Las FF.AA. no pueden ser mangoneadas por los partidos

1

A raíz de las desgraciadas palabras, y dejemos ahí el calificativo, del General de la Guardia Civil José Manuel Santiago, he sentido la necesidad de exponer públicamente algunas reflexiones e ideas sobre la, llamémosle así, cuestión militar.

En primer lugar, creo que se debería volver al anterior sistema de ingreso en las academias militares. Por oposición, previa superación del bachillerato y selectividad.

Eso no es incompatible con el hecho de que se establezcan otros medios de acceso a la escala de oficiales, sobre todo de Ingenieros, Transmisiones, Intendencia, Logística y Artillería. Pondré algún ejemplo, para intentar dejar clara la cuestión. Pongamos el caso de un Licenciado en Ciencias Físicas, lo que le proporciona un alto nivel de conocimientos físicos y matemáticos, el cual, después de terminar sus estudios, considera que tiene vocación militar y que, por razones de edad, ya no puede acceder a la oposición de ingreso. Eso no debería ser óbice para que pudiese culminar su vocación. Bastaría con que, tras la superación de las correspondientes pruebas psicofísicas y médicas, pudiese acceder a la condición de Oficial, de Artillería en este caso, tras un período de formación más corto. Lo mismo podría suceder con un Ingeniero de Telecomunicaciones que desease incorporarse a Transmisiones. O con un ingeniero de caminos con respecto al Arma de Ingenieros. Cabrían más ejemplos, pero con éstos creo que queda suficientemente ilustrada la cuestión.

Otra cuestión a considerar es el de sistema de ascensos, que, por supuesto, no puede quedar reducido a considerar la antigüedad como único criterio, sino que ha de tener en consideración, incluso por delante de la antigüedad, el mérito y la capacidad, acreditados mediante exámenes y pruebas objetivas, valoradas por comisiones técnico-profesionales, formadas exclusivamente por personal militar, sin trucos como la entrevista personal. Naturalmente, como tampoco se puede excluir la antigüedad, es decir, la experiencia, haría falta un período mínimo de permanencia en el empleo desde el que se quiere promocionar. Y una vez decididos los ascensos, si fuese necesario, se tendrían que establecer períodos de permanencia en centros de formación. Este sistema tendría que utilizarse también para la promoción al generalato, de modo que la estructura de mando no fuese establecida en función de intereses, no ya políticos, sino partidistas.

Un asunto que a mí siempre me ha preocupado es el de la promoción de los suboficiales a la condición de Oficial y que dicha condición la pudiesen ejercer al mando de unidades operativas. Esta cuestión ya intentó ser solucionada con la creación de la Escala Básica, cuyos objetivos se malograron en nombre de no se sabe qué oscuros intereses. De modo tal que, actualmente, el máximo empleo al que pueden acceder es al de Suboficial Mayor, sin poder promocionar, a no ser que pasen por la Academia, cosa que, por razones de edad, van a tener muy difícil. Esto constituye una notoria injusticia, además de un derroche de experiencia y capital humano, ya que, con la implantación de un sistema adecuado de promoción, los sargentos podrían llegar a ser unos excelentes oficiales operativos, sin impedimentos para llegar a cualquier empleo, sin perjuicio, naturalmente, de establecer un sistema de rigurosa exigencias técnicas y profesionales. El sistema establecido para la Guardia Civil, podría constituir un modelo en el que inspirarse.

Al militar, por modesto que sea su empleo, no se le pueden cerrar puertas.

Por otro lado, pienso que sería conveniente la creación de una Escala de Reserva, mucho más atrevida que la actual reserva voluntaria.

Y, ya metidos en harina, me atrevo a lanzar una idea, ya se que muy atrevida, pero que hace tiempo que me ronda por la cabeza. Habría que plantearse la posibilidad de que, a los poderes independientes del Estado, se le añadiese un cuarto poder, el Militar, bajo el mando del Rey, y en el que sólo pudiesen intervenir los políticos a través de la legislación y del control parlamentario.

Ya sé que esto, más que una reforma constitucional, supondría una revolución constitucional. Pero ahí lo dejo.

Con estas letras, sólo pretendo lanzar unas ideas, naturalmente sometidas a cualquier crítica, pero inspiradas en una verdadera preocupación por lo militar, que nace de mi cariño por la Fuerzas Armadas y por el espíritu que las debería presidir y que, los políticos están tratando de erradicar, cosa que, visto lo visto, puede que no estén muy lejos de conseguir.

 

Imagen: larazon.es               

Miguel Alabort

Miguel José Alabort Jiménez es licenciado en Derecho y Graduado Social.