Señera de dos barras del Tratat d'Almirra, los blaveros y Sentandreu (y V)

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Este pergamino de fines del 1300, conservado en la Biblioteca Nacional de París, desmiente la literatura fantástica vomitada para negar antigüedad a la franja azul (en el original se aprecia mejor el azul del mar y la enseña). En este propósito no hubo límites, desde la táctica de benévolos y paternales párrafos que atribuían la franja a un error involuntario de los valencianos decimonónicos, hasta la hiriente virulencia de los catalanistas que trataban de desprestigiarla mediante disparates, como asociar su origen al azul falangista. Todo el citado montaje se derrumba gracias al aprecio que los reyes de Francia sentían hacia estas obras, y las medidas que tomaron para su conservación a partir de 1368, año en que fue creada la Bibliotèque Royale por deseo de Charles V. En el pergamino se constata la presencia de dos barras coronadas sobre azul en la época más pujante de la historia valenciana (Biblioteca Nacional de París, Dep. de Manuscritos; sig. Res. Ge. B. 8268)

Y volvemos a la Real Señera coronada sobre azul y su primera imagen pintada

Como decía, en la década de los 80 visité archivos y bibliotecas por España, Francia, Italia y Portugal, donde tenían documentación sobre la enseña. La del pergamino de París era la que me provocó más emoción. Inédita, nadie había dicho una palabra sobre ella y, aún menos, reproducido para que el pueblo comprobara que el fondo azul de la corona no era un añadido de algún funcionario madrileño de la administración decimonónica o —como divulgaban los progres del 1970—, un símbolo falangista. Igual que sucedió con la leyenda castellana de la barras, la imagen de esta Real Señera la han reproducido sin citar quien la descubrió; y, la verdad, no tiene ninguna gracia que uno se subvencione de su bolsillo viajes, hoteles y demás gastos para que otro, en su casa, se apropie de lo ajeno. Mi intenció era que nosotros, los valencianos, tuviéramos argumentos científicos, y no folclóricos, para desmentir la aplastante producción de libros, revistas y panfletos donde se repite lo adoctrinado por Joan Fuster y Pere Mª Orts sobre la señera.

No es casual que este testimonio se custodie en París. Si estuviera en España quizá el azul habría mutado, milagrosamente, en negro. La joya se conservaba en el santuario humanístico de la Bibliothèque Royale que, en 1368, ordenó instalar Charles V en una torre del Louvre. A esta colección áulica, que más tarde generaría la actual Biblioteca Nacional de París, vino a parar el pergamino que contiene la primera representación de nuestra Senyera Real coronada sobre azul. Especialistas como el italiano Almagia, el francés Destombes o el español Rey Pastor apuntaron fechas entre el 1400 y 1410, pero todo sugiere que sería del 1380 o 90, al ostentar aún las dos barras de la primitiva señal real. El manuscrito contiene topónimos valencianos e informa de las banderas de Portugal, Castilla y León, Inglaterra, Imperio Germánico y Reino de Valencia. No eran enseñas municipales, como dicen los anexionistas. Precisamente las dos últimas, la alemana y la valenciana, han resistido mejor en su cromatismo el paso de los siglos.

 

El País y Joan Garí, incitadores del odio al blavero

Inocente de mí, cuando me cercioné de que nuestra Real Señera era medieval y equiparable a la bandera de Francia o Inglaterra , y no un invento franquista, pensaba que la progresía catalanista aceptaría lo incuestionable. Me equivoqué. Sin valorar la documentación del Tratado de

la Real Señera, siguieron negando lo evidente y adoctrinando a los estudiantes con el autoodio a lo valenciano y sumisión a lo catalán (por cierto, la bandera de la ciudad de Londres se convirtió en la de todo el reino de Inglaterra; y nunca tuvo en contra un Joan Fuster talibán del autoodio).

Presumen de estar en la verdad y no admiten discrepancia. El sol gira alrededor de la tierra y fuego al hereje. Siguen con la guerra de banderas. Si el azul forma parte de la enseña independentista catalana ¡qué maravilla!, todos arrodillados o levitando de admiración. Si documentamos que el azul formaba parte de las señas de identidad valencianas desde la Edad Media, al ser imposible según los profetas Pere Mª Orts y Joan Fuster, se vuelven ciegos, mudos y sordos a las tentaciones de quien lo afirma, un blavero 'degenerado, repugnante, cucaracha inmunda, cerdo' (en prosa del progresista Llastra Herranz). Insisten en negar hasta la presencia de la corona sobre el azul. Valga  de ejemplo unas líneas del diario El País. El autor es Joan Garí (Burriana, 1965), premiado en Cataluña y Valencia. En su ciudad preside l'Agrupació Borrianenca de Cultura, e imparte lecciones de todo, hasta de banderas progresistas y de blaveros de extrema derecha:

«el 9 de Octubre (...) esta señera tiene la particularidad que, a las cuatro barras rojas sobre fondo amarillo añade una banda vertical azul con un confuso arabesco barroco. Durante la etapa de la Transición a la democracia, la extrema derecha valenciana defendió esta bandera tricolor -y por eso sus partidarios se denominaron blaveros- en contraposición a la cuatribarrada estricta, enarbolada por la izquierda y el  nacionalismo” (El País, 27 / 09 / 2013)

Yo, que votaba al partido comunista y me manifestaba por aquellos años con la cuatribarrada, (siguiendo a Fuster), fui vislumbrando otra realidad. Por mucho que lo repitieran, no fue la extrema derecha la que inspiró, por el año 1390, al autor del pergamino del Louvre, y allí quedó constancia de las dos barras, la corona y su fondo de azul heráldico. Me parece curiosísimo que, dando lecciones, todavia existan tipos como Joan Garí que traten de confundir al pueblo, llamando “confuso arabesco barroco” a una corona similar a la que Pissanello dibujó en el casco de Alfonso el Magnánimo en 1449, junto a las barras y el Rat Penat (del que Joan Garí asegurará que es un confuso y barroco ornitorrinco o pelícano).

