DESENMASCARANDO a la Unión Europea

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¿Por qué la UE no quiso incluir la agricultura en un acuerdo comercial con EEUU, que hubiera abierto un gran mercado a los productos agrícolas españoles y en cambio, sí que la incluye en tratados con países en vías de desarrollo que invaden nuestro mercado con los mismos productos que nosotros producimos y con los que no podemos competir dados los bajos salarios y valor de sus monedas? Los acuerdos de libre comercio solo son posibles y beneficiosos cuando se realizan entre países de economías parecidas.

¿Por qué Cecilia Malmström amenaza con entrar en guerra comercial con EEUU si este sube los aranceles hasta un 25% para los vehículos europeos, pero no negocia esta misma injusta subida para ciertos artículos agrícolas españoles? Doble rasero de la UE a la hora de combatir los aranceles de EEUU.

 

Todos los medios de desinformación españoles están hipócritamente alarmados por las subidas arancelarias que EEUU va a imponer a ciertos productos alimentarios, entre los que figuran el aceite, el vino, los quesos y los cítricos españoles. Esta medida, aunque injusta, tiene el respaldo de la Organización Mundial de Comercio (OMC), que arbitra las relaciones comerciales internacionales, y que se impone como compensación económica a los favores que la UE proporcionó a la empresa fabricante de aeronaves europeo Airbus en perjuicio de la estadounidense Boeing. Estos medios, que sin duda están al servicio de poderes económicos, aprovechan la ocasión para echar humo denso sobre el problema y girarlo hábilmente del revés; condenan las defensas comerciales arancelarias y de paso resaltan las virtudes del libre comercio. Algo así como condenar el cielo y alabar las virtudes del infierno.

Pero nuestro problema, corruptos desinformadores, no es que un país nos imponga exagerados e injustos aranceles; nuestro problema es que la comisión europea los está quitando con los famosos TLC,s, y no podemos vender con dignidad ni en nuestro propio mercado, que por otro lado sería más que suficiente y no necesitaríamos de nuevos y lejanos mercados.

Es injusto que paguen justos por pecadores. Es injusto que la agricultura española tenga que pagar los platos rotos de las decisiones irresponsables o corruptas de políticos europeos en beneficio de ciertas industrias, a sabiendas de que están faltando a las reglas internacionales de libre competencia. Por ello, en lugar de pensar en una guerra comercial con EEUU, la Señora, Cecilia Malmström (comisaria de Comercio) y el Sr. Jean-Claude Juncker, deberían estar pactando a marchas forzadas para resarcir a EEUU de otro modo y evitar que el próximo 18 de octubre se aplique dicha medida arancelaria.

Acompañando los cantos de sirena de los medios de comunicación, ayer en Madrid, los subvencionados y dóciles sindicatos agrarios españoles, sacaron a pasear a miles de desesperados agricultores que todavía siguen bajo el paraguas del engaño y no se han dado cuenta que lo único que preocupa a estos sindicatos son sus subvenciones públicas y su sillón. Con la boina calada hasta las cejas, los agricultores se pusieron bajo banderas genéricas que no piden nada concreto como “En defensa del olivar tradicional”, “Por unos precios justos” y sobre todo en contra de la subida arancelaria de Trump al aceite español. El nivel alcanzado de idiotización y adocenamiento es ya preocupante. ¿De verdad creemos que, aunque saliéramos toda España a protestar por los aranceles de EEUU, Donald Trump los bajaría? ¿Qué hacemos los españoles reivindicando soluciones a un país extranjero? A quien hay que pedir soluciones es al gobierno español y a la comisión europea. Hay que pedirles que negocien con la administración de EEUU para impedir este desaguisado, y que pongan sobre la mesa otras compensaciones distintas a la agrícola que nada tiene que ver con el pecado cometido.

2Subrayar, que estos mismos sindicatos apoltronados que se dieron un baño de masas ayer en Madrid (UPA, COAG, ASAJA …), son los mismos que hace menos de un mes y a propuesta de 14 pequeñas asociaciones agrarias (de las que viven de las cuotas de sus socios), se negaron a liderar una huelga y movilizaciones en toda España pidiendo a Europa que cambie su política caótica del mal llamado libre comercio por el regreso a las defensas comerciales que regulan de un modo lógico el sector, es decir: regular, por productos, la cantidad en Tn. que un determinado país puede importar a Europa; establecer ventanas de entrada que no interfieran los picos de campaña europea; e imponer unos aranceles lógicos que compensen las ventajas derivadas de las diferencias económicas e impositivas en cada país. Pero esto que es lo único que puede salvar a la agricultura europea, estos sindicatos subvencionados, no muerden la mano que les da de comer y no lo piden, solo simulan que defienden a la agricultura.

