de que la aportación de España es importante; esto no significa en modo alguno que debamos valorar en menos la de los otros países, sino más bien lo contrario. Pero en este breve ensayo, fruto de los logros obtenidos por la copiosa bibliografía que incorpora, se intenta destacar las que en su día, fueron riqueza de los españoles. Y todo comenzó en el siglo VI cuando, al tiempo que se aceptaba la forma latina del cristianismo, se recogía el derecho romano como base para la convivencia. En la practica, el derecho europeo se ha alzado sobre ese ius, que en España aparece con abundancia.

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Europa debe a España la Reconquista que no es únicamente una defensa militar contra el islam, sino el recobro de esa forma de cultura. El arzobispo de Toledo venido de Francia, creó un equipo de traductores y rescató la ciencia helenística a través del árabe y con la ayuda de los judíos. Así pudo Europa recobrar a Aristóteles y a través de él también la herencia de un saber que, por la vía de San Isidoro habría de dar vida a las universidades.

Probablemente la aportación más decisiva en estos siglos medievales fue la creación de esa forma de estado que llamamos Monarquia, tan radicalmente distinta de la Konigtum y adaptaciones con ciertas variantes por los otros reinos del Occidente europeo.

Luis Suarez explica en el epílogo del libro anteriormente citado, “Rex eris si recte facias“, decían ya los sabios godos. Pero en la Edad Media todo esto se perfiló con mucha mayor precisión, ya que se alcanzó la definición de la persona humana como una realidad que reconoce la existencia de derechos. El Papa se refería a ellos como “naturales”, pero los sabios que forman la Escuela de Salamanca prefirieron otro término: “ derecho de gentes”. Esto significa que en todos los seres humanos sin distinción de etnias o de religión debían ser respetadas esas tres condiciones que son la vida, la libertad personal y la propiedad, de tal modo que la conquista, cuando se efectuaba en un país sin dueño, comportaba el Gobierno, pero no otra cosa. Estos derechos, elevados a la categoría de fundamentales por el “Testamento de Isabel la Católica”, fueron la causa de que en América no se estableciesen colonias sino reinos o gobernaciones generales. No es posible, y la experiencia de nuestros días así lo confirma, garantizar el cumplimiento de las leyes –surgen abusos y crímenes por todas partes– pero la referencia a las Leyes de Indias explica que en la América hispana, desde mediados del siglo XVI, la población indígena volviera a crecer.

Otro de los servicios importantes hechos a Europa y que cita Luis Suarez, fue la que llamamos “reforma católica española”, adelantándose a la de Lutero. Pues se defendía desde España que el ser humano no es simple individuo de una especie, sino persona en quien concurren especialmente dos dimensiones: el libre arbitrio, que es lo que convierte la libertad en responsabilidad y no en simple independencia, y la capacidad racional que alcanza incluso al conocimiento especulativo. Europa aprendió de este modo que no es sólo la “ciencia moderna” la que debe preocuparnos. El ser humano es capaz también de descubrir qué es lo bueno, lo bello y lo justo. Sin lo cual, indudablemente, el conocimiento se convierte en algo limitado.

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  • Mª Ángeles Bou Escriche es madre de familia, Orientadora Familiar, Lda. en Ciencias Empresariales y profesora