El Libre Comercio en los países pobres; y capitulo IV: MARRUECOS y EL PLAN VERDE

1

EL CAMINO HACIA LA LIBERALIZACIÓN COMERCIAL

Al igual que Egipto, el origen del Libre Comercio con Marruecos se inició en 1995 con el “Proceso de Barcelona”, firmado por los países de la UE y 12 países del norte de África. Conviene subrayar, a los efectos de establecer responsabilidades, que uno de los grandes impulsores del proceso fue precisamente el entonces presidente de gobierno D. Felipe González Márquez con su ministro de agricultura al frente D. Luis María Atienza.

En su parte comercial, el objetivo del Proceso de Barcelona era el establecimiento para el año 2010 de una Zona de Libre Comercio entre la UE y los países mediterráneos. Sin valorar el impacto que pudiera tener sobre la agricultura de la Europa Mediterránea, el proceso se configuraría a través de una red de Acuerdos de Asociación (AA) con la UE como si de una ampliación de la Unión Europea se tratara, pero a diferencia de los socios europeos: no participarían con aportación económica alguna a su mantenimiento, pero sí recibirían ayudas económicas y subvenciones; no se les exigía ninguna confluencia económica, ni se les imponía el € como moneda única que les impidiera jugar con su propia moneda para obtener ventajas comerciales; en lo político, tampoco se les exigía migrar a sistemas de gobierno democráticos, ni que elaboraran leyes acordes con los Derechos Humanos.

Siguiendo la hoja de ruta del Proceso de Barcelona, el Acuerdo Euromediterráneo de Asociación UE-Marruecos fue firmado en febrero de 1996 y entró en vigor en marzo del 2000. Este Acuerdo fue reforzado posteriormente con el Plan de Acción, iniciado en 2005 como parte integrante de la Política Europea de Vecindad (PEV).

Es en febrero de 2006, cuando se inician las negociaciones agrícolas con Marruecos cerrando el acuerdo en diciembre de 2009 con un “Acta Consensuada”, rubricada por parte española, por el presidente del gobierno de España Jose Luis Rodriguez Zapatero, estando al frente del Ministerio de Agricultura Dª Elena Espinosa Mangana. En este acuerdo final, la UE ofreció una liberalización casi total en productos agrícolas y sus transformados, salvo para una lista de productos sensibles (tomates, fresas, calabacines, pepinos, ajo y clementinas), productos respecto de los cuales sólo se ampliaban los contingentes para su importación.

En 2008, el Proceso de Barcelona se transformó en el proyecto “Unión para el Mediterráneo”, que agrupa a 43 países (los 27 de la UE y 16 de sus vecinos de las riberas Este y Sur del Mediterráneo) y que, además de los mencionados Acuerdos de Asociación, contemplaba una gran variedad de proyectos en apoyo al desarrollo de los países africanos que forman parte de esta Unión.

Por último, el camino hacia la apertura total de fronteras para todos los productos agrícolas procedentes de Marruecos se alcanzaba el 1 de Septiembre de 2013 con la entrada en vigor del “Acuerdo de Liberalización” en virtud del cual, se liberalizó inmediatamente el 55% de los aranceles de los productos agrícolas y la liberalización total en un plazo de 10 años, dando a Marruecos el mismo trato comercial con la UE que los estados miembros tienen unos con otros, pero con las ventajas comerciales de no estar obligado por las leyes medioambientales y fitosanitarias de la UE, ni de subir salarios a sus trabajadores y conservando su propia moneda con la que poder jugar con su valor a conveniencia. El acuerdo fue aceptado y firmado por el entonces presidente del gobierno español D. Mariano Rajoy Brey. El Ministro de Agricultura D. Miguel Arias Cañete aseguró que el Gobierno español esperaría a evaluar si el nuevo acuerdo agrícola tenía efectos negativos para el sector antes de pedir compensaciones a la UE. No se hizo ninguna evaluación ni se pidieron nunca compensaciones.

