El idioma valenciano en la Roma de los Médicis (I)

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('Historias del idioma valenciano', Valencia, 2003, p.52)

En 1517 el trotamundos extremeño Torres Naharro publica en Nápoles la Propalladia, obra que refleja ambientes romanos donde el optimismo de las triunfantes tropas españolas alterna con la picaresca de bellas cortesanas, escuderos raposos, ermitaños intrigantes, siervos de cardenales, etc. En una Roma culta y sibarita, el hormiguero humano de italianos, tudescos, valencianos, castellanos y franceses inspira cómicos enredos sobre asuntos de Venus y Baco.

Torres Naharro (Badajoz, h.1485) escribió sus comedias en Italia, adonde habría llegado antes del 1500. Todo indica que se enroló en el ejército de la Iglesia mandado por César Borja, hecho que le permitió retratar a los veteranos del mismo. En sus comedias, los soldados añoran “aquel tiempo de Alexandre” (el papa valenciano Borja), y “al padre de los soldados el buen Duque Valentino”, en alusión a César Borja, general de las fuerzas papales de su padre Alejandro VI. El dramaturgo convivió en Roma con personajes que hablaban valenciano, idioma entendido no sólo por los Borja, sino también por el círculo de León X, ya que en su corte se representaban comedias de Naharro donde se escuchaba esta lengua. El comediógrafo lo advierte en el introito de “Seraphina”:

'Mas haveis (sic) destar alerta
por sentir (al escuchar) los personajes que hablan quatro lenguajes
hasta acabar su rehierta No salen de cuenta cierta por latin e italiano castellano y valenciano que ninguno desconcierta'
(Naharro: Propalladia, Nápoles, 1517)

2La protagonista y su criada Dorosia hablan siempre en valenciano, hecho significativo si pensamos en los espectadores de estas comedias: el susodicho León X, la duquesa Isabella d´Este, la marquesa Vittoria Colonna, el cardenal Julio de Médicis, etc. Cuando el joven Naharro  llega  a  Roma  la  encuentra controlada  por valencianos, algo que los historiadores catalanes y castellanos fingen ignorar. El pontífice  era Alexandro VI y el primer cardenal nombrado por éste fue Luis Millán, al que siguieron Juan de Castellar, Bartolomé Martí, Juan López, Jaime Casanova..., todos nacidos en el Reino de Valencia. La tesorería del Estado de la Iglesia la otorgó al cardenal Lloris, valenciano; y el condotiero elegido para gobernar la fortaleza romana -el castillo de Sant Angelo- fue el valenciano Juan de Castro. El cargo de embajador de Roma ante el rey Fernando lo ejerció el valenciano Despadres. El gobernador de Roma era Jaime Serra, valenciano; y el mando de las tropas del ejército de la Iglesia que conquistaría media Italia recayó en Juan Borja, duque de Gandía. A su muerte, su hermano César Borja ocuparía el cargo.

Todos los citados hablaban la lengua valenciana, y en este ambiente se desarrolló el pleno Renacimiento romano. Arquitectos y pintores elaboraban las estancias Borja vaticanas bajo la mirada del papa setabense; Maquiavelo era amigo y consejero de César Borja, mientras que Leonardo de Vinci pintaba la Gioconda y diseñaba fortalezas e ingenios militares para el hijo del pontífice valenciano.

Con la muerte del papa Borja no desapareció la influencia valenciana en Roma, pues muchos de los regnícolas permanecieron en cargos de importancia bajo Julio II y León X; así, el enlace entre la potencia militar europea (España) y el papado recayó en Jerónimo de Vich, valenciano que ocupó el cargo de embajador en Roma durante décadas, incluidos los años en que Torres Naharro escribe la Propalladia. Es significativo que Naharro cite el palacio del cardenal valenciano Jaime Serra (llamado Oristán por ser arzobispo de Oristagni ) y el del embajador valenciano como lugares donde podría encontrarse gente dispuesta a enrolarse en el ejército papal. Los versos pertenecen a la comedia Soldadesca, cuando Tristán contesta al capitán italiano:

«Sí, señor;
en cas del embaxador (Jerónimo de Vich) y, dotros, sé más de ciento.
Y en cas del Oristán (Jaime Serra) mejor» (Naharro: Propalladia, Comedia 'Soldadesca', 1517)

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La duquesa Isabella d´Este, mecenas y musa del Renacimiento, inspiró a Leonardo da Vinci bellos retratos y, a Torres Naharro, el personaje  Divina de su comedia Jacinta. En los palacios de los Médicis se representaban comedias como la Tinelaria y la Serafina, en las que se oía la lengua valenciana. En aquellas fechas, Julio de Médicis era amigo y protector de Leonardo, el pintor Rafael, Miguel Angel y Torres Naharro. Todos ellos trabajaban para el papa León X, cuya corte gozaba con el teatro de Naharro, ante un auditorio en que destacaba la bella Isabella d´Este, inmortalizada por Leonardo, y la joven poetisa Vittoria Colonna; futuro amor platónico de Miguel Angel.

Naharro estaba en el mismo circulo social que amparaba a Leonardo, Miguel Angel, Rafael y Maquiavelo; así, la duquesa Isabella d´Este era musa de Naharro y Leonardo  en la época del papa Médicis. Proclamado el l1 de mayo de 1513, Leonardo se traslada a Roma, ciudad donde Naharro escribía  su comedia “Seraphina valenciana” en la mansión de Julio de Médicis, primo del pontifice. Naharro dejó este palacio  en 1516 -cuando Julio parte al mando del ejército pontificio- y se acoge al mecenazgo de un cardenal que había sido nombrado por el papa Borja. En 1517 publica la Propalladia, en la que Isabella d´Este inspira el personaje Divina de la comedia Jacinta. Entre los 133 libros de la biblioteca de Isabella estaba la Propalladia, en la que la lengua valenciana figuraba junto a la latina, italiana y castellana.

Hay otros personajes relacionados con Naharro, como la marquesa Vittoria Colonna, a la que el extremeño dedicó su Propaladia. Poetisa insigne en su madurez e inspiradora de versos platónicos a Miguel Angel, en su juventud gozó de las mundanas obras de Naharro. El propio León X autorizó la edición príncipe de la Propalladia donde Serafina, dama valenciana de fuerte carácter, se aleja del neoplatonismo y dirige a su amado estas lindezas en el valenciano romano de 1515:

«fi de puta y quin traidor (...) fi de puta y quina rasa /
que so yo pera ad axo (...) ques pot anar a la forca /
que yo no so qualque porca» (Propalladia, Nápoles, 1517)

El léxico y morfosintaxis valenciano de Torres Naharro no es perfecto, al ser un extremeño que copia de oídas el habla de los residentes en Roma desde hacía una o dos décadas; además, habría que sumar los errores del impresor napolitano Pasqueto, que advierte sobre los “yerros y faltas por ser nuevo en la  lengua”. Pero lo valioso es el testimonio, carente de chauvismo, de la presencia del idioma valenciano en la capital del Renacimiento en su época más gloriosa.

 

Continúa....

Ricart G. Moya

Ricart Garcia Moya es Llicenciat en Belles Arts, historiador i Catedràtic d'Institut de Bachillerat en Alacant.