Cómo desmontar el plan de Sánchez

Pedro Sánchez tiene un plan para seguir en Moncloa tras las elecciones generales de 2027, o cuando él las convoque. Un sinfín de asesores le ayudan. Quiere repetir el resultado de 2023: aunque pierda las elecciones, le basta con llegar a los 176 diputados reuniendo a un conglomerado disparatado de partidos políticos.

Tiene a los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, regados de dinero continuamente. Pepe Álvarez (UGT) en un meme que he leído afirmaba que prometía no hacer ninguna huelga general… hasta que gobierne el PP.

Ha afirmado Pepe Álvarez que con Pedro Sánchez España tiene “los mejores resultados económicos de la historia”. La realidad que vemos son los cientos de miles de familias que no llegan a final de mes, vivienda inasequible, récord de desempleo juvenil –además de la gran migración de talento joven a otros países-, hogares en riesgo de pobreza severa, el poder adquisitivo cada vez menor, infraestructuras ruinosas. Idílico el paisaje, hay que “felicitar” a Pepe Álvarez por su tabernero y regado análisis.

Cada declaración de Pepe Álvarez es un canto a la España idílica e irreal que vivimos ahora con Sánchez. No es de extrañar que, en la manifestación del pasado domingo en Madrid con más de 500 tractores, los manifestantes increparan a los representantes sindicales que osaron aparecer, y diciéndoles que no les representan.

Tras la tragedia de Adamuz, el ministro Óscar Puente toreándonos, por decisión de Pedro Sánchez: le está sirviendo de parapeto para que no vayan las críticas a Sánchez.

El mantenimiento de las infraestructuras es “lo que no se ve”, pero imprescindible en un Gobierno responsable. Asistimos a unas carreteras con déficit clamoroso de mantenimiento, unas presas que no tienen el debido mantenimiento y una red ferroviaria que está fallando demasiado.

El PSOE se ha dado un batacazo en Extremadura y en Aragón. Previsible, como lo será en Castilla y León, y en Andalucía. ¿Cómo lograr que no afecte a Pedro Sánchez? Culpar, en boca del ministro Oscar López, al difunto Javier Lambán del desastre electoral en Aragón, ante la indignación Pilar Alegría y otros muchos socialistas. Vamos, que no tiene responsabilidad Sánchez. Y las demás elecciones, que están poco movilizados los socialistas en las autonómica.

Corrupción, casos de acoso sexual, líderes socialistas que guardan sepulcral silencio por la indefensión de las mujeres, los fallos en las pulseras. Se tapan, se ocultan las denuncias, se intenta extender ese cáncer a toda la sociedad. Asombroso.

El equipo de asesores de Pedro Sánchez no deja de inventarse historias para distraernos de tamaña situación política nacional de desgobierno. La baliza B16, prohibir el uso de teléfonos móviles a menores, prometer ahora miles de viviendas… y lo que seguirá prometiendo. La okupación es tolerada, como signo de dar al pueblo lo que tienen los “adinerados”, situación que requiere medidas urgentes: demagogia exagerada.

En el ámbito internacional, quiere abanderar la política europea frente a Trump y la regularización masiva de inmigrantes, sin un estudio serio. ¿Les garantiza sanidad, educación y vivienda?

 Sale Felipe González diciendo que votará en blanco en las próximas elecciones, que no se siente representado en el actual PSOE. Y las respuestas han sido que se vaya, si quiere, del PSOE, y que ya no es un personaje relevante en las filas socialistas.

¿Cómo desmontar los planes de Sánchez, que va laminando de modos diversos a los líderes del PSOE que le pueden hacer sombra? El intento de Jordi Sevilla, con un manifiesto achacando al PSOE el “auge de la extrema derecha”, se ha quedado en nada.

Tras el 8F en Aragón y la debacle de Podemos, Sumar…, era evidente que iba a surgir un plan de coalición entre diversos partidos de izquierdas –de la izquierda a la izquierda del PSOE, no les gusta lo de “extrema izquierda”, término que reservan para Vox en la derecha-. Ha sido inmediato: Rufián lo ha liderado, uniendo a Más Madrid, Sumar, Compromís y Comunes. Otros, por ahora, se desmarcan, porque piensan que les irá mejor yendo por separado, como es el caso de Bildu, BNG…

Sánchez, feliz con esa coalición de partidos, que sumen diputados y vuelva a poder gobernar con esos partidos ahora residuales, y otros de izquierdas que no se unan. Bastará con llegar a 176 con todos ellos, el jeroglífico de partidos.

Ante este panorama, que no pretende ser exhaustivo, solamente cabe una solución real: PP y Voz, obligados a entenderse, esperando también a ver qué hace SALF de Alvise Pérez, la incógnita de PNV y Coalición Canaria.

Ya ganó las elecciones Feijóo en 2023 y no pudo gobernar. Sánchez ahora va a atizar el fantasma exagerado del auge de Vox hasta límites insospechados, y ya ha dicho que la movilización socialista va a ser mucho mayor en las generales.

Las encuestas de “El Español” y “La Razón” del pasado lunes señalaban que el PSOE lograría un centenar de diputados. De la del CIS no vale la pena hablar: es para jalear al electorado socialista, animarle, frente a ese auge de Vox.

La única manera de frenar los planes de Sánchez es un obligado entendimiento entre PP y Vox. No deben pelearse continuamente, sino buscar puntos en común, sin miedo, sin entrar al trapo de calificativos populacheros y despectivos. 

Han de calibrar muy bien los pasos en estos meses, entenderse en Extremadura y Aragón – como sucede en la Comunidad Valenciana, y funciona -, porque de lo contrario pueden “morir de éxito” en las autonómicas… y no lograr gobernar tras las próximas generales.

PP y Vox deben hacer autocrítica, con profundidad y grandeza de miras. Tenemos un dictador vestido de demócrata. Hay que prever sus trampas y no entrar o salir de ellas con habilidad. Por ejemplo, un plan sensato y ordenado en la migración, así como en la vivienda. 

  • Javier Arnal Agustí es Licenciado en Derecho y periodista.
    Escribe, también, en su web personal.