El acuerdo agrícola de Liberalización se completó con otras dos actuaciones íntimamente entrelazadas: El «Plan Marruecos Verde» y el denominado «Estatuto Avanzado».

El “Estatuto Avanzado” concedido en octubre de 2008 y presentado bajo el comercial eslogan de que para Marruecos supone “todo menos las instituciones”, en sí mismo, es la hoja de ruta que va materializándose en suculentas subvenciones europeas a cambio de determinadas aperturas políticas. En lo relativo a agricultura, como primera medida, se contempla claramente: «Modernizar y reforzar las capacidades en el sector agrícola en el marco de la liberalización de los intercambios y en coherencia con las perspectivas del Plan Marruecos Verde». Gracias a este documento, Marruecos se ha convertido en el gran beneficiario de las ayudas europeas en relación con el resto de países de la Unión por el Mediterráneo y que ha hecho posible la consecución del ambicioso programa agrícola del Plan Marruecos Verde.

 

LAS AYUDAS Y SUBVENCIONES DE LA UE A MARRUECOS

Efectivamente, los políticos de la UE han regado con subvenciones su traición a los agricultores europeos, pero sobre todo a los españoles, porque si a alguien perjudica que Marruecos aumente su producción de aceite, de cítricos y de hortalizas es a la vecina España.

Cierto es que estas subvenciones han sido una oportunidad de oro para inversores europeos, pero es injusto e inmoral dañar a unos ciudadanos europeos para beneficiar a otros.

Se nos dirá que la agricultura europea también está subvencionada, pero se nos olvida que España, como socio de la UE, cumple con sus políticas y se somete a su legislación. Además, acorde con el Tercer Principio de la PAC “Solidaridad Financiera”, España participa con más de 11.000 millones de euros anuales a su mantenimiento. No obstante, estas ayudas de la PAC no serían necesarias si Europa aplicara correctamente el lógico y justo Segundo Principio de la PAC, el de “Preferencia Comunitaria”, por el que los productos europeos tienen preferencia a comercializarse dentro del “Mercado Único Europeo”.

También se nos darán razones estratégicas de buena vecindad, de control de la inmigración o incluso filantrópicas de ayuda a una población pobre. Pero, aparte de que ninguna política internacional debiera realizarse a sabiendas de estar perjudicando a colectivo nacional alguno, es falso que estas ayudas beneficien a una población descontenta y empobrecida, pero sí a las clases dirigentes y a grandes inversores extranjeros. Nada más estratégico que apoyar a tu propia agricultura en busca de alcanzar la “Soberanía Alimentaria”. La alimentación no puede depender de países terceros ya que, llegada una crisis política nacional o internacional, un conflicto bélico o cualquier catástrofe imaginable, si no se dispone de agricultura suficiente, se alcanzan situaciones de desabastecimiento y hambre en la población, como así está ocurriendo en muchos países africanos o incluso en la otrora rica Venezuela, hoy en crisis política y sin agricultura propia suficiente.

Las ayudas europeas a Marruecos se remontan a 1976, diez años antes de la adhesión de España, cuando en virtud de los cuatro protocolos financieros del acuerdo de cooperación, Marruecos recibió un total de 1091 millones de euros, incluyendo 574 millones de euros del presupuesto comunitario y de 518 millones de euros en forma de préstamos del Banco Europeo de Inversiones. Los protocolos dieron prioridad sectorial para el desarrollo rural (46%).

A raíz del Proceso de Barcelona y con la finalidad de proporcionar apoyo financiero al desarrollo de los países del Norte de África y de la creación del área de libre comercio mediterránea, se creó el Programa MEDA (del francés MEsures D´Acompagnament). Marruecos se convirtió en el principal beneficiario de dicho programa, con compromisos por un total de 1.472 millones de euros para el periodo 1995–2006 (660 millones de euros bajo MEDA I [1995-1999] y 812 millones de euros bajo MEDA II [2000–2006]).