Pero la historia de este asunto arancelario entre EEUU y Europa es aún más sórdida e impúdica de lo que hemos visto hasta aquí y que, curiosamente, ningún medio de comunicación español, al servicio Dios sabe de qué intereses, está denunciando.

El 25 de julio de 2018, el presidente norteamericano, Donald Trump, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se reunieron en la Casa Blanca para sellar un pacto que frenara la escalada de aranceles y medidas de represalia mutuas que amenazaba con bloquear el comercio transatlántico. El desacuerdo se produce porque Donald Trump reclama incluir en el acuerdo a la agricultura y curiosamente Juncker se niega. Y digo yo, si tan perjudicial es que EEUU nos imponga un 25% de impuesto arancelario, al vino, al aceite y a los cítricos entre otros productos agrarios que España exporta a EEUU, el llegar a un acuerdo para que se eliminen los aranceles debería ser maravilloso., ¿por qué entonces se niega Juncker a incluir a la agricultura en el acuerdo?

Según parece la intención de Trump es favorecer a la carne, los cereales y la leche americana, por lo que Juncker entiende que esos mismos productos europeos se verían perjudicados. Pero entonces surgen varias preguntas con respuesta comprometida: ¿por qué Juncker teme perjudicar estos productos con un acuerdo con EEUU de economía y salarios parecidos a los europeos, por lo que la competencia es posible, y no teme perjudicar a la agricultura mediterránea con los acuerdos alcanzados con Marruecos, Egipto, Turquía y Sudáfrica e incluso MERCOSUR con grandes desigualdades salariales y de moneda, que hacen imposible la competencia con ellos? ¿Son acaso poderosos magnates europeos los dueños de las tierras de Marruecos, Egipto y Sudáfrica y en cambio no lo son de las tierras de EEUU? (esta pregunta es retórica, en esos países existen grandes fincas de europeos) ¿Por qué al Sr Juncker le preocupa la carne de EEUU (1.372.000 TN de carne) y no le preocupa la carne de MERCOSUR ( 3.200.000 TN de carne) que exporta tres veces más carne que EEUU? ¿Por qué hay que proteger estos productos que se dan más en el centro y norte de Europa y no hay que proteger el aceite, la aceituna, el vino, los cítricos, las verduras o la miel, productos todos ellos de los países mediterráneos? ¿Y qué dice nuestro ministro de agricultura Planas y nuestro gobierno en funciones de estas discriminaciones con España? En definitiva, de aquellos polvos estos lodos, si se hubiera llegado a un acuerdo para eliminar todo arancel a la agricultura, como de hecho pedía Trump, hoy EEUU no nos podría castigar subiendo unos aranceles que no existirían.

Otra curiosidad sorprendente, es la distinta reacción de la Comisaria de Comercio, Cecilia Malmström, cuando la misma amenaza de EEUU de subir los recargos arancelarios un 25% para la agricultura, se trasladan a la importación de vehículos europeos, estando dispuesta, según sus propias palabras, a tomar una serie de medidas penalizadoras para productos americanos, es decir, amenaza a EEUU de que, si sigue por ese camino de penalizar la industria automovilística europea, está dispuesta a desatar una guerra comercial, de la que todos saldríamos perjudicados.

El lector no debe de confundir una caótica guerra comercial con abusivos impuestos arancelarios, con una necesaria regulación del mercado para la defensa y supervivencia de la agricultura, estableciendo unos lógicos aranceles compensatorios.

Como ya hemos expresado en otros artículos, las defensas comerciales (aranceles, cupos y ventanas) han existido y existen para proteger a los productores de un país de los productos que llegan de otros países con características económicas y políticas distintas. Estas características, (salarios, valor de su moneda, impuestos, ayudas que da el país a la producción, legislación medioambiental y fitosanitaria …) generan tales desequilibrios, que, si no se establecen esas defensas comerciales, podrían hacer desaparecer todo un sector económico, y en el caso que nos ocupa, la agricultura mediterránea.

