El Libre Comercio en los países pobres; capítulo I: SWAZILANDIA

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Ya hemos tratado en otros artículos los graves daños y el serio riesgo de desaparición que tiene la agricultura europea a causa de los acuerdos de Libre Comercio Internacional que “la Comisión Europea” está firmando con países poco desarrollados, como es el caso de los acuerdos de asociación económica con la AAE SADC (compuesta por la República de Botsuana, el Reino de Lesoto, la República de Mozambique, la República de Namibia, la República de Sudáfrica y el Reino de Suazilandia) y todos los acuerdos de asociación económica surgidos de la Unión por el Mediterráneo, como es el caso de Marruecos, Egipto y Turquía.

En el presente artículo vamos a analizar las consecuencias que estos acuerdos tienen para esos terceros países y a quien benefician realmente.

LA POBREZA DENOMINADOR COMÚN

Aunque a alguno de estos países lo podríamos calificar como emergente (Turquía, Marruecos y Sudáfrica), el resto se encuadran claramente dentro del denominado tercer mundo. El caso más relevante es el de Mozambique que, según datos de 2018, se encuentra clasificado en el sexto lugar como país más pobre del mundo, con un PIB per cápita de 376 € anuales. Su población tiene dificultades para comer, la mortalidad es elevada y la esperanza de vida muy corta. Su economía es básicamente de subsistencia.

Aunque el PIB per cápita es un buen indicador para conocer la economía de un país, en realidad es un dato engañoso, ya que desde que grandes corporaciones agrícolas se han hecho con la tierra de esos países, el PIB per cápita ha subido, pero la riqueza está mal distribuida y la mayor parte de la población se mueve entre la miseria y “lo siguiente”. Para que tengamos una idea más clara de la pobreza en estos países, basándonos en un Informe de Desarrollo Humano de la ONU de 2011, hemos elaborado esta tabla en donde se puede observar el porcentaje de población que vive por debajo de 1 y 2 dólares al día.

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Otro dato comparativo interesante para aquellos países en donde está regulado y que proporciona una idea del nivel de vida de un país así como del coste de producción en el mismo, es el Salario Mínimo Interprofesional. Según datos del diario económico Expansión, el más alto de ellos sería el de Turquía con 422 €, al que seguirían Sudáfrica con 221 €, Marruecos con 209 €, y finalmente Egipto con tan solo 84 €. Comparándolos con los 1000 € que se han establecido para España, nos podemos hacer una idea de los económicos costes de producción por salarios bajos que tienen en estos países, así como lo difícil que lo tiene nuestra agricultura para competir con ellos si no se compensa esta diferencia con alguna defensa comercial.

Podemos llegar a pensar, porque así nos lo quieren hacer creer desde las poderosas elites de Bruselas, que estos acuerdos son una cooperación europea para el necesario desarrollo de esos países. Lo cual es una explicación válida para el adocenado ciudadano europeo que, en su candidez y desde su situación económica privilegiada, piensa que todos tienen derecho a una vida mejor, aunque sea, no a costa de sus propios bolsillos ni de su acomodada situación, sino de empeorar la vida de otros seres blancos como él que, dedicándose a la agricultura en Europa, son los culpables, según su parecer, de que desaparezcan las abejitas y los pajaritos de nuestros campos o que, como hemos escuchado recientemente en nuestros manipulados y manipuladores medios de comunicación españoles, sin que aporten ninguna prueba o explicación razonable alguna que, tras la Dana del pasado mes de septiembre en Murcia, mueran millones de pececitos en el mar Menor a causa de los abonados y las fumigaciones de los agricultores murcianos. Cuando en realidad, el agricultor europeo, no solo cumple a rajatabla con la exigente legislación fitosanitaria y medioambiental europea, sino que, con sus árboles y cultivos, participa en la renovación del aire terrícola que el común ciudadano urbanita europeo, en muchos casos venido a ecologeta, se encarga de ensuciar en las ciudades con sus vehículos. No obstante, no hay que culparle a él de este modo tan estúpido y tan hipócrita de pensar: es solo el modelado mental que reciben todos los días desde esos medios de comunicación televisivos españoles y europeos.