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Cualquier bandera que signifique un guiño a la catalanización del territorio valenciano es aplaudida por nuestros colaboracionistas políticos. Aquí tenemos a Enric Morera. Baldoví y a otros héroes anexionistas con la enseña que les pone contentos ¿Qué más pueden pedir? Ganan millones, tienen el poder; el catalán es obligatorio y, el valenciano, prohibido.

Hay diferencias entre valencianos blaveros y catalanistas. Mientras los segundos reciben una subvención tras otra, los primeros gastan su sueldo en defensa de nuestras señas de identidad. Así, Joan Garí, que niega en El País la existencia de la corona en la Real Senyera (sólo observa un “confuso arabesco barroco”), basa su opinión en lo oído en Escola Valenciana, Trobades y, por supuesto, en la lectura de Orts y Fuster. No se ha preocupado de estudiar en archivos ni bibliotecas el fundamento de esta controversia. Seguro que alguno pensará : ¿Y este blavero de qué presume, si todo lo habrá copiado de alguna revista facha? El otro día, casualmente, encontré una carpeta con antiguas facturas de archivos y bibliotecas de la Bib. Santa Cruz de Valladolid, Estense de Módena, de la Corona de Aragón, la Univ. de Barcelona, de la Marinha de Lisboa, Navale di Génova-Pegli, la Nacional, la de Catalunya, etc. El procedimiento siempre era del mismo: visita de varios días y, si por suerte hallaba algo, solicitar reproducción, que no era gratis. Esto no lo conciben los colaboracionistas como Joan Garí. Aquí doy una prueba:

 

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Factura de la Biblioteca Nacional de París del importe de la reproducción de la primera Real Señera con barras y corona sobre franja azul hacia el 1390. Por este testimonio hubiera dado lo que me  pidieran. Nadie conocía esta prueba que hoy, sin acordarse de quién la descubrió, es citada en artículos como el de 'Amigos, mirad esto”, de Sentandreu. Y tengo la completa seguridad de que lo hizo por despiste, sin mala intención.

El azul no gusta a Joan Garí, salvo que esté en la estelada catalana. En la Italia medieval, renacentista o barroca no opinarían lo mismo. En la Biblioteca Marciana de Venecia encontré un ejemplar curioso por la extremada simplificación que Salvatore de Mesina, su autor, había reducido nuestras señas de identidad vexilológica a una franja azul y dos barras rojas, esquemetización lógica por el año en que Salvatore la pintó, en 1631. El italiano recordaría ejemplares góticos que mostraban el azul heráldico, de ahí la máxima simplificación; igual que la fechada en 1601 donde un tal Vincenzo representó la señera con más azul de la historia, al rodear ese color las barras. Ahora todo está en internet, pero en 1985 era más complicado, e incluso tenía que convencer a los italianos de que los ejemplares que poseían no eran catalanes. Es imposible. Cataluña lleva mucho tiempo adoctrinando a los italianos que toda la Corona de Aragón era suya.

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El Dr. Ernesto Milano, víctima de la campaña publicitaria que Cataluña ha desarrollado en Europa, especialmente en Italia, me facilitó la reproducción de la Real Señera que conservaba en la Biblioteca Estense de Módena; pero, erróneamente, calificaba de 'Mappamondo Catalano' a la obra. Para el expansionismo catalán, todo es de ellos; desde Ramón Llull a la paella.

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Imagen esquematizada con dos barras y azul, comprensible en una época donde nuestro Reino era marginado en el Imperio de España. No obstante, cuando Salvatore de Mesina la pintó en 1631, recordaba el azul de nuestra enseña en el siglo XV y, en un gran mapa con las principales banderas europeas (la francesa sobre la ciudad de París, la inglesa sobre Londres, etc.) no olvidó la nuestra. El anacronismo de destacar Granada —lógico antaño, cuando el reino musulmán era poderoso en el 1400—, refleja el modelo medieval utilizado. Y la extrema derecha catalanera de los Joan Garí seguirá negando el azul.
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En el siglo XV estaba estructura Europa en una serie de territorios importantes, los reinos, que exhibían sus señas de identidad heráldica en monedas y banderas. En la ilustración:

1 Reino de Valencia: barras y corona.                      2 Reino de Aragón: barras y cruz.

3 Reino de Mallorca: barras y castillo.                      4 Reino de Sicilia: barras y águilas.

5 República de Florencia: florín de la ciudad.           6 Reino de Castilla: castillo.

7 Reino de Francia: flor de lis.                                  8 Reino de Hungría: barras y cruz patriarcal.

Curiosamente, en los siglos de máximo esplendor, poderío y máxima libertad de los catalanes (siglos XI, XII, XIII, XIV, XV, XVI...), según presumen los catalanistas ¡ no tenían moneda de Cataluña, ¡no tenían moneda!

¿Se avergonzaba la invicta Generalitat catalana de acuñar la palabra Cataluña? Espero respuesta algún milenio de estos. Mientras, en el Camp de Mirra seguirán con las cuatro barras y el autoodio.

 

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En la grandes solemnidades, un caballero de considerable fortaleza física, signífero de la Iglesia, portaba el extraño conopeum de barras rojas y amarillas. El grabado muestra al signífero a su llegada a la ciudad alemana de Constanza, al frente de las tropas papales que asistieron al tragicómico Concilio de 1414.
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Ricart G. Moya

Ricart Garcia Moya es Llicenciat en Belles Arts, historiador i Catedràtic d'Institut de Bachillerat en Alacant.