3Cada país es, o al menos debería de ser, soberano para decidir qué cruza su frontera y en qué condiciones.

Con la creación de la UE, los países socios cedieron parte de esa soberanía, para que con la unión se consiguiera una mayor riqueza y prosperidad de los ciudadanos de los países socios. Con ella se establecía el transito libre de ciudadanos y mercancías entre los países socios, pero quedaba cerrada para los no socios. Para romper las diferencias nacionales se instauró una moneda única que evitara el juego de las devaluaciones y se creó un parlamento del que emanaran leyes conjuntas para todos los europeos. Todos jugábamos con las mismas cartas y con las mismas reglas.

Pero ahora nos dicen y nos quieren convencer de que el mundo se está globalizando y que no hay quien lo detenga, que hay que eliminar las fronteras al tráfico de productos agrícolas; pero curiosamente, no para las personas, no para la industria, y no para todos los productos agrícolas, es decir se puede perjudicar a algunos, pero no a otros. Unos tenemos que intentar competir en un mundo globalizado, pero otros no.

En Bruselas, ciertos poderes económicos, a los efectos de influir sobre las decisiones políticas y en aras de incrementar sus beneficios económicos, comenzaron a instalar, alrededor de los órganos de decisión europeos, cientos de “lobbies”, palabra muy hípster y posmoderna, que en realidad encierra otras menos limpias como son: la coacción, soborno, malversación, favoritismo, tráfico de influencias … Podríamos afirmar que Bruselas se ha convertido en la capital del hampa.

Las nuevas políticas globalistas de la UE han construido un mundo de tratados económicos muy complejos e injustos con los propios ciudadanos europeos, motivo por el que hoy muchos se cuestionan la utilidad de pertenecer a la UE. ¿De qué sirve ser europeo si no puedes ni vender tus productos en tu propio mercado? Tienes la desventaja de cumplir toda la restrictiva legislación medioambiental y fitosanitaria, pagar altos impuestos y competir con quien no paga sus impuestos aquí, no cumple dicha legislación y cultiva con mano de obra esclava. Mucho mejor pactar un acuerdo global de libre comercio con la UE, que ser socio de la misma.

Por supuesto que no hay que entrar en guerras comerciales arancelarias, por supuesto que un abuso en aranceles paraliza el comercio internacional. Pero este comercio internacional no puede convertirse en una anarquía total sin ninguna regulación.

Hay que regular el mercado para que lo exterior no venga a sustituirnos, sino a complementarnos. Es necesaria una mínima defensa comercial que permita competir a los productos de los países socios de los productos que llegan de fuera.

Es necesario por tanto unos aranceles apropiados que compensen las desigualdades con los países extracomunitarios.

Es necesario establecer cupos de volumen que impidan la saturación del mercado.

Es imprescindible crear unas ventanas de calendario lógicas, que protejan las distintas campañas agrícolas de la interferencia con productos foráneos.

Todas las insuficientes ayudas PAC, no serían necesarias si la UE estudiara y aplicara las defensas comerciales adecuadas para que los agricultores europeos puedan vender dignamente sus productos en Europa.

De todo lo analizado, sin ser muy malpensados, podemos concluir que:

  1. Los tratados de libre comercio no son tan necesarios, ni tan globales, solo se realizan en función de a quien benefician. En el caso agrario los realizan cuando las tierras de esos países terceros pertenecen a grandes inversores europeos, que presionan con sus “lobbies” a la comisión europea para que se realicen y esta los hace a conciencia de estar perjudicando a millones de ciudadanos europeos con explotaciones agrícolas familiares
  2. Se perjudica a algunos países comunitarios con gobiernos más dóciles, como España, pero no a otros que tiene más poder o influencia, como Alemania, Francia o incluso Holanda.
  3. Que, con tal de defender la industria automovilística europea, las autoridades comunitarias están dispuestas a llegar a una guerra comercial con EEUU, pero ni siquiera negocian con EEUU una mejor solución a las injustas penalizaciones a la agricultura que EEUU impone a la UE, con el respaldo de la OMC
  4. Que es necesario volver a las defensas comerciales, para que lo de fuera entre a complementar y no a sustituir a lo europeo.