Me voy con Fernando Simón a Alicante

Fernando Simón, director del Centro de Coordinación y Alertas y Emergencias Sanitarias, ha metido la pata hasta el fondo, aludiendo a que la cuarentena impuesta  por el Gobierno británico a quienes venga a España es un problema menos.

Me ofrezco a acompañarle a Alicante, y que vea la realidad de primera mano -yo conozco la provincia, parece que él no- en lo referente a los contagios existentes, que son mínimos. Que pise el terreno. Que conceda una rueda de prensa junto con Ana Barceló, la consellera valenciana de Sanidad, tras visitar Benidorm, Orihuela y Alicante, y vea los esfuerzos que han hecho los hoteleros para un turismo seguro, muy seguro.

Y que, como es previsible a la vista de los datos, pida perdón a la provincia de Alicante, con casi dos millones de habitantes, que en agosto dobla su población además gracias al turismo, de modo especial el británico. Si tuviera profesionalidad y algo de valentía, que invite a esa mesa redonda al presidente de la patronal hostelera y al presidente de la Diputación de Alicante, Carlos Mazón. Ese posible viaje sé que es de ciencia-ficción, que sólo con pensarlo pone con los pelos de punta a Iván Redondo.

Sí, Carlos Mazón es del PP, pero Fernando Simón debería ir tranquilo porque él no es del PSOE ni de ningún partido ¿no? Es un epidemiólogo nombrado en 2012, cuando gobernaba el PP. Le tocó afrontar la crisis del ébola.

Alicante ha reaccionado con mucha claridad y dureza antes esas declaraciones, con su voz medio rota, de Fernando Simón. Han sido muy claros: que se calle y no se ría de ellos, que no perjudique más al sector turístico.

Salvador Illa, ministro de Sanidad y su jefe en definitiva, le ha defendido: que ha hablado como epidemiólogo. Desafortunada aclaración, porque la pregunta siguiente es cuándo habla como epidemiólogo, como portavoz del Gobierno o como cargo de confianza político. Ya tiene materia el filósofo ministro de Sanidad español, que ni a golpes aprende cómo funciona la sanidad –imposible en unos meses aprenderlo-, y que su decisión ante la pandemia, tal vez la más sensata, hubiera sido dimitir, y que hubiera un ministro capacitado.

Las palabras de Fernando Simón perjudican mucho el turismo inglés, tan importante en la provincia de Alicante, así como en las Islas Canarias, que en este segundo caso supone el 35% del turismo total que reciben las islas. Y todos sabemos que el turista inglés gasta más que otros turistas, así de sencillo.

Fernando Simón debería pedir perdón. Sin embargo, no parece entrar en su código ético. Era un buen profesional, pero la duda surge en estos meses en que, por los motivos que sean, ha tenido unos fallos imperdonables: afirmar que a España sólo llegaría algún caso aislado, o bien descartar el uso de mascarillas en abril. No había suficientes mascarillas en abril para los españoles, tras las reiteradas pifias en su adquisición: la solución fue que el epidemiólogo no encareciera el uso de mascarillas. Y ahora es obligatoria. Si alguien puede explicarlo sin ruborizarse, que lo haga.

Le viene muy bien al Gobierno de Pedro Sánchez tener como escudo a Fernando Simón: un epidemiólogo que era prestigioso y que ahora habla como político o como médico según interese…a los intereses políticos. Es muy cómodo para Salvador Illa que Simón dé la cara, porque Illa no sabe de sanidad: aludió a un comité de expertos para la desescalada, y ahora el ministro reconoce que nunca existió ese comité de expertos. Nos toman por tontos, o lo parece. Y eso que no abundo en la cifra de fallecidos por coronavirus, en torno a 45.000, y sobre lo que nos han ido escondiendo la realidad de mil maneras.