ENCHUFES

Tendemos a creer que los únicos nombramientos que dependen del vencedor de unas elecciones son los ministros que formarán parte del gabinete ganador. No es en absoluto así. Miles de políticos, de funcionarios y de civiles y militares tienen su futuro pendiente del resultado electoral. Lamentablemente ello ocurre tanto cuando gana la izquierda como cuando lo hace la derecha. Los anglosajones lo llaman de una forma muy gráfica: el spoil system, literalmente, el sistema estropeado. En correcta traducción: el clientelismo.

Hay que reconocer, sin embargo, que el juego de influencias, el enchufismo, se vuelve tanto más evidente y necesario cuanto más inseguro se encuentra el equipo que gobierna. En este sentido la fragilidad del actual gobierno es extrema. Ha perdido la casi totalidad de las Autonomías, ha sido derrotado en la mayor parte de los Municipios y para mayor oprobio su supervivencia depende del grado de satisfacción que sea capaz de proporcionar a una veintena de partidos muchos de ellos anti españoles pero indispensables para el mantenimiento del poder.

En esas condiciones el presidente Sánchez ha ido evolucionando hacia una autocracia en que consideraba necesario copar las Instituciones. El PSOE no tiene mayoría en el Congreso, la perdió en favor del PP pero ha colocado a un fiel peón al frente de las Cortes que conduce nuestro Parlamento con disciplina de partido en lugar de guardar la requerida neutralidad por encima del partidismo.

Ha conseguido dominar el Tribunal Constitucional, la Fiscalía General y está empeñado en controlar también el CGPJ para que el nombramiento de los jueces dependa del Ejecutivo. Sería gravísimo que así ocurriera porque significaría que la Democracia con sus tres poderes separados, había desaparecido de nuestro país.

Se da menos importancia aunque también la tienen, la independencia de otras Instituciones que el gobierno ha conquistado: la RTV, el CIS, el Banco de España, la agencia EFE, Correos, RENFE, los mandos de los 22 ministerios con que cuenta el Gobierno y un larguísimo etcétera.

Acaban de producirse algunos nombramientos de los que levantan ampollas. El mantenimiento de Tezanos al frente del CIS es probablemente el más llamativo por los desaguisados que cometió durante el último lustro. Igualmente escandaloso ha sido el enchufe al frente de la agencia EFE del antiguo Secretario de Estado de comunicaciones de la Moncloa, Miguel Ángel Oliver lo que nos lleva a pensar que Sánchez intentará mejorar su imagen a nivel mundial a través del control de nuestra agencia de bandera.

Por razones corporativas que ustedes comprenderán muy bien, dedicaré especial atención a los recientes nombramientos diplomáticos. No es la primera vez que las Embajadas son utilizadas como aliviadero para colocar a Ministros o altos cargos salientes. Solo mencionaré algunos de los casos más notorios: Santamaría (uno de los predecesores de Tezanos que logró dar con la pregunta del referéndum que mantendría a España en la OTAN), Raúl Morodo (encausado por su prevaricación en Venezuela), Samaranch (que logró desde Moscú el apoyo necesario del bloque comunista para acceder a la presidencia del Comité Olímpico Internacional), Isabel Celáa (del peor Ministerio de Educación al Vaticano), Trillo, Vázquez, Uribes, Montón y una larguísima serie de embajadores políticos que ejercieron su cargo con desigual fortuna.

Es la primera vez sin embargo, que dos ministros salientes copan dos puestos importantes de la ONU: la Misión permanente en Nueva York y la UNESCO de París. No se puede decir que los políticos tuvieran una especial vocación diplomática. Mas bien parece que buscaban un buen acomodo en hermosas ciudades como Nueva York, Washington, Londres, París, Lisboa, Roma o incluso Moscú. El cargo es casi lo de menos; da igual que se trate de mandar sobre la ONU, la OEA, la OCDE, la Santa Sede o la UNESCO. Lo importante es evitar tener que vivir en algún rincón de Asia, de África o en ciertos países de Iberoamérica.

No será fácil revertir la situación. Con la excepción de Italia donde no existen Embajadores políticos, en casi todo el resto del mundo suele colocarse en las Embajadas a personas de confianza del gobierno y ello ocurre así incluso en las más acrisoladas democracias como es el caso de los Estados Unidos. Y sin embargo no cabe ninguna duda que ofrece muchas más garantías un diplomático que domina el oficio después de haberlo practicado y aprendido durante más de veinte años antes de acceder a una jefatura, que quien aterriza de pronto al frente de una Embajada y sabe que estará en la Carrera “de paso”.

Pero seamos sinceros; hoy por hoy resulta más urgente mantener la independencia de los jueces y de otras Instituciones del Estado de quienes depende la estabilidad de nuestra Democracia.

  • Jorge Fuentes Monzonís-Vilallonga es Master en Ciencias Políticas y Económicas y Derecho. 
    Diploma de Altos Estudios Internacionales. Embajador de España en Bulgaria en 1993. 
    Primer Embajador de España en Macedonia en 1995. 
    Embajador de España en Bruselas WEU en 1997, entre otros cargos.