Nervios en el PSOE

Hay muchos nervios en el PSOE por las próximas elecciones en la Comunidad de Madrid el 4-M. Es un duelo entre Pedro Sánchez y Isabel Díaz Ayuso por cómo han gestionado la pandemia el Gobierno y la Comunidad de Madrid. Las encuestas y sondeos –exceptuando al CIS, claro- nos vienen repitiendo machaconamente que Ayuso puede obtener unos 60 diputados y, sumando los de Vox, puede gobernar holgadamente. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, llamando al PP “organización criminal”, y luego matizando dicha afirmación. Nervios tienen todos los partidos, seamos realistas, ante esas elecciones, y no se libran ni el PSOE, ni el PP, ni Más Madrid, ni Podemos, ni Vox… y no digamos Ciudadanos, que apunta a la irrelevancia: Iglesias calificando a Ana Rosa Quintana de portavoz de la ultraderecha, y ésta diciéndole: “Usted es un fascista”. Sin embargo, la palma se la lleva el PSOE.

La arena política en España es, habitualmente, poco elegante, de escaso nivel, y llega a ser deleznable en algunas ocasiones. Falta talla y preparación en muchos de nuestros políticos, personas mediocres que precisamente por ello alejan de sí a las personas preparadas y solventes porque podrían anularles en poco tiempo. No hace falta poner muchos ejemplos. Además, esa mediocridad de fondo va acompañada por unas formas toscas, que van desde el insulto al menosprecio, pasando por la falta de rigor y unas incorrecciones en su vocabulario que recuerdan su escasa preparación. Es lo que hay.

Con motivo de la campaña electoral del 4-M, se están evidenciando los nervios del PSOE, la falta de rigor y las formas barriobajeras. No hablemos de la incoherencia de Ángel Gabilondo, el “serio y soso”, contagiado por su partido: nada con Iglesias, y ahora todo con Iglesias. La falta de nivel acerca mucho al insulto, a la precipitación y a la ligereza, que es lo que le ha pasado a Adriana Lastra, que como principal mérito tiene el de ser la persona más joven en ocupar el cargo de portavoz del Grupo Parlamentario Socialista, en 2018. Que Lastra ocupe ese cargo es por decisión de Sánchez, que no quiere personas que le hagan sombra, ni ahora ni en el futuro.

Adriana Lastra vinculó la carta con una navaja que recibió la ministra de Industria, Reyes Maroto, a partidos políticos de la oposición, hablando imprudentemente de que “a todo delito de odio lo precede un discurso de odio”. En la diana, Vox. ¡Y la había enviado un esquizofrénico, indicando su nombre y dirección! Adriana Lastra es un reflejo de cómo está ahora el PSOE: es un síntoma, no una excepción.