Las poblaciones valencianas se manifiestan en defensa de los cítricos

1

La actual campaña citrícola está siendo la más ruinosa de la historia con mucha diferencia. Jamás se habían alcanzado precios tan bajos, ni se había quedado tanto fruto en los árboles sin recoger. Primero, el desastre alcanzó a las variedades tempranas de naranjas y mandarinas como consecuencia de la inundación en los meses de octubre y noviembre de miles de toneladas procedentes del Sur de África, debido al Acuerdo de libre comercio firmado en el verano de 2016 entre la Unión Europea y los seis países de la Comunidad de Desarrollo Sudafricana (Sudáfrica, Namibia, Botswana, Suazilandia, Mozambique y Lesoto). Y ahora le ha tocado el turno a la variedad estrella española por calidad y cantidad de producción: la clemenules. Afectada por esta saturación del mercado, sufrió un retraso sustancial, contagiándose de los bajos precios, de forma que, al final de campaña, muchos campos se encuentran sin recoger. Mientras que unos agricultores deciden tirar su producción al suelo, otros la malvenden a precios por debajo de los 10 cts. por kilo, siendo habitual operaciones a 3 cts.

Convocados por “La Plataforma per la Dignitat del Llaurador”, miles de personas de 67 poblaciones de la Comunidad Valenciana y Sur de la provincia de Tarragona, adheridas a este movimiento, han salido en manifestación este lunes 21 de enero, pidiendo soluciones a esta crisis de precios.

Al final del recorrido, en las plazas de los ayuntamientos de cada municipio, se ha leído un comunicado que, en seis puntos exige: La modificación del acuerdo UE-Sudáfrica en lo que afecta a las concesiones favorables a las importaciones de cítricos y, mientras tanto, aplicación de la cláusula de salvaguarda; la exigencia de controles e inspecciones fitosanitarias de la UE en todos los puntos de origen y de entrada de cítricos que eviten la salida de producciones infestadas de plagas y enfermedades; exigir a las producciones de países terceros la reciprocidad de las mismas exigencias que tienen las producciones de la UE, tanto desde el punto de vista del uso de productos fitosanitarios como de requisitos de seguridad alimentaria, de obligaciones laborales, medioambientales y protocolos comerciales; la defensa de las normas establecidas en la Ley 12/2013, de 2 de agosto, de medidas para mejorar el funcionamiento de la cadena alimentaria, impulsando una normativa comunitaria que contemple la prohibición de la venta a perdida de los productos agrarios; Implementar una ayuda directa para los citricultores que se han visto afectados negativamente por esta campaña; y la dimisión de los cargos políticos responsables de esta crisis.

La repercusión mediática de la convocatoria del 18 de diciembre fue casi nula. Todo un sector económico emblema de una región de España, está en grave peligro. Un vergel verde con el característico aroma a azahar, puede convertirse en maleza y secarrales; pero el mundo mediático sigue ignorándonos. Sin el apoyo de los medios va a ser muy difícil que los políticos reaccionen; a los políticos les mueve el voto y sin presión mediática no ven su voto amenazado. De hecho, el Ministro Planas ni se ha querido reunir con la Plataforma ni se le ve voluntad de abordar el problema. En un alarde de ignorancia, llegó a afirmar “no sé de qué se quejan los valencianos si la superficie de cítricos está aumentando en otras provincias”. Planas, por inútil: dimite ya.

No es la primera vez que el Parlamento Europeo aprueba acuerdos con países ajenos a la Comunidad que perjudican a los cítricos españoles. Existen acuerdos firmados con países citrícolas como Marruecos, Egipto o Turquía. El caso de Marruecos es especialmente sangrante ya que la UE, en ayuda al país norteafricano, inyectó dinero al proyecto denominado Plan Verde, que pretendía reorientar los cultivos de cereales y la explotación ganadera hacia otros productos como las naranjas o las mandarinas. Marruecos, con la ayuda económica de la UE, concedía subvenciones para la expansión citrícola en nada menos que 1.070 euros por cada nueva hectárea destinada a plantaciones de cítricos.

También las políticas de la UE fueron las responsables de la pérdida del mercado ruso; cuando empeoraron las relaciones entre Moscú y Occidente, a raíz del golpe de estado en Ucrania auspiciado por EEUU y la adhesión de Crimea a Rusia, tras el referéndum celebrado en marzo de 2014 en el que más del 96% de los votantes avaló esta opción; Europa no supo ser neutral y alineándose con su aliado EEUU, puso fin a la cooperación bilateral con Rusia, adoptando medidas restrictivas y sanciones a las que Rusia respondió con contra-sanciones que, sobre todo, afectaron a los productos agrícolas europeos, incluidos los cítricos españoles. Aunque la situación va mejorando, es muy difícil recuperar un mercado cuando se ha perdido y ha sido ocupado por otro.

Pero este acuerdo con Sudáfrica puede suponer, si no se remedia, la estocada definitiva al cultivo de los cítricos en España. El incremento de ventas que ha propiciado el acuerdo también provoca que la superficie de cítricos en este país africano vaya al alza; el número de hectáreas dedicadas en el país a las mandarinas ha aumentado un 20% en los tres últimos años y seguirá aumentando ya que las ventajas económicas son un reclamo para los inversores a los que las autoridades sudafricanas facilitan el negocio. La competencia es imposible, mientras que los agricultores valencianos poseen pequeñas explotaciones de las que pretenden vivir, realizando ellos mismos las tareas del campo; en Sudáfrica hay enormes plantaciones propiedad de extranjeros, algunos de ellos españoles, con mano de obra casi esclava. No hay libre mercado cuando se juega con desventaja.

Los intereses se cruzan; a los inversores europeos en Sudáfrica hay que añadir el negocio de la comercialización de cítricos en países donde es imposible plantarlos. Los holandeses hacen negocio con los cítricos sudafricanos y les trae sin cuidado lo que le pueda pasar al agricultor español.

Los partidos políticos españoles deben de olvidarse del europeísmo imbécil que tiende a aprobar todo lo que se propone en el Parlamento y debe practicar en él la defensa de los intereses de los españoles. El euroescepticismo nos puede llevar por caminos de incertidumbre, pero las malas políticas en Europa nos están llevando a la ruina.