Prudencia, no miedo

Los que estaban en la discoteca de Peñíscola donde ha habido positivos en Covid-19 han reconocido que estaba llena. Los temporeros que estaban trabajando en Aragón debían haber trabajado y vivido en mejores condiciones para no contagiarse. Son sólo unos ejemplos de que se debía haber sido prudente, y no estaríamos ahora lamentándonos. Es amplia la prevención en la pandemia, pero hay hechos que no debían haberse producido, si hubiera habido responsabilidad en las empresas o en los jóvenes. El coronavirus exige, en todos y cada uno de nosotros, prudencia, pero  a la vez no debe generar miedo, auténtico pánico, como observo entre amigos y conocidos. La línea que separa la preocupación –que justifica la prudencia– de la obsesión o el pánico no es a veces nítida. A veces, un amigo o conocido nuestro defiende la línea de la prudencia, pero son sus propios familiares los que le tienen atemorizado, sin dejarle salir ni siquiera para hacer alguna compra. Querer el bien para los demás, para nuestros propios familiares, no equivale a tratarles o introducirles en una “burbuja”, encerrados prácticamente en casa, teniendo en cuenta además que los consejos médicos van en la línea de tener mucho cuidado a estar en sitios cerrados mucho tiempo, sin ventilación.

Los rebrotes que se están produciendo en estas últimas semanas hablan de imprudencia: no haber previsto las condiciones de trabajo de los temporeros y fiestas de gente joven. Las autoridades tenían que haber previsto, y tienen que hacerlo ahora a la vista de los resultados, las lastimosas condiciones de trabajo, alojamiento y aseo de temporeros en diversos lugares de España. Y no pueden lavarse las manos autoridades laborales de distinto ámbito, ni lamentar condiciones indignas, sin vigilar que vivan las normas de seguridad que se exigen o recomiendan a los demás ciudadanos. Muchos son inmigrantes, y tal vez no se ven con fuerzas para quejarse o exigir: esas condiciones dignas han de ser para todos los ciudadanos, españoles o no, que trabajan en nuestro país. Pasó con las residencias de ancianos: los responsables prudentes adoptaron medidas pronto. ¿Y las fiestas de jóvenes sin respetar medidas de prudencia? La prudencia no sólo es para ancianos: ya se ve que afecta también a los jóvenes.

Es una situación dolorosa, con graves perjuicios en la vida personal, familiar, económica y laboral. Hay que tener presente que la prudencia es activa, mientras que el miedo paraliza, distorsiona el raciocinio y lleva a la obsesión.