Pero no; no es justo que esa supuesta mejora en la vida de los países africanos venga solo del sacrificio de una parte de la población, y mucho menos que sea a costa de la pérdida de un sector tan estratégico y necesario para una nación como es el agroalimentario. Por muy humanos que quieran parecer nuestros hipócritas dirigentes en Europa, lo justo es que esas supuestas ayudas vengan de toda la población europea sin que tenga consecuencias negativas para ningún colectivo europeo.

 

SWAZILANDIA, UN CLARO EJEMPLO DE EXPLOTACIÓN DE UN PAIS POR CORPORACIONES AGRÍCOLAS EXTRANJERAS

¿Y en qué benefician estos acuerdos a esos terceros países? ¿de verdad son una ayuda a su desarrollo? Empecemos por ver lo que nos cuenta Enrique, un trabajador español que a los 22 años ha estado trabajado en la zona citrícola de Tombutu y Ngonini en Swazilandia. Sus declaraciones no tienen desperdicio, para comprender como se han adueñado de la tierra, de estos países, grandes compañías del sector agroalimentario, que expolian al país a la vez que explotan a sus habitantes. Swazilandia forma parte de la SADC (Comunidad de Desarrollo de África Austral, en inglés Southern African Development Community), que integra, además: a la República Sudafricana, a Namibia, Botsuana, Mozambique y Lesoto; una especie de Mercado Común sudafricano con el que la UE firmó en 2016 un Tratado de Libre Comercio.

“Yo he estado trabajando en ese país, en la zona de Tambutu y Ngonini, en donde hay inmensas fincas de cítricos, todas ellas mecanizadas y a goteo.

El Rey es el dueño de toda la tierra y la cede a grandes Corporaciones, principalmente de holandeses, que explotan las tierras llevándose todos los beneficios.

La gente es misera y la esperanza de vida son unos 45 años. Trabajar en una de esas fincas les hace sentir privilegiados porque además de un sueldo de miseria, viven dentro de la finca y allí tienen techo, luz, comida, atención médica y sus hijos reciben cierta educación. Fuera de las fincas en cambio no hay nada y los ciudadanos malviven buscando su sustento, muchos de ellos alimentándose de la leche que consiguen de las vacas.

El Rey, los grandes exportadores de cítricos extranjeros y los corruptos políticos comprados por los lobbies citrícolas son los que se quedan toda la riqueza del país y los beneficios de esos tratados comerciales internacionales, que sirven también para devastar al agricultor europeo”

y hay más países vecinos, como Botsuana y Mozambique, que van a seguir la misma línea, tienen buena tierra y el goteo les permite usarla y el beneficio como siempre a mano de los poderosos y no de los pobres agricultores locales. Es un auténtico expolio que la gente debe de conocer; el dinero no se queda en el país para sus habitantes, si no que se lo llevan las grandes corporaciones agrícolas.

Recuerdo que allí las temperaturas eran altísimas y, por lo tanto, las plagas eran muy propensas y tenían que fumigar muchísimo; esto lo llevaban ingenieros venidos de la vecina Sudáfrica. Sé que tenían muchos problemas con el FCM (False Codling Moth en español falsa polilla de la manzana), que entre otros frutos afecta también a los cítricos.

La principal compañía que explota el país es la compañía danesa United Plantations y el control de calidad de la fruta lo realizaba una compañía que se llamaba PPECB Perishable Products Export Control Board (Agencia de Certificación de Productos Perecederos de Sudáfrica), que en teoría tienen que controlar que el fruto esté libre de plagas, pero, en cambio, su control era muy rudimentario”

No hay mucho más que decir tras los muy acertados comentarios de Enrique sobre cómo funciona el sistema de explotación agrícola en Swazilandia que, como veremos, no es muy distinto a como lo hace en el resto de los países del Sur y Norte de África. Sólo imaginaros la riqueza que generaría para la población del país si esas inmensas fincas de miles de hectáreas en manos de corporaciones agrícolas europeas estuvieran repartidas en parcelas de unas 4 hectáreas por familia local, en un modelo muy parecido al del levante español, que tanta riqueza y tanta clase media ha generado.

En el próximo capitulo descubriremos las corporaciones agrícolas que explotan las tierras sudafricanas y cómo funciona el Lobby sudafricano de citricos CITRUS GROWERS ASSOCIATION (CGA)