El Informe Estratégico sobre Marruecos, 2007-2013 y el Plan Indicativo Nacional establecen el marco estratégico de la Ayuda de la UE a Marruecos. En este nuevo marco asociativo, las ayudas continuaron lloviendo entre 2007 a 2010, periodo en el que recibió 654 millones de euros.

El Plan Verde marroquí supone una inversión de unos 13.000 millones de euros cuya financiación proviene de varios vectores: del Fondo Hassan II para el desarrollo económico y social; de la UE en apoyo al Plan de mejora agrícola del “Estatuto Avanzado”; y de inversionistas privados. En apoyo a los proyectos del Pilar II del Plan Verde marroquí, entre 2011 y 2013 la UE donó a Marruecos 565 millones de euros, de ellos 135 millones de euros para su reforma agrícola y 70 millones de euros a través del Programa de Apoyo a las Políticas del Sector Agrícola («PAPSA»), al que sigue un segundo programa con 60 millones de euros. Estas ayudas de la UE se emplean para el desarrollo de la arboricultura mediterránea: hortalizas, cítricos y olivar.

2

 

EL PLAN MARRUECOS VERDE

El Plan Marruecos Verde es un profundo programa de transformación del sector primario al que, como hemos visto, se le ha dotado de una fuerte financiación por parte de la corona y de la UE para la transformación de secano y de cereales en regadío, con la intención, dentro del marco de los acuerdos de asociación, de aumentar la exportación de Marruecos a la UE.

El Plan comenzó en 2008 con la intención de, según el Ministro de Agricultura de Marruecos, privatizar 700.000 hectáreas de cereal para su transformación en tierras de cultivos ''más rentables''. El gobierno marroquí puso a disposición del Plan 1300 millones de euros anuales, que se materializaron en distintos proyectos de instalación de regadío y de ayudas a dicha transformación de 695 €/ha., que se ampliaron en el 2010 a 1075 €/ha.

Estas ayudas se complementaron con la puesta en marcha de grandes incentivos fiscales y la exoneración de todo tipo de impuestos, incluida la Seguridad Social hasta 2013.

Generosas subvenciones, incentivos fiscales y la suspensión de pagos de aduana a la entrada en el gran mercado único europeo, hicieron de Marruecos el gran panal de rica miel, que atrajo como moscas, a fondos especulativos como el gigantesco Abu Dhabi investment Authority (ADIA) y a grandes inversores agroalimentarios europeos. A través de sociedades mixtas, dos tercios de las compañías de frutas y hortalizas son de capital europeo, de las que un 40%, son españolas. Según datos del Instituto de Comercio Exterior (Icex) revelan que dichas firmas controlan el 25% del volumen de negocio de los cultivos de tomates y judías.

Si a estas ventajas le añadimos: salarios muy bajos (el salario medio marroquí oscila entre 0.55 y 0.65 €/hora); devaluación de la moneda; y alta permisividad fitosanitaria, nos surge una pregunta trágicamente sin respuesta ¿Cómo puede competir el agricultor europeo, con costes de producción mucho más altos, con los productos que llegan de Marruecos?

El Dictamen del Comité Económico y Social Europeo (CESE) sobre «Las relaciones comerciales entre la UE y Marruecos» (Dictamen de iniciativa) 2014/C 214/03 aprobado en febrero de 2014 dice sobre el Plan Verde marroquí:

“El Plan Marruecos Verde horizonte 2020 pretende incrementar el valor añadido de Producto interior bruto (PIB) agrario, y pasar a multiplicar por cuatro la producción de aceite de oliva en 2020 para alcanzar la cifra de 3 40.000 toneladas; 7 millones de toneladas de cítricos en lugar de 1,5, así como 10 millones de toneladas de frutas y hortalizas frente a los 4,45 millones actuales. Mientras tanto, la superficie destinada a cereales pasará de una extensión global de 5,3 millones de hectáreas a 4,2 millones de Ha. El gobierno marroquí sostiene que quiere aumentar la productividad, aunque las inversiones extranjeras se irán al sector de frutas y hortalizas. La prioridad marroquí es la de mejorar su balanza comercial, y para ello debe apoyar la exportación.”

