No quiero asustar a nadie. Pero, a la vista de los incendios forestales que hemos sufrido en España, hay que tener presente que queda por delante el período tradicionalmente más crítico del verano, que suele ser entre finales de julio y principios de agosto.
Hay que estar preparados en estos días, porque lo peor puede estar por llegar. Y si algo podemos hacer en estos días ante tal posibilidad, vale la pena, teniendo en cuenta que el 56% del territorio de España es forestal. Sí, hablo de días, con urgencia.
En la actualidad se destinan en España 417 millones de euros al año a tareas de extinción de incendios y solamente 176 millones en actuaciones preventivas. Es una estrategia totalmente equivocada, pues se está invirtiendo el doble en extinción que en prevención. Es decir, en España se apuesta por apagar incendios en vez de evitarlos, error fatal. Hay que tomar nota ahora y prever más medios en lo sucesivo.
Hay tres graves errores en España contra los incendios: la escasa prevención, la poca autoprotección y las trabas al mundo rural. Todo ello sucede con incendios forestales que en nuestro país son cada año más intensos y extensos, cada vez más complejos. Las olas de calor también han sido un factor desencadenante, una auténtica cerilla.
Recordemos la tragedia ocurrida en Los Gallardos (Almería) el pasado 9 de julio, en el que fallecieron 13 personas; el de las Cinco Villas en Zaragoza con unas 16.000 hectáreas afectadas y teniendo que evacuar varias localidades; el de La Mierla (Guadalajara) con unas 9.000 hectáreas calcinadas y 16 municipios evacuados.
Sin olvidar a los pirómanos que en su locura causan algunos incendios, también hay que reflexionar sobre cómo dificultar –o imposibilitar– que un loco genere con facilidad una catástrofe de esas magnitudes.
El rural está abandonado, al desaparecer cultivos, ganadería extensiva y aprovechamientos forestales tradicionales. Ante esa realidad puede resultar bucólico tener una casa aislada en el campo o pasar algunas temporadas, pero convertirse en una trampa mortal si no se vigila y mantiene la naturaleza con medidas eficaces y de sentido común. Matorrales, bosques jóvenes muy densos: vivimos incendios pavorosos.
Mantener vivo el medio rural es también una política de prevención de incendios. Lograr que los montes que generan actividad económica –madera, corcho o resina– estén más cuidados: ello traería consigo fijar población en zonas rurales, facilitando la bioeconomía, es decir el uso sostenible de recursos forestales.
Otro gran error es la falta de autoprotección en municipios situados en zonas forestales. Los municipios han de tener un plan municipal de prevención frente a incendios, y muchos de esos planes existen solo en papel, sin medidas eficaces de franjas desbrozadas, señalar vías de evacuación, etc. ¿Faltan medios? Sobre todo falta concienciación. Los municipios deben espabilar estos días, aunque poco se puede hacer en unos días. Y la Diputación de Teruel ha de vigilar y potenciar la prevención.
Javier Arnal Agustí es Licenciado en Derecho y periodista.
Escribe, también, en su web personal.
