Las Fallas de Valencia este año han tenido un tema central: contra todas las guerras, por la paz. Hay que tener en cuenta que los artistas falleros han hecho su trabajo antes de los ataques de Israel y Estados Unidos a Irán el 28 de febrero, por lo que han cobrado más fuerza todavía los monumentos falleros.
El presidente de la Generalitat Valenciana, Juanfran Pérez Llorca, que es alicantino, ha participado con intensidad. Es el primer presidente de la Generalitat que participa en la Ofrenda de Flores a la Virgen. Se puede valorar como una simple búsqueda de la foto, pero ahí está ese hecho, de cercanía y convicciones.
Viví en Valencia 6 años. Las primeras Fallas que viví respondieron a cuanto me habían contado, porque es muy distinto vivir Fallas residiendo en Valencia que ir un día o tres. Y no digamos vivir todos los preparativos de las Fallas, que son semanas.
Las fiestas suelen reflejar la idiosincrasia de las gentes. Fallas es sinónimo de exuberancia, alegría, aglomeraciones, mascletás y castillos de fuegos artificiales, explosión de color y ruido. Carpas, puestos ambulantes y petardos. Aún recuerdo cómo vi a una abuela ir dándole petardos a su nieto para que los tirara en la calle delante de ella -y de mí-, un chaval de 6-7 años, con una potencia más que considerable.
Valencia duplica su población en Fallas. Es un tipo de fiestas que, como todo en esta vida, molesta o incomoda en algunas de sus facetas a los propios valencianos. Es cierto que algunos se van de la ciudad, para disfrutar de sosiego, y otros se quedan porque alojan a familiares o amigos, que si no se marcharían. De todo hay y tiene que haber.
A mí, como a muchos, me cautivaron. Hay tal variedad de actos y alegría que se puede optar, sin caer en agobios. Cientos de miles de personas callejean sin parar: eso agobia a algunos, y a otros nos parece estupendo. Cada vez hay más extranjeros en Fallas, muchos de los cuales repiten, a la vez que no acaban de comprender la quema de las fallas, casi 800, contando las infantiles, porque son obras de arte, sátira e ingenio levantino. “¿Y me dices que esta noche queman esta obra de arte?”, oí a un turista.
El acto más emotivo y central es la Ofrenda de Flores a la Virgen. Dos días de fervor mariano, pasión y lágrimas. 70.000 ramos de flores de claveles rojos, blancos y amarillos este años con más de 120.000 falleros participando, con muchos bebés, y recibiendo piropos de “¡guapa!”, con aplausos y gritos de familiares y amigos. Una mujer, procedente de Madrid, comentó este año: “Siento envidia de cómo los valencianos demuestran su identidad propia”.
Cada año aumenta el número de personas que acude a Valencia en Fallas. Un profesor universitario, que reside en Valencia desde hace décadas, escribió en X (antes Twitter) que por 120.000 falleros no se debía molestar a 800.000 personas tantos días, con carpas prematuras, música, etc. Tuvo mucha contestación: la mayoría le animaba a que, si no le gustaba Valencia, que se fuera a otra ciudad.
Por supuesto que hay excesos e incivismo. No me parece que definan las Fallas, o al menos no es la nota dominante. El ayuntamiento es consciente de que han de mejorarse servicios de transporte, estudiar medidas para conciliar mejor la fiesta y el descanso. Sería de ciegos no hacerlo. Pero de ahí a que la oposición política las compare con el botellón o Magaluf no me parece justo. La alegría y el éxito amargan a algunos.
Imagen Diputació de Valência
Javier Arnal Agustí es Licenciado en Derecho y periodista.
Escribe, también, en su web personal.