De este análisis del CESE podemos afirmar:

  1. Que no se trata de una agricultura dirigida a alimentar a su población; de hecho, reduce en más de un millón de hectáreas una producción de cereales que ya era insuficiente para una población mal alimentada lo cual, este Plan hiper-subvencionado, paradójicamente, va a provocar más déficit alimentario en su población.

 

  1. Que beneficia a grandes corporaciones agroalimentarias y en ningún modo a la necesitada población o a la agricultura familiar marroquí; ya que las subvenciones europeas están atrayendo a inversores europeos que se están haciendo con la propiedad de las tierras y de las ayudas. El propio informe reconoce que la prioridad marroquí es la de mejorar su balanza comercial aumentando la exportación y para ello hay que transformar la agricultura familiar tradicional en agricultura intensiva de productos rentables. Con ello, Marruecos aumenta su PIB global, pero con apenas incidencia en el poder adquisitivo de sus ciudadanos.

 

  1. Marruecos, con este Plan, multiplica por cuatro la producción de aceite y de cítricos y duplica el del resto de fruta y verdura, que tendrán como principal mercado la UE, mercado en el que España vende esos mismos productos. Es decir, Europa está financiando a países no socios perjudicando a otros que sí lo son.

A lo largo del informe se observa un elevado interés por ayudar al desarrollo agrícola de Marruecos, pero ninguna preocupación del impacto que pueda tener en la agricultura de países como España que producen lo mismo que Marruecos.

No toda la culpa de la crisis en precios del aceite y de los cítricos la tienen los aranceles que nos impone EEUU; cuando el Plan verde esté al 100% de su ejecución Marruecos nos habrá superado en producción de aceite y de cítricos, productos en los que España ocupa el primer lugar en el ranking de exportación mundial. Si hasta el año 2008 el área de agrios cultivada crecía a razón de unas 2.000 hectáreas anuales, a partir del 2009 tal cifra se duplicó y se acercó a las 4.000 ha. En este año 2020 alcanzaran una superficie de 109.000 ha. En cuanto a la producción oleica no se ha quedado atrás. Dentro de la campaña 2017-2018, hubo un volumen record estimado en 1,56 millones de toneladas, lo que supone un aumento de un 47,8% con relación a la anterior campaña. Al mismo tiempo, el objetivo del millón de hectáreas de superficies destinadas a los olivos ha sido alcanzada, de las cuales 879.000 hectáreas son ya productivas.

España, que fue un gran productor de judías, hoy importa más judías que exporta, ya que su principal suministrador es Marruecos. España también era líder en la exportación de fresas; hoy, las empresas españolas se han instalado en Marruecos y generan allí, en la región fresera de Larache, alrededor del 80% de las fresas que comercializan; Marruecos nos ha sustituido.

Según datos de COAG, las importaciones hortofrutícolas de Marruecos a la UE han pasado de 895.727 tn en 2009 a 1,3 millones de tn en 2018, un 52% más. En el significativo caso del tomate, el incremento en las llegadas de Marruecos a la UE es del 27%; desde 2010 se van batiendo los records de exportación a la UE hasta alcanzar las 450.000 tn de 2018. Mientras tanto, las exportaciones de tomate españolas a la UE han caído un 68% desde 2013.

Pero aún es peor, la mayor humillación para nuestros agricultores es que parte de esa exportación a la UE nos llega a España a través de nuestras propias empresas comercializadoras que, con la desaparición de los aranceles compensatorios, pueden elegir entre comprar a los productores españoles por debajo de los costes de producción o comprar en Marruecos a precios aún más baratos: la ruina del campo español está garantizada. Estas empresas, en ocasiones, reetiquetan el producto importado, como se ha demostrado recientemente con expedientes abiertos a varias comercializadoras, por lo que parte de lo que se considera producción española, en realidad, no lo es.

Las llegadas de producto de Marruecos a España han pasado de 151.059 tn en 2009 a 399.519 tn en 2018, un 164% más. Concretamente, en pimiento se han incrementado un 210% entre 2010 y 2018 hasta las 52.800 tn; en tomate un 200% hasta las 63.300 tn y en judías verdes, un 38% hasta las 87.500 tn.

 

LAS GRANDES COMPAÑÍAS AGROALIMENTARIAS

Al igual que con los casos de Sudáfrica y Egipto, la inversión extranjera es coherente con las características económicas propias del país y los incentivos que se están ofreciendo tanto por parte del país como por las ayudas europeas, y la política de fronteras abiertas de la UE. No obstante, en este caso, casi toda la tierra es propiedad del Monarca o de propietarios privados afectos al régimen y aunque el inversor foráneo no pueda obtenerlas en propiedad si les son cedidas en arrendamiento.

Grandes corporaciones agroalimentarias y exportadores de fruta y verdura europeos, así como movimientos especulativos como el ya nombrado Abu Dhabi, cultivan enormes fincas de olivar o cítricos.

También, como en el caso sudafricano y egipcio, aparecen las grandes compañías agroalimentarias de los países bajos. En este caso, un ejemplo muy significativo es Aartsenfruit que es socio exclusivo del grupo marroquí Zniber.

Zniber es un exportador marroquí con 3.200 hectáreas de producción propia y de productores afiliados en las regiones marroquíes de Berkane, Marrakech y Gharb. Aartsen es el vendedor exclusivo de Zniber en el Benelux y Asia. Zniber exporta clementinas, mandarinas Nour y Nadorcott y naranjas Navel y Valencia Late, La central de envasado de Zniber, ubicada en Berkane es la más grande del norte de África con más de 50.000 m².

 

CONCLUSIÓN

Comencemos las conclusiones con una pregunta capciosa: ¿Por qué la Unión por el Mediterráneo supone la apertura de frontera para productos agrarios, pero no para personas? Nuestros políticos, tanto los europeos, como el gobierno español, no fueron capaces de ver que el tránsito libre de mercancías provocaría una invasión de productos agrícolas con muy bajo coste de producción, que pondría en jaque a nuestra agricultura y perjudicaría a muchos ciudadanos europeos. En cambio, sí supieron ver la amenaza de grandes oleadas de inmigración, caso de permitir el libre tránsito de personas que, entre otros grandes problemas de pobreza y seguridad, terminaría colapsando el mercado del trabajo en Europa, despertando al adormecido ciudadano europeo que, al verse perjudicado, se rebelaría contra esta visible felonía.

También cerraron los ojos ante la avalancha de inversores extranjeros que se quedaban con las concesiones de tierra y con las subvenciones de la propia UE, y no vieron que todas esas inyecciones monetarias no servían para mejorar las condiciones de vida de los marroquíes sino más bien para nutrir las abultadas cuentas corrientes de inversores y dirigentes marroquíes.

Miraron también hacía otro lado ante la explotación laboral de trabajadores temporeros carentes de los mínimos derechos laborales o ante la extendida mano de obra infantil trabajando en las explotaciones agrarias marroquíes.

No vieron tampoco la reciprocidad fitosanitaria que salvaguarde la salud del consumidor europeo y por ello, no la incluyeron en los tratados para que los productos de fuera tuvieran las mismas garantías sanitarias que los europeos.

Por último, la presbicia les impidió ver con nitidez el obligatorio estudio de impacto sobre la agricultura europea y sobre todo la española, que ha visto como al otro lado del mediterráneo imitaban su producción agrícola.

Toda esa ceguera, aunque grave, no puede ser solo fruto del desconocimiento y la ineptitud de nuestros dirigentes europeos; quizá sea también, porque a la sombra de los políticos europeos que defendieron el “Proceso”, se encontraban grandes compañías europeas sedientas de más beneficios